«¿Quién es el otro?»
Jorge Luis Borges menciona en su prólogo al texto «El informe de Brodie» la idea de que los relatos y cuentos deben situarse «lejos y hace tiempo». En este prólogo, Borges expresa que esto le permite al lector una mayor libertad de imaginación y una suspensión de la incredulidad, porque el lector no está tan involucrado en lo que pasó. Hoy seguiré su indicación.
Voy a comenzar leyéndoles una carta que una joven de 26 años, empleada doméstica, que vivía en la Provincia de Santiago del Estero, en Argentina, envió a los padres de su novio, en el año 2004:
La desesperación en una carta
» . . .es sabido por ustedes que hubo años atrás una relación de tipo sentimental con mi persona, relación ésta de difícil sostenimiento por la agresividad patológica de vuestro hijo, que culminó cuando me hirió gravemente con un puñal. Y en un acto que debo calificar de absolutamente anormal, manifiesta permanentemente que me va a matar y hará lo mismo con toda mi familia. Esto no es normal y ustedes como padres, deben tratar de hacerlo internar en una clínica de salud mental«.
«Lo más peligroso es utilizar influencias o negar los hechos que son evidentes. Ese muchacho no está normal, ignoro los motivos, pero lo cierto y real es que debe ser tratado y puesto en las manos que correspondan; ignorarlo puede ser grave y dejar las cosas como están nos coloca en un alto riesgo«, decía el último párrafo.
Los hechos
“Silvia Alejandra Chávez, la joven de 26 años que fue quemada viva junto con su madre, Estela, había advertido a los padres de su exnovio que él las iba a matar.
«Este muchacho no está normal. Me va a matar y hará lo mismo con toda mi familia«, les había anticipado. Esta carta ocurrió el 6 de enero de 2004, seis meses antes del asesinato de las dos mujeres.
Según la Justicia, el novio, Carlos Federico Guardo (27 años) habría volcado un bidón de 10 litros de nafta por debajo de la puerta de la casa de Estela y Silvia Chávez el 28 de julio de 2004 y habría prendido fuego. Las mujeres murieron quemadas debido a las heridas que sufrieron en el incendio.
Ahora, el procurador René Gómez, amigo del padre y del abuelo de las víctimas, aportó una carta documento dirigida a los padres del acusado, en la que Silvia Chávez les había advertido el 6 de enero de 2004 sobre «el hostigamiento permanente que estoy siendo víctima por parte de vuestro hijo».
Guardo fue detenido en Brasil, tras estar prófugo más de 8 meses. La Justicia lo acusa de ser el asesino de las mujeres. Guardo había mantenido un noviazgo de varios años con Silvia, pero la mujer se había negado a seguir con la relación.
Las sospechas del doble crimen apuntan a Guardo, hijo de un reconocido abogado del foro local, que cumple funciones en Fiscalía de Estado. Testimonios de vecinos y de Silvia —poco antes de morir— darían cuenta de la participación del joven en el caso, según fuentes judiciales.
Según Gómez, Guardo «cumplió con todo. Es decir, mató a una familia». Agregó que él le aconsejó a Silvia que se fuera de la provincia, pero la chica no tenía plata para hacerlo.
La mujer advertía en la carta documento que los padres conocían la situación y pedía que se tomaran «medidas en salvaguarda de la vida de todos«.
Un año y medio antes de que sucediera el doble crimen, madre e hija fueron a visitar a Gómez para pedirle ayuda. «La chica me contó de esa relación enfermiza. El muchacho rondaba la casa todos los días en su auto y, por lo menos dos veces por semana, bajaba y la hostigaba».
Carlos Guardo fue detenido un viernes en Río Grande do Sul, Brasil. Se lo detectó en un control de tránsito. Estuvo detenido dos días y ahora le concedieron la excarcelación, bajo libertad vigilada. Sigue el proceso para su extradición” (Julio Rodríguez. SANTIAGO DEL ESTERO. ESPECIAL. Clarín, miércoles 18.5.05)
Hasta aquí, esto no es sino una tragedia en una relación de pareja, ocurrida en el vecino país, y contada por el diario Clarín de Buenos Aires. También esto parece una consecuencia de lo que, siguiendo a Pierre Bourdieu, sólo es posible en una operación de dominación como la que se da en muchas de las parejas.
¿Sorprende, aterroriza, la forma en que fueron asesinadas estas mujeres?
No creo que haya sorpresa, salvo que no tengamos información de lo que está ocurriendo también en nuestro país, o que tengamos una posición de ingenuos, que es la consecuencia de una negación.
Por ello hemos presentado en la reunión anterior un informe sociológico con las cifras de las diferentes violencias domésticas ocurridas en nuestro país en el año 2023.
Iniciemos nuestras consideraciones con lo que podemos llamar “La aritmética familiar: allí donde “Las apariencias engañan” o “lo esencial es invisible a los ojos”.
Lacan nos dice que el malentendido entre los seres humanos, y tomando como básico, la relación entre hombre y mujer no es un déficit de la comunicación, sino que es la marca de lo real en la lengua, lo que podríamos llamar la huella de una imposibilidad.
El “no hay relación sexual”, en el sentido de “no hay proporción sexual” entre un hombre y una mujer, dado que ello “no cesa de no escribirse” en el inconsciente de Freud, y en lo Real de Lacan, está como causa del malentendido.
Si tomamos por este camino llegamos a decir que las significaciones “propias” de los sujetos, van a llevar la marca particular del modo de gozar, condicionado por las pulsiones. De allí que el lenguaje sea definido como un aparato al servicio del goce; más que el aspecto semántico, lo que contaría sería la gramática.
También el malentendido entendido como la marca de que no hay soldadura entre lo que se dice y lo que se quiere decir, donde la barra entre significante y el significado, sería homóloga de la barra que cae sobre el goce sexual.
Sabemos que la elección de la pareja y su mantenimiento, tienen que ver con aquello del engaño al otro, al partenaire, lo que redobla la situación del malentendido, tal como lo dice Lacan en varias ocasiones, donde
“. . . que amar, es siempre dar lo que no se tiene, y no dar lo que se tiene. . . tómenla como una fórmula clave. . .que los llevará al lugar correcto: amar es dar a alguien que él tiene o no tiene, lo que está en causa, pero seguramente dar lo que no se tiene. (Lacan, Seminario “Las formaciones del inconsciente”, clase 11 del 29.1.58, versión inédita)
O esta otra versión:
“Sin embargo, reconozcan que existe un dominio donde en el discurso el engaño tiene en alguna parte posibilidades de triunfar, es con seguridad el amor que proporciona el modelo. (Lacan, “Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis”, Clase 10, del 15.4.64, versión inédita)
Y agreguemos, con “la expectativa de recibir lo que no nos van a dar”.
Pero Lacan omite decir algo, al menos no tengo conocimiento de que lo haya dicho, de que los lugares en la pareja son tres y no dos, en realidad son tres o uno. Si en tanto que analistas, no nos atenemos sólo a lo fenomenológico y sí a los lugares que el psiquismo otorga. Justamente por ello, el uno, es el uno del amor o el uno de la locura, con el otro.
¿Qué hace terceridad en la pareja?, y en la contestación de esta pregunta se juega tanto el destino de la pareja, así como la concepción teórica que los analistas tengamos sobre los lugares en la pareja.
¿Había terceridad en la pareja de Silvia?
La palabra plena
Tomemos inicialmente, porque nos sirve, lo de “palabra plena y palabra vacía” que Lacan nos enseñó desde el seminario de “Los escritos técnicos de Freud”. Allí donde la palabra plena en contraposición con la vacía hace surgir algo de la verdad del sujeto, donde aparece lo determinante del inconsciente, por ello justamente, es lo que convierte una sesión en un acto analítico.
Palabra plena, o el efecto de la verdad sobre el sujeto, no es otra cosa, que el nombramiento del goce en que uno se encuentra, bajo una forma discursiva, allí donde va a aparecer la falta del sujeto.
Palabra plena, ahí donde su aparición, comienza a pivotear, el goce y el deseo. A partir de allí la metáfora paterna, así alguna de las castraciones es posible.
Poder nombrar el goce prevaleciente en ese momento en la pareja, para poder salirse de ese encierro, es fundamental, para que cada uno encuentre un vacío que le permita pensar ¿qué es lo que desea? Es necesario nombrar el punto de alienación en el otro y así crear la falta.
Y en la relación entre dos personas, sea el tipo de pareja que sea, es posible que haya una palabra que balice y opere sobre el goce del otro, cuando no, sobre el de uno. Entonces después de este giro, digamos que una palabra es plena cuando alcanza la posibilidad que, como metáfora, sea un cambia-vía del goce.
El tercer lugar en una pareja, cuando lo hay, es entonces el lugar de la metáfora, que va a posibilitar la falta. Porque no hay en juego en una relación de pareja sólo lo real, sólo lo imaginario y desde allí, privilegiadamente el engaño.
También está el efecto de lo simbólico, cuando aporta algo de la verdad en juego para los partenaires, cuando aún en la suspensión de la imposibilidad, pone en juego la diferencia.
Es allí donde las diferencias pueden jugarse, los valores, los gustos, las creencias, las ideologías, los afectos. ¿Hay en una pareja lugar para las diferencias?, ¿si no hay el tercer lugar, sólo puede haber alienación, la alienación amorosa o la alienación propia de la locura?
Si la relación de pareja la leemos desde cada una de las tres instancias psíquicas, Imaginario, Simbólico y Real, podemos decir que es válido el “no hay relación sexual” por lo que no cesa de no escribirse en lo Real, tenemos que sostener aún, lo del engaño amoroso por la preeminencia de lo Imaginario, pero también destacar, que la palabra, en tanto que metáfora, puede poner como Nombre-del-Padre un límite al goce, posibilitando el lugar de una falta donde puede aparecer el deseo.
Una palabra que haga falta, de ahí las diferencias.
Cuando esto no ocurre, el lugar del tercero lejos de poner en juego el goce a través de la palabra, lo concretiza:
Si no opera la palabra plena y la pareja no se separa, con la violencia y la indiferenciación de la alienación también puede ocurrir la aparición de los terceros reales, sustitutos y portadores de la ley que denuncian esta situación.
Estamos advertidos, de que ceder ante otro que no acepta límites, va a llevar a situaciones más graves.
La sociedad en estos casos puede hacer de tercero, a través de un representante.
¿Los representantes de la sociedad a los que acudió Silvia hacían tercería, detenían el pasaje al acto que el novio podría realizar?
Entonces tenemos que la Ley en juego en una pareja, es aquella que prohíbe el goce, posibilitando la falta y el deseo. Y que, desde antes, estableció que los lugares en una pareja son tres, y que la cultura hace tercería a través de algún personero que represente la ley o la denuncie.
Quiero hacer una precisión, que también hace una diferencia con lo que plantea Lacan.
En ese sentido el hombre, me refiero al varón, sólo puede ser el “representante de la ley” como se estableció, en tanto que padre, y siempre que haga tercería entre la madre y el hijo. Y en esto está fuertemente presente, su posición de ex –sistente a la dupla madre-hijo, la función de lo paterno.
No es, por tanto, “el representante de la ley” en otras ocasiones, ni por ser hombre, ni por ser padre. Más aún, si es un representante, es como plantea Bourdieu, a veces es un representante del orden dominante, fálico, el que trata de seguir manteniendo un lugar tan privilegiado como amenazante.
Sabemos que los hombres a veces no se dan cuenta cuando violentan o le pegan a una mujer o a un hijo, queriéndoles imponer su ley, como si hicieran valer aquella máxima del derecho romano “dura lex, sed lex”; que, en el mismo acto, se está mostrando su cobardía y su impotencia.
Entonces, pensando desde estos adelantos que hacemos, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que cualquier miembro de la familia puede ser el “representante de la ley” si hace tercería desde una palabra plena, produciendo la metáfora y resguardando así, la falta.
La ineficacia de la palabra, predominio
del goce y la ausencia de falta
La búsqueda de Silvia, de que una tercería denunciara y pusiera en falta el goce del novio fracasó. La ineficacia de la palabra y la ausencia de la falta, producen un saber completo, un discurso totalmente a merced del goce.
En el caso de Silvia, como en el de todas aquellas personas que no pueden con su palabra detener el goce del otro hacia sí, la intervención del tercero legal es necesaria. Alguien que le diga al novio que no puede hacer lo que quiere con Silvia, que no la puede matar si ella no quiere volver con él. Y el tercero a elegir, siempre es aquel que realmente pueda frenar el pasaje al acto.
Preguntémonos ¿por qué se busca en un lugar equivocado, como en el caso de Silvia?, ¿Por qué dirigirse sólo a la familia del novio que presta oídos sordos al pedido, y al procurador Gómez, buen testigo post mortem?; además, y finalmente, ¿por qué tampoco se fueron de la Provincia, si sus vidas corrían peligro?, acaso porque “no tenían plata para hacerlo”?
La violencia de la mujer
Lo primero que tenemos para responder es que esta “violencia masculina” como dicen muchos defensores de la llamada “violencia de género”, es también, y destaco este, también, dado que es inclusivo, una “violencia de la mujer”.
Si nos abocamos sólo a este tipo de acto agresivo, podemos aseverar que la “Violencia de la mujer” en ocasiones se ejerce también contra sí misma. Y que lo hace utilizando “el arma adecuada” en estos “hombres explosivos”, “locos”, por lo que su propia violencia les aparece como viniendo desde el campo del Otro. Esto es para mí una enseñanza que aprendí de mis analizantes cuando están en una situación como ésta. Para poder pensar esto, tienen que aceptar que no hay sólo una causa en la realización de un pasaje al acto.
Y es por la disociación, entre lo que se reconoce inicialmente como lo propio y como lo ajeno, que una persona no puede integrarla como “su violencia contra sí misma”. Esta aparición de lo propio desconocido, desde el campo del Otro, funciona como con las “voces alucinadas” en la psicosis, con “la persecución paranoica”, y si pensamos en la neurosis, ¿ustedes creen que el caballo quería morder a Juanito? Es como la imagen del otro en el amor y en el odio, donde no se reconoce la mirada que desde el sujeto la crea.
En todos los hablante-seres por una razón de estructura, la estructura no se abrocha sin la distribución del goce que el otro nos propone. Para el sujeto es necesario advertir cada una de las formas en que canaliza el goce. Ahí donde convoca a los otros.
Esto no es otra cosa que lo que podemos esperar de un final de análisis, que le pueda permitir al sujeto saber-hacer-ahí con el goce que pone en juego cuando convoca al otro, en qué lugar lo coloca en relación con el sostén de su deseo.
Somos también un objeto de la escena del goce del otro, ¿se trata nuestro semejante o nuestro prójimo?, del protagonista idealizado por el amor, al ser temido y descalificado por el odio. Recuerden que el “lobo feroz” sólo era un personaje de Caperucita roja, no tuvo un cuento propio.
No es que no haya lobos feroces, los hay, el asunto es que seguramente cada “caperucita” tiene su lobo feroz.
Esto guarda relación con lo que Lacan dice en el Seminario “La angustia”, “el masoquista es el que arma la escena”.
¿Qué es lo que tenemos que buscar?, aquello que desde lo social no se puede abordar pues permanece encubierto, que, si las tomamos de a una, y analizamos las circunstancias, alguna de estas mujeres puede estar sosteniendo un goce masoquista y sacrificial, lo que las lleva seguir poniendo el cuerpo ante la agresividad del otro. A no retirarse, aun cuando la suya, sea la “crónica de una muerte anunciada”. ¿Qué es lo que no funciona allí?
La pobreza simbólica
¿Es la policía que no reprime lo suficiente a estos hombres criminales?, ¿son los jueces que no actúan con la celeridad y la rudeza legal necesaria?, ¿son las instituciones sociales que no las amparan y defienden lo suficiente?
Aun aceptando que algo de cada instancia social actúe deficitariamente, juntamente con ello, lo que está funcionando es la “la pobreza simbólica”, al referirse a aquello de lo paterno que no se puso en juego cuando era necesario en la activación del propio goce. Aquello que tenía que balizar el goce masoquista, limitarlo, y no lo hizo, y que la mujer ni siquiera lo reconoce como tal, la más de las veces el mismo es inconsciente.
Si Uds. quieren aquí está el gozne, entre lo social y la estructura del sujeto, entre lo que aparece y lo que se encubre, entre lo que tenemos que decir en tanto que analistas, y lo que escuchamos desde nuestra sociedad.
Muchas veces vemos que estas mujeres, pueden tener un corrimiento circunstancial y suplente, cuando en otra relación de pareja, o de una relación transferencial fuerte, el otro les propone un objeto identificatorio diferente. Y en ello se mantienen mientras dura este anudamiento amoroso. Aun así, muchas veces encontramos clínicamente que no hay lugar para la falta en la estructura.
Dado que lo ubica como un Amo que está más allá de la ley, ni más ni menos como en una relación primaria donde no hay lugar para lo paterno y donde predomina el amor sacrificial y el odio como forma de enlace. Una relación entre dos, que se viven como uno.
Y los hombres que son como Carlos, también entran dentro de lo que llamamos “pobreza simbólica”, no encuentran en ellos lo que detenga sus peores impulsos, y sus allegados, en este caso sus padres, no funcionan como una terceridad que limite el goce. Nada hacen, ante el anuncio de un posible pasaje al acto trágico.
Se puede argumentar que Silvia se enfrentaba no sólo al novio, sino a una familia que ella sabía que tenía un cierto poder. Mucha gente se siente indefensa, impotente ante quienes detentan un poder.
Apuntar al poder
Permítanme hablar un poco sobre el poder.
Nosotros también justificamos la causa de los males que nos suceden al poder, más específicamente a quien o quienes detentan el poder, que, en esa lógica, siempre son otros.
Y buscamos una causa discursiva de “esos males” que ya no haya que cambiar. Este saber sobre el poder que hemos creado, ha hecho que el poder sea identificado como uno.
Lacan lo acentúa más sobre lo Simbólico cuando dice en Ginebra:
“El poder jamás reposa sobre la fuerza pura y simple, el poder es siempre un poder vinculado a la palabra”.
Cómo cambia la perspectiva y nuestra posición subjetiva, si aceptamos que no hay un poder. Sino que hay poderes.
“Hasta cierto momento – dice Foucault – yo aceptaba la concepción tradicional del poder: el poder como un mecanismo esencialmente jurídico. Lo que dicen las leyes, lo que niegan o prohíben, con toda una letanía de efectos negativos: exclusión, rechazo, barreras, negaciones, ocultaciones, etc. Pero ahora considero inadecuada esa concepción.” Agrego que yo también.
De la lectura de Foucault que he realizado se desprende que el poder es el ejercicio del poder. Es decir, multiplicidad de dispositivos, organismos, artificios, funciones, tácticas, mecanismos que atraviesan a los sujetos.
El tema central del texto «La voluntad de saber» de Foucault dice precisamente que: «Lo que le da estabilidad al poder, lo que induce a tolerarlo, es el hecho de que no actúa solamente como una potencia que dice no, sino que también atraviesa las cosas, las produce, suscita placeres, forma saberes, produce discursos».
“Mi autoridad emana de vosotros y ella cesa ante vuestra presencia soberana”, ¿recuerdan esta frase de Artigas? ¿Qué logró saber Artigas? Que la autoridad con la que se inviste al otro es transferida, y solamente, subrayo este solamente, se mantiene, mientras dura la transferencia. Los analistas esto lo hemos aprendido en la clínica con las curas que dirigimos.
Por tanto, autoridad y transferencia forman parte de un mismo fenómeno, causado en el ejercicio de la soberanía. Si se preguntan ¿si esto es así siempre?, les contestaría, ¿es que conocen Uds. alguna autoridad que no haya sido transferida?
Aunque algunos se crean “una autoridad” y hagan con eso señas a los otros para captarlos en el punto en que sueñan con un Amo más allá de la transferencia, con un Amo que escape a esta regla artiguista y a la castración, aunque se haga esto, no es más que un ejercicio de la infatuación y de la ilusión de un Otro completo.
Lo reitero, quienes se someten a una autoridad, son en realidad los soberanos, aunque demoren en darse cuenta. Por el simple hecho de que la sumisión sólo se sostiene por la previa transferencia. Uds. me podrán decir que muchos pueblos de esto ni se enteraron y que pasaron muchas generaciones sometidas a un soberano, que tampoco tuvo porqué saberlo.
Y es cierto, el tiempo cronológico discurre y a veces los tiempos lógicos están detenidos. Sabemos que durante mucho tiempo pueden permanecer congelados. Aun así, puede llegar la hora de los verdaderos soberanos, como puede llegar la hora en que un sujeto se dé cuenta donde radica la soberanía de su amo.
Las interrogantes, ¿qué somos para el otro?, ¿quién soy para ti?, ¿quién o qué eres tú para mí?, ¿qué quiero que tú hagas de mí?, ¿quién te hago para ser?
Algunas veces encontramos que, aunque el reconocimiento del propio deseo haga diferencia, no lo saca al sujeto de las ligazones de amor y odio con el Otro, a ese al que no puede poner en falta. Ahí el sujeto se detiene en relación con la Castración del Otro.
En el análisis hay un momento en que la dirección de la cura toca el punto de enfrentamiento, de contradicción entre el goce de la sutura a las marcas originales, agrego, y también a las imágenes, y la Castración del Otro, como modo de sostener el deseo.
Entonces cuando se da este enfrentamiento, esta opción, el analista tiene que operar sobre la dificultad de castrar al Otro, pues vemos, que muchas veces el sujeto cuando el Superyó le recuerda quién es y como dice Freud, opera la culpa, no puede llevar adelante su tarea.
Hemos hablado de una de las pasiones del ser, esa en la que el sujeto está suturado a un signo, donde el objeto no es exterior, dado que él es el objeto signado, y la causa está en el Otro. Signo del ser que ubicamos como Goce del Otro. Esta es la pasión del ser del Otro. Aquí pueden encontrar cómo actúa lo que es el revés del deseo, el Superyó.
Las pulsaciones del goce si no encuentran límite se repiten, y muchas veces pasan al acto. Se repite la matriz y no siempre con los mismos personajes. Es lo que ocurrió con Carlos Guardo:
Cumplía condena, salió y quemó a otra pareja
“Un estudiante universitario que cumple una condena a 18 años de prisión por haber asesinado a dos mujeres en 2004, ahora fue procesado –junto con sus padres– por femicidio (por los anteriores aún no había ley de femicidio en Argentina), el de su novia, cometido durante una de las salidas transitorias laborales de las que gozaba. La nueva novia de Carlos Federico Guardo, de 32 años, murió por quemaduras en el 80 por ciento de su cuerpo, en septiembre de 2015, en un departamento céntrico de la capital de Santiago del Estero.
Por este nuevo crimen, Carlos Federico Guardo, quien continúa en prisión por la condena anterior, ahora fue procesado por “homicidio calificado”, mientras que sus padres, Carlos Guardo, de 70 años, y Mercedes Had, de 68, fueron imputados como “partícipes necesarios”. La víctima fue María Eugenia Anriquez, de 34.
Luego del procesamiento de los tres imputados, el juez de Instrucción de Santiago del Estero Ramón Tarchini, a instancias de los fiscales del caso, dispuso que los padres de Guardo permanezcan con arresto domiciliario.
El joven Guardo, por su parte, seguirá alojado en el Penal de Varones de Santiago del Estero, donde cumple una condena por doble homicidio, cometido en circunstancias muy similares a las de Anriquez.
Durante la instrucción judicial del caso ocurrido en 2015, el padre del acusado aseguró que la muerte de la novia de su hijo fue “accidental”.
Declaró que fue “un accidente en ocasión de manipular un líquido inflamable. Yo, mi mujer y mi hijo la auxiliamos de inmediato y la hicimos asistir en una emergencia”, relató. Con anterioridad, habían prestado declaración indagatoria el principal sospechoso del asesinato, Guardo hijo, y su madre, quienes también se declararon inocentes. No obstante, un informe del jefe de médicos forenses de los Tribunales locales, Julio Roldán, precisó que la víctima presentaba “graves quemaduras en el cuello del útero, causadas con un elemento candente similar a un hierro, provocando un sufrimiento en vida a la víctima”. (Página 12, miércoles 10 de Agosto de 2016).
Al igual que con Silvia, nos preguntamos, ¿sabía María Eugenia que Carlos estaba preso por matar a dos mujeres?, y si lo sabía ¿por qué no pensó que pudiera hacerlo con ella?, ¿en qué medida ese asesino de sus parejas no atraía ese goce en ella que aparecía como lo éxtimo?, ¿y este loco, que no dejaba de quemar a sus mujeres y sus padres que finalmente eran cómplices de sus actos?, también allí podemos decir que había una “pobreza simbólica”.
Estas consideraciones sólo pueden sostenerse si estamos en condiciones de replantearnos lo ¿cuáles son las diferentes causas?, también como dijo Freud, que la “psique es extensa”, lo que llevo a Lacan a crear el neologismo éxtimo (“extime” en francés), y finalmente, ¿si la representación psíquica que tenemos de nosotros es geométrica o topológica?
Si desea enviar un comentario sobre el texto al autor, puede dirigirlo a ricland@netgate.com.uy
Ricardo Landeira
Reunión de Interrogantes Clínicas de 17.6.2024
