«Institución Lacaniana: Cómo hacer hoy»
EL presente trabajo lo ubico en el intento por interrogar algunas relaciones posibles entre el psicoanálisis como discurso y las llamadas instituciones psicoanalíticas, desde la perspectiva de la formación del analista. Con esto, no estoy diciendo que la formación del analista se juega en el campo de lo institucional, pero en su devenir seguramente se crucen. De este posible encuentro trata esta reflexión.
Decir formación del analista nos podría llevar por algunos caminos que trataré de evitar. Lo haré, intentando precisar el significado predominante que propongo y también, cuáles decido excluir. En primer lugar mi idea es evitar reducir y/o equiparar eso nombrado como analista a una persona, que si bien no podemos negar ese registro pues alguien lo encarna, no es el que considero fundamental o central. El analista diremos es un lugar, una posición desde la cual se opera y que se la define y describe por su hacer; por tanto, decir formación del analista, es decir bajo esta óptica, producción de ese lugar, lugar que además, posee la dinámica del propio inconsciente apareciendo y desapareciendo, una especie de lógica de lo inconstante.
En segundo lugar pretendo excluir de lo que llamamos formación, una orientación hacia una lógica académica del saber, el saber en cuestión aquí es un saber hacer, con un no saber.
Es oportuno recordar lo que dijo Lacan a propósito de la formación: “Habría que saber reparar en las cosas de las que no hablo: nunca hablé de formación analítica, hablé de formaciones del inconsciente. No hay formación analítica”. Ahora bien ¿Tenemos que decir que no hay formación del analista después de estas enunciaciones, o podríamos pensar en una forma particular de formación?
Para que haya formaciones del inconsciente debe haber alguien que las pueda escuchar y al hacerlo legitimarlas como tal. Esta labor corresponde a un analista, el cual por su parte hace aparición en este acto de escucha, aparece entonces como productor – producido en este acto, y de alguna manera entre analista y formaciones, se legitiman mutuamente. O sea que si la formación del analista la pensamos bajo la lógica de las formaciones del inconsciente, lo que vemos es un efecto de ocupar un lugar, un lugar que además es consecuencia de un deseo, del deseo de estar ahí.
Lacan decía que el analista se autoriza a sí mismo, pero, ¿este acto está por fuera de su formación? Podemos pensar que su con – formación ya venía antes de ese acto de propia autorización, se continúa a partir de él y se prolonga sosteniendo esa posición. Camino singular por cierto, intransferible pero compartible. Diría que necesariamente compartible, viendo en esto una forma de lidiar, de soportar, lo que implica ese acto de autorización propia.
Ante lo dicho, la categoría de los “otros” adquieren un notorio valor para nuestra deriva y la relación con ellos es una constante a resolver. Esos “otros” aparecen de distinta manera y juegan su papel de distinta forma también, en eso que podemos llamar los lugares comunes a transitar de manera singular. En este sentido, heredamos de Freud la propuesta de este camino basado en el propio análisis, el análisis de control y el estudio de la teoría. Lacan por su parte, le suma el tema del pase. Diremos además que esta presentación de aparente independencia de sus partes, no es tal. Están enlazadas y de manera moebiana, ya que se contienen y se sostienen a la vez. Un buen ejemplo de esto es aquello de que el analista es al menos dos, quién ocupa ese lugar en la práctica y quien reflexiona lo sucedido en ella.
Ahora bien, teniendo en cuenta la intención de poner el foco en lo institucional, ¿Qué lugar tiene la institución en esta formación?
Quizás intentar responder esta pregunta nos lleve en primer lugar a recordar que esta labor de instituir al Psicoanálisis iniciada por Freud, surge a partir de su preocupación por la posible extinción de su experiencia al decir de Lacan, por la posible pérdida de su obra en definitiva. Esta labor se enmarcó en lo que llamamos la transmisión del psicoanálisis, lo que no quiere decir que la trasmisión se aloje y dependa exclusivamente de lo institucional.
La letra, lo escrito es lo que hace escuela, y una consecuencia posible del hacer con ella es la institución.
Esta letra, la de Lacan y Freud toca, hace marca, y como toda marca no deja de hacer presencia. Una presencia difícilmente evitable con la cuál al igual que la propia autorización hay que lidiar. La institución creo, es un instrumento posible para dar cabida a esa letra como mencionamos anteriormente, a la par de habilitar y ayudar a sostener esa propia autorización del analista.
Por tanto la institución podemos pensarla como una instancia que viene a facilitar el encuentro entre la letra compartida y el deseo. Una forma de contener la labor de hacer un camino propio, sabiendo que se hace con otros. Quizás podemos ver en esto de lo institucional también, uno de los tantos lugares dónde se juega la otredad del deseo del analista.
¿Qué otros aparecen en relación a la formación en una institución?
Tal vez otra manera de formular la misma interrogante sería preguntarse qué transferencia está en juego en una institución. Sabemos que variadas transferencias circulan en ellas, pero también sabemos que sin transferencia de trabajo, no hay institución. Entiendo conveniente en este punto poder diferenciar de qué “otros” hablamos, pues están los otros en relación al nosotros de la institución y los otros con quienes compartimos la propia institución. Los “otros” que me interesan aquí son los que compartimos la institución.
Lacan proponía el espacio para hacer escuela como una comunidad de experiencia, experiencia de los practicantes que la constituían decía, como una instancia que facilitaba el compartir de la clínica. Ahora bien, facilitar el encuentro por medio de la institución no resuelve en sí mismo la propia producción y tampoco la permanencia en ella. La permanencia desde el lugar de la formación del analista está claramente asociada a la posibilidad de producción, en el entendido que la formación del analista está más allá de cualquier pasaje, permanencia, coexistencia, regreso o salida de una institución. El deseo del analista en relación a su formación está -si se quiere- en función de sus interrogantes y de sus tiempos, tiempos de escucha, de enunciación, de producción de su propia letra………los distintos tiempos en relación también a los discursos que circulan en la institución que comparte. Por tanto como pensar el lugar de lo singular en una institución resulta clave en ésta trama, ya que los sujetos necesitan compartir sus interrogantes en relación a su práctica pero en función de sus tiempos, cuando a la vez hay tiempos compartidos desde lo colectivo que se imponen.
¿Qué pasa entonces cuando la institución manda?
Según Colet Soler, la tensión entre el discurso del amo y el discurso analítico es lo que parecería que configura el acontecer institucional. Dicho de otra manera, esa inevitable relación entre lo “administrativo” de una institución con sus tiempos cronológicos y los tiempos lógicos de la producción del psicoanálisis, que responde a su vez a los tiempos particulares de formación de quienes producen.
Digamos que la tendencia a la masificación de la institución atentan de alguna manera contra los tiempos singulares del deseo. Y en esta tendencia arrincona a lo que hace escuela.
Esta tensión tiene un resultado, el malestar.
¿Qué implica el malestar en la institución?
En primer lugar lo irremediable, este es el costo a asumir, el no todo. Costo – beneficio diría siguiendo la metáfora económica, ya que a partir de esto que molesta se puede hablar pero sobretodo escribir.
Pero la institución en sí misma no habla ni calla, aunque se puede hacer el artilugio de hablar desde ella. En realidad quienes hablan y escriben son los sujetos que la sostienen, con nombre propio y entre el ruido y el silencio institucional como efecto de grupo, aparece el decir y la letra de éstos. En esta línea podemos decir que la institución no existe por fuera de quienes la representan. Dicho esto, no desconozco que lo institucional tenga dimensiones que trasciendan a los sujetos que la componen, hay una referencia a ellas por fuera de quienes la integran una vez inscriptas en el universo simbólico que es innegable, pero lo que pretendo es poner el acento en el pliegue que se produce entre el analista con su análisis como factor primordial de su formación ocupando un lugar en la institución. Lugar que se expresa fundamentalmente desde la escuela, desde hacer escuela con el soporte institucional.
Ahora bien, siguiendo el desarrollo de lo comentado hasta acá, me resulta inevitable preguntarme por la relación entre institución y escuela a la vez.
Si tomamos a la escuela como el ámbito de la letra y a partir de ésta la posibilidad de trabajarla, intentando su relanzamiento a través de nuestras interrogantes, problematizándola y reinventándola si se quiere. Y por otro lado concebimos a la institución con su engranaje orgánico como facilitador de la primera, justamente la relación funciona en la articulación producción – soporte.
Pero tenemos que tener en cuenta que la escuela no está, aparece digamos en esta dinámica, tiene también la lógica de lo inconstante, aparece en sus efectos, efectos de escuela que son los efectos del trabajo con la letra. Contrariamente, la institución no deja de estar, el peso de su estructura vía organización con sus tiempos cronológicos se expresa tendiendo a la permanencia. La diferente naturaleza de estas dos dimensiones hace que el desencuentro sea un rasgo notorio de esta relación y teniendo en cuenta que la institución está al servicio de la escuela, la desconexión entre ambas no es un problema menor. Cuando la dimensión institucional queda suelta en su propio desarrollo genera malestar y puede hacer obstáculo a la escuela. Entiendo que la labor de intentar anudar lo institucional a la escuela, hacerlo material de trabajo desde lo psicoanalítico, es una forma necesaria para que dicha articulación funcione.
Jorge Romero.
Segundas Jornadas de la Red Lacaniana de Psicoanálisis 14 de abril de 2018
[1]Mesa – Institución Lacaniana: cómo hacer hoy. 2das Jornadas de Psicoanálisis Lacaniano: “Fundamentos del Psicoanálisis”. 14.04.18. Montevideo, Uruguay.
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