«El miedo como arma de dominio»
Reducir al otro a un signo, e intentar acabar con él, es la operativa en la pasión del odio. Y esto, en su extensión social, produce lo que ya conocemos, las guerras, los aniquilamientos y la segregación.
Bien, a partir de este mecanismo psíquico puesto en acto desde la antigüedad, la frase “Homo homini lupus”, “El hombre es el lobo del hombre”, comenzó a circular a través de los siglos.
Y como dijo Friedrich Nietzsche, “Nada hay más poderoso que una idea a la que le ha llegado su hora”.
Thomas Hobbes fue quien popularizó esta frase en su locución actual, fue un filósofo inglés del siglo XVIII, que a su obra central la nomina “Leviathan”, y allí dice que lo destructivo es básico en el comportamiento humano.
El pensamiento de Thomas Hobbes a partir de esa obra, estableció la fundación de gran parte de la filosofía política occidental. Es el teórico por excelencia del absolutismo político. Algunos emperadores, reyes, dictadores, presidentes “vitalicios”, jefes de tribus, líderes de grupos, esposos, padres, etc., se sostienen filosóficamente, lo sepan o no, en sus doctrinas.
Lo que plantea Hobbes en su filosofía política, es la continuación y la respuesta a los planteos realizados por Tomás Moro y Maquiavelo. En el citado texto, nos abre ante un gran tema del mundo moderno: el sujeto se despoja de sus “debilidades pasionales”, cuando renuncia a sus derechos naturales a favor de una estructura social coercitiva.
¿Porqué plantea esto?,
Porque esta estructura coercitiva debe poner freno al desorden proveniente de las pasiones. Y como el “Hombre es el lobo del hombre”, el manejo de los sujetos a través del miedo, pasa a ser la única garantía del establecimiento de la paz.
Vean Uds. la actualidad que tiene este pensamiento. Sigamos un poco más, este modelo absolutista que propone Hobbes, donde políticamente se intenta someter la naturaleza pasional, él dice que no transforma a los seres humanos, porque subyacen las pasiones, controladas, arrinconadas; sabiendo que puede romperse la represión en cualquier momento. Para él no existe la transformación de las pasiones, como para permitir otros vínculos. Por lo que el miedo infundido a los gobernados debe ser constante, tienen que temer a alguien superior.
Su propuesta social no deja de causarse también en su propia infancia, Hobbes mismo, al hacer pública su dis-toria, dice respecto a su nacimiento: «El miedo y yo nacimos gemelos, dado que mi madre dio a luz de forma prematura, por el terror que infundía la Armada Invencible española acercándose a costas británicas”, pero él la ha extendido a otros.
La infusión constante del miedo que los sujetos tienen que tener, proviene no sólo de la coerción social, sino, también, de sí mismos. Y aquí convergen las enseñanzas religiosas, el sojuzgamiento de los pecadores y el miedo a dios. Ambas se retroalimentan.
Lo que propuso Hobbes, sobre el miedo para someter a las pasiones, y “la guerra como continuación de la política por otros medios” al decir de Karl von Clausewitz, teórico de la guerra, fueron tomados como la justificación para el exterminio, lo han sido y lo seguirán siendo. El miedo a la diferencia, al bárbaro, ha llevado al aniquilamiento.
No están sólo las razones religiosas en la confrontación y el odio, nunca lo estuvieron, pero la discriminación del otro, por su diferencia a través de un signo, dice del miedo, de todos los miedos, y de ahí, la separación en las diferentes formas de ghettos, de ahí la guerra, y el intentar acabar con el otro. Tampoco en su diferencia, la mujer escapó a esto a través de los siglos. Esas mujeres que eran denunciadas porque “exacerbaban las pasiones”.
La segregación parte de la discriminación, y su consecuencia es el miedo y el odio, también el odio que se le supone al otro, al diferente.
Lo que muchas veces nos lleva a actuar especularmente, volcando en el otro, lo que rechazamos de nosotros, y a veces, esto se da sin saberlo.
Por ello, una tarea del psicoanálisis, es la de hacer del prójimo un semejante.
Ricardo Landeira.
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