«Diálogo con Cecilia Bach acerca de Frida Kalho»
En el reciente trabajo publicado por Cecilia Bach acerca de Frida Kalho leo una profunda reflexión y re-creación de un tema, a saber el synthome, que trabajamos en la Red Lacaniana en el año 2017. Dentro de ese recorrido estuvimos abocados a la misma Frida, basados en textos de Lacan referidos a James Joyce y a textos de Alba Medina, estos últimos aportados por la misma Cecilia. No entraré a relatar mi crítica del texto realizado, la cual es por demás satisfactoria en el sentido de la concepción del mismo y en especial por la gran cantidad de interrogantes que deja abiertas. Tomo en especial una de ellas. Dice Cecilia: “Supongo que otra sería la historia, si Frida se hubiera sostenido en un análisis. Pero ¿Tendríamos sus obras? Y más aun, Frida haría de su sufrimiento una demanda que la lleve a un análisis?
Respecto a que un sujeto debiera hacer un análisis por lo que observamos del mismo no deja de ser una conjetura de quien observa pero no se va a análisis por lo que diga otro sino por la demanda del propio sujeto. El hecho concreto es que Frida no realizó una demanda de análisis hasta lo que hoy en día conocemos de su vida. Creo que su sufrimiento, su angustia no fueron suficientes para poder producir esa demanda, dada toda una serie de goces que estaban en juego y que impedían que ella llegara a un analista.
Por otra parte los psicoanalistas ¿podemos y debemos intervenir sobre todos los síntomas a la manera de un médico en una especie de “ furor curandi”? De entrada la respuesta es No. Todo depende de los goces en juego y el lugar y función que dichos síntomas ocupen en la estructura del sujeto. A modo de ejemplo tenemos el caso paradigmático de James Joyce abordado por Lacan. Recuerdo también un testimonio aportado por Beatriz Duró donde un sujeto aquejado de una enfermedad de las llamadas psicosomáticas, alertaba que la cura de su enfermedad a través de un análisis podría tener consecuencias insospechadas, en otras palabras terribles.
Frida Kalho conocía a Freud. Es más había leído del mismo su obra Moisés y la Religión Monoteísta. Ella se movía en un nivel social de grandes intelectuales, todos nacidos en una época en que el discurso psicoanalítico circulaba en el medio social, por lo menos en Occidente. Sin embargo Frida no mostraba hasta lo que sabemos, el rechazo por el mismo que sí manifestaba Joyce.
En un blog sobre arte titulado Historia del Arte: temas, imágenes y comentarios, su autor Manuel Guillén Guerrero estable hablando de Frida: “Su amigo José Domingo Lavin le prestó el libro de Sigmund Freud » Moisés y la religión monoteísta» y pidió que realizara un cuadro con su interpretación. La autora se entusiasmó con su lectura y en solo tres meses realizó esta extraña obra.
El libro de Freud revisa la figura de Moisés, del que dice que no era judío sino perteneciente a una familia egipcia y establece el origen del monoteísmo también en la cultura egipcia (el culto al dios Atón), de ahí la importancia de imágenes de dioses egipcios y de figuras como Akkenatón y Nefertiti. No obstante, Frida pronto abandonará la referencia del libro para recurrir a sus propias vivencias personales y completar con ellas el cuadro”.
El cuadro del que se trata está titulado Moisés o el Núcleo Solar. Es una pintura que me recuerda en su estructura al Juicio Final de Miguel Ángel y donde justamente Frida pinta lo que diría, sus fantasmas, lo que la define, lo que le da consistencia a su ser. Allí desfilan los dioses aztecas de la fertilidad y la muerte, los grandes hombres que a su entender hicieron grandes aportes a la humanidad. Se encuentran entre ellos el propio Freud, su idolatrado Stalin y su odiado Hitler entre otros muchos. Uno de los personajes pintados es la Virgen María que presenta rasgos de la propia Frida, a través de la ceja única. En algún lugar no podía dejar de pintarse.
En las consideraciones que Cecilia hace acerca de su tránsito por el Estadio del Espejo y a los goces que consecuentemente la habitaron produciendo ese cuerpo imaginariamente fragmentado, hago acuerdo que a través de sus autorretratos, puras imágenes ellos, buscó esa unificación que conocemos normalmente como cuerpo en el que nos identificamos y del que Frida carecía desde el inicio. Otros elementos coadyuvaron a ello: la escritura de su diario mezcla de texto y pinturas que nos indican que por medio de lo simbólico también trató de hacer algo que contribuyera a la unificación o por lo menos a intentar obtener un cuerpo cerrado, donde lo real no se viera aunque este organismo también fue pintado, justamente, creo, en un intento de simbolizarlo y por lo tanto de acotarlo.
No solamente fueron sus autorretratos o su diario, las herramientas utilizadas. Creo que su genialidad le permitió utilizar otro tipo de bastidor, un bastidor único y que era el que realmente le importaba: su propio cuerpo que fue pintado primero con vestimentas masculinas y luego con las fastuosas prendas de las indígenas mexicanas y las no menos lujosas joyas aztecas, todas ellas auténticas. Esto no dejó de causar un efecto en el otro, que da una imagen casi diría de la completitud, lejos del cuerpo roto que en realidad tenía Frida.
Escuchemos a Carlos Fuentes, ese gran escritor mexicano que lo dice con las más bellas palabras que a mí me faltan: “Cuento todo esto sólo para decir que cuando Frida Kalho entró a su palco en el teatro, todas las distracciones musicales, arquitectónicas y pictóricas quedaron abolidas. El rumor, estruendo y ritmo de las joyas portadas por Frida ahogaron los de la orquesta, pero algo más que el mero sonido nos obligó a todos a mirar hacia arriba y descubrir a la aparición que se anunciaba a sí misma con el latido increíble de ritmos metálicos, para en seguida exhibir a la mujer, que tanto el rumor de las joyas como un magnetismo silencioso, anunciaba”.
Me llamó la atención ese “la mujer”. No se trata de La/ Mujer, término utilizado por Lacan. Creo que se trata de su mascarada, pero no cualquiera sino de aquella que detiene un auditorio y hace dirigir todas las miradas hacia ella. Y para ello se requiere talento, y el talento de “una histérica genial” como dice Alba Medina. Y ahí Frida se mostraba en un cuerpo entero, cuerpo de mujer no roto y también no fragmentado como poseía ella imaginariamente a causa de las vicisitudes de su estructuración.
Cito nuevamente a Carlos Fuentes: “ Frida Kalho, (…), entendió lo siguiente: una cosa es ser un cuerpo, y otra cosa es ser bella. Kalho logró establecer distancia ante lo feo sólo para poder ver lo que era feo, cruel o doloroso, con ojos más claros, descubriendo su afinidad, si no con el modelo de belleza a la moda (¿Memling, flacas?(¿ ¿Rubens, gordas? (…) ¿Brigitte Bardot, nalgas?¿Mae West o Twiggy?), entonces sí, claramente, con la verdad de su propio ser, su propio rostro, su propio cuerpo. Mediante su arte, Kahlo parece llegar a un acuerdo con su propia realidad: lo horrible, lo doloroso, puede llevarnos a la verdad del conocimiento de nosotros mismos. Entonces ese arte adquiere el rango de lo bello por el simple hecho de que identifica nuestro ser, porque ilumina nuestras cualidades más internas. Los autorretratos de Kalho son bellos por la misma razón que lo son los de Rembrandt: nos muestran las sucesivas identidades de un ser humano que aún no es, que aún está siendo”.
Hablábamos con Cecilia de las forclusiones parciales de Frida y del costo que todo esto tuvo para ella. Los goces, cualesquiera sean ellos, siempre son costosos libidinalmente para el sujeto porque justamente el goce es repetición eterna, lo que aún no está siendo pero que es necesario que sea para el sujeto. No cesa de no escribirse, es lo que se me ocurre.
Esos goces, esos síntomas, que hacen un cuarto nudo no se pueden tocar a riesgo de desanudar la estructura. Esto no quiere decir que un paciente que presente un anudamiento cuaternario no se pueda analizar, pero en caso de hacerlo debemos de ser muy cuidadosos a la hora de identificar esos tipos de anudamientos justamente para no intervenir allí.
Creo que el riesgo de desanudamiento es percibido de alguna manera por el sujeto y esto hace que el mismo se ponga en guardia frente a una posibilidad de análisis a manera de resguardo. Esta es de alguna manera mi respuesta a la interrogante de Cecilia que hice mía.
P.S. Gracias, Cecilia por tu trabajo tan rico, coherente y lleno de interrogantes acerca de esta sujeto que fue Frida Kalho que pienso, seguirá siendo tema de futuras producciones. Y también un agradecimiento especial por traer nuevamente a la luz la letra de Alba Medina, que aunque ya no esté entre nosotros vive por los significantes de su producción.
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