«El amor en tiempos del coronavirus»
La comunicación de Ricardo Landeira titulada Frente a una irrupción de lo Real nos llega en un momento acuciante justamente porque se trata de una irrupción de lo Real en nuestras vidas a causa de la epidemia o pandemia, como se la quiera nombrar, de la aparición del Covid-19.
Ésta no solo aparece en nuestras vidas cotidianas sino que en lo que respecto a nuestro campo ha irrumpido con gran fuerza en nuestros consultorios, dejando parcialmente de lado lo que en los mismos tratamos, a saber, los problemas de los sujetos. Landeira nos trae justamente la experiencia freudiana quien nos decía que ante circunstancias extremas, los neuróticos remitían o suspendían sus síntomas.
Esta ha sido justamente mi experiencia en la clínica, donde en las últimas semanas los pacientes han depuesto sus síntomas, por lo menos en lo que traen comúnmente a las sesiones, para hablar case en exclusividad de sus temores o terrores acerca de esta enfermedad y sus consecuencias mortales posibles así como todas las secuelas que la misma podría traer en otros campos de sus vidas personales como por ejemplo, la ruina económica.
De esta manera el coronavirus se ha convertido de alguna forma, en un objeto persecutorio omnipotente, en un enemigo invisible que se encuentra agazapado fundamentalmente en el semejante volviéndose éste a su vez en otro objeto posible del mal y persecutorio a su vez. Esto genera una situación a saber: nos tenemos que cuidar de todo y de todos con una precaución de la cual no conocemos los límites. Estas precauciones son sin embargo, muy sencillas tal cual lo han enunciado las autoridades gubernamentales en general y las correspondientes sanitarias en particular. Pero lo objetivo de medidas concretas y más o menos eficientes, no son consideradas en los hechos por los sujetos. En este no saber los límites, el sujeto pretende ir más allá pero siempre sin sentirse seguro si ha realizado todo lo necesario, por lo que en consecuencia redobla la apuesta.
En otras palabras, todo esto no tiene que ver con la realidad fáctica sino con la realidad psíquica y es aquí donde tal vez, nosotros podemos intervenir haciendo algo. Landeira establece que “en el hablante-ser hay una “servidumbre voluntaria” que se introduce por el significante insensato de la ley”. Citando a Slavoj Zizek, establece que “los discursos sobre lo social que operan a través de una totalización, al hacer consenso, pueden funcionar como una “máquina simbólica” externa, que se experimenta en la economía inconsciente de los sujetos como mandato traumático, sin sentido, no significante”.
Este mandato traumático, por ejemplo imposición de la cuarentena, no ha dejado de tener efectos en algunos sujetos, donde a causa del enclaustramiento hogareño, comienzan a surgir todo tipo de problemas familiares, dando surgimiento por ejemplo, al aumento de la irascibilidad intrafamiliar sin que esta pueda ser remitida a una causa concreta. Otros pacientes por el contrario y teniendo en cuenta la posibilidad del trabajo vía internet, han podido ser creativos imponiendo tiempos de trabajo hogareño sin participación de otros miembros de la familia para poder mantener un ritmo donde se generen espacios subjetivos propios como se venían teniendo habitualmente antes de la irrupción de este Real.
La realidad social con su carácter totalizante en cuanto a lo discursivo, producto de esta Maquinaria Simbólica produce la sumisión del sujeto a un amo al cual se reviste de todos los poderes, los cuales pasan a ser subjetivamente El Poder, al decir de Landeira. Esto es un hecho, pero quienes podemos tener otra perspectiva podemos lograr tener nuestra porción de poder, ¿cómo? Y la respuesta a esta pregunta es descompletando al otro, creando así un corte que saque al sujeto de su alienación al Otro y habilite un resquicio de libertad donde pueda comenzar a imperar algo del orden del deseo.
Es interesante cuando hablando con los pacientes acerca de éste tema, basta con señalar contradicciones del discurso oficial para que el sujeto se tranquilice. Creo que este fenómeno reside en el hecho de que el sujeto se puede rescatar de la posición de objeto a que había sido sometido por dicho discurso y se habilita a poder pensar que quiere hacer realmente ante las condiciones impuestas por la situación.
El rescate implica necesariamente que algo del orden del deseo comience a circular y aparezca la creatividad en esta situación absolutamente nueva en el contexto social. Por ejemplo, una paciente luego de la sesión organizó con sus amigos una fiesta…vía internet. Se pusieron las siguientes condiciones: todos los participantes debían de tener una copa con una bebida alcohólica a elección y una picada. La misma contaba embargada por una gran emoción, que amigos residentes en el exterior se sumaron a la misma y que pasaron todos tres horas sumamente emotivas y divertidas con la alegría del compromiso de volver a repetir este evento.
Este acto, estos actos liberadores por su condición de creativos se posibilitan sobre una situación transferencial al decir de Landeira. Agregaría que lo transferencial, esto es el amor es condición absolutamente necesaria. No habría acto creativo si no se juega algo de esto. Sin transferencia opera la máquina simbólica a que hacíamos referencia más arriba. Y cuando hablamos de transferencia no solo hablamos de la que circula en una sesión sino también la que se puede dar entre amigos y conocidos.
Mientras escribía esto, me llamó por teléfono una vecina muy querida para manifestarme las preocupaciones de todo lo que se estaba viviendo y en especial el encierro absoluto que se había autoimpuesto desde hace varios días ante el temor del contagio. Le pedí para ir a su apartamento cosa que aceptó. Hablamos largo rato y en especial hablé como habitualmente hago en las sesiones acerca de estos días complejos. Cuando me fui me llamó inmediatamente por teléfono para darme las gracias porque había quedado muy tranquila y para ofrecerme si necesitaba algo del supermercado porque había tomado la decisión de salir sin problemas con los cuidados necesarios.
No solo somos psicoanalistas, somos también seres humanos que vivimos nuestra vida al igual que millones de sujetos lo hacen, solo que tal vez estamos más advertidos de algunas cosas. Por eso si de formar red en lo relativo a lo social se trata, contribuyamos con nuestro grano de arena respondiéndonos primero la pregunta que nos deja Landeira: ¿en qué posición subjetiva nos ubicamos frente a la irrupción de lo Real, esta u otras?
Y finalizo también con sus palabras: “si nada nos salva de la muerte, al menos que nuestro deseo nos salve de una vida desmochada. Eso sí, sin dejar de lado al amor.”
Eduardo López
Si desea enviar un comentario sobre el texto al autor, puede dirigirlo a eldeleo@internet.com.uy .
