«Deseo de la Madre y los deseos de las madres»
La lectura hace al escrito
La dupla lectura y escrito nos aparece en primera instancia como una relación simple, donde hay un escrito y alguien que lo lee. Uno está en el origen y la otra es una consecuencia.
Si nos atenemos a lo que es una descripción fenomenológica esto parece ser así, nosotros escribimos Lacan dice. . ., y tenemos claro que estamos repitiendo algo que ya fue dicho, o si es necesaria una mayor rigurosidad al hacer un escrito, la indicamos como una cita, y la entrecomillamos. Para que el lector que nos lea, sepa que la repetimos tal cual. Lo que no es otra cosa que una convención, que aceptamos.
Así no nos apropiamos de lo que no es nuestro, y si estamos demasiado insuflados de lo que dijo el otro, no cometemos plagio y las cosas quedan ordenadas entre lo que decimos nosotros y lo que antes dijeron otros. De seguro, esta es una buena práctica.
Pero como analistas lacanianos tenemos que aceptar que esto es así y que también puede ser cierto lo contrario, y para ello es necesario que nos corramos de la lógica aristotélica, y permitamos la validez de la contradicción, para pensara través de una lógica paraconsistente.
La lectura hace al escrito, lo que al texto original no le impide seguir existiendo. Esto es porque el lector con su lectura escribe diferidamente, aún sin saberlo.
Todo lo que incluye en ese nuevo escrito que realiza con su lectura, está en función de lo que quiere va a ser expresado, y de lo cual no siempre se es consciente.
Entonces ¿quién es el escritor?, o ¿quiénes son los escritores?
Cuando la lectura es dicha, aparece en la dimensión de la escritura.
Nosotros no somos lacanianos porque repetimos o citamos textos de Lacan o de Freud, sino por la escritura que producimos cuando nuestra lectura pasa al dicho. Por ello, sostengo que entre los analistassolo hay un intercambio de lecturas en el tiempo de su pasaje al dicho, quedando los textos originales como un resto. Ahí, a la espera, de la próxima lectura.
Una lectura de lo que dijo Lacan
Lacan dijo algo que he escuchado repetidamente, y que corre de boca en boca entre los analistas lacanianos:
“El papel de la madre es el deseo de la madre. Esto es capital. El deseo de la madre no es algo que pueda soportarse tal cual, que pueda resultarles indiferente. Siempre produce estragos. Es estar dentro de la boca de un cocodrilo, eso es la madre. No se sabe qué mosca puede llegar a picarle de repente y va y cierra la boca. Eso es el deseo de la madre.”Jacques Lacan – Seminario 17 (clase 9 del 11.3.70)
Este textono lopuedo aceptar. Yo le pregunto a Lacan, si ustedes me permiten realizar una ficción: ¿usted nos está diciendo que el deseo de todas las madres es comerse a sus hijos?, ¿es causar estragos incorporándolos una vez que lo parieron?, ¿y si esto fuera lo que las madres quieren hacer con sus hijos, a esto usted lo llama deseo?, y si eso lo tomamos como una metáfora ¿usted nos plantea que todas las madres desean que sus hijos permanezcan in-cesto en que fueron colocados?,hay que responder a estas preguntas, porque los lacanianos seguimos sosteniendo como una posición ética, el ser consecuentes con el deseo.
Y le digo, que a través de la experiencia clínica que tengo, y de conocer muchas situaciones diferentes en relación a las mujeres, a las mujeres que son madres y a la relación con sus hijos, que lo que usted sostiene no se puede verificar en la clínica, y es que además es un error conceptual.
Le propongo que empecemos, dejando de lado la categoría universal que usted usa al decir “el deseo de la madre”, ¿recuerda que una mujer no es toda y que las mujeres no son todas iguales?, igual que los hombres, y que además usted nos dijo, que tenemos que pensarlas de una en una.
Si a usted le parece bien lo que dije de abandonar el todas implícito en su frase tan contundente, le diré que puedo aceptar que en alguna madre puede haber un goce, yo no lo llamaría deseo, de comerse a su hijo, y reconozco que pueden haber algunas mujeres que en su locura ante su maternidad, no encuentran en sí lo que prohíban esto, pues no han sido marcadas por la castración, que entre otras cosas, establece el tabú antropofágico.
O madres que buscan inmovilizar al hijo en la posición de objeto en que lo situaron. Y que aunque ellas no hagan un pasaje al acto, pueden resultar amenazantes por lo peligrosas que pueden ser, ya que la prohibición sólo puede provenir de afuera. De allí lo del palo en la boca a quien puede tragar a su cría.
También he encontrado clínicamente, que esta fantasmagoría de la madre que se traga al hijo, está en muchos niños que con una predominancia de su voracidad oral, temen la devoración materna, lo que algunas veces es un goce que se realiza en una fantasía de ser un objeto comestible para el Otro, y que puede ser una proyección en la madre como inversión del querer devorarla. Juanito pensaba que el caballo lo quería morder!
Fantasmagorías estas, que no sólo aparecen en la niñez, sino que pueden continuarse más allá. Le doy un ejemplo, tomando algunos de sus textos:
Un fantasma lacaniano: la mantis religiosa
En esas pocas veces que habla de sus fantasmas, nos dice a través de sus textos cómo se posicionaba ante la mantis religiosa:
“Para quienes no estuvieron allí (Seminario “La Identificación”) recuerdo la fábula, el apólogo, la divertida imagen que me propuse erigir por un instante: yo mismo revistiendo la máscara animal con la que se cubre el brujo de la gruta de los tres hermanos. Imaginé ante ustedes hallarme frente a otro
animal éste verdadero, y para la ocasión supuestamente gigantesco, el de la mantis religiosa. Y como además yo no sabía cuál era la máscara que me cubría, Imaginarán fácilmente que tenía algunas razones para no encontrarme tranquilo, dada la posibilidad de que, por azar, esa máscara no fuese inadecuada para llevar a mi partenaire a algún error acerca de mi identidad. Bien subrayada la cosa cuando agregué que en ese espejo enigmático del globo ocular del insecto yo no veía mi propia imagen.” (Lacan, Jacques. “La angustia”. Versión inédita. Clase 1 del 14.11.62) (Lo que está entre paréntesis es un agregado mío)
Acá lo que se pone en juego en relación a “La angustia” y a la “Identificación”, tiene también el sentido, de estar ante la identidad que desde ese insecto le pueda venir, allí donde la importancia de esto radica en que está en juego su existencia. Este apólogo, Lacan lo repite en varios textos, lo que dice, a mi entender, que ocupa un lugar en su fantasma en la relación con el otro. Él estando a merced de otro que no se sabe si lo va a matar; figurado en ese insecto hembra que en realidad tiene cuatro centímetros de tamaño, y que luego del apareamiento con el macho, lo puede comer.
Como él dice:
“. . . a la mantis religiosa le gusta más eso, la cabeza de su partenaire que cualquier otra cosa, hay allí una preferencia (…), eso es lo que a ella le gusta. Y es en tanto que a ella le gusta eso, que para nosotros —en la imagen se muestra como goce a expensas del otro, y para decirlo todo, que comenzamos a colocar en las funciones naturales aquello de que se trata, a saber, el sentido moral; dicho de otra manera, que entramos en la dialéctica sadiana como tal.” (Seminario “La identificación”. Versión inédita, clase de 22.3.61)
Se trata de saber ¿qué es él, ante esta hembra después de la cópula?, ¿su próxima víctima?
Están los caballos, y las jirafas para Herbert Graf (Juanito), las ratas para ErnstLorenz; los lobos y mariposas que aterrorizan a Sergeï Pankeiev, y esto no significa sólo la identificación con estos animales o con el sentido enlazado a ellos, sino lo que a través del goce queremos que ellos nos hagan. Sergeï lo tenía claro, no sólo esos lobos estaban ahí, sino que lo miraban, y en esa mirada, exterior, aparecía un goce que él identificaba como del Otro, en una radical disociación.
Está en juego tanto la identidad como los goces en ese bestiario que todos tenemos, y que no deja de ser un bestiario inconsciente que se ubica en los bordes de la estructura, y que puede aparecer en los sueños, en las pesadillas, en los terrores nocturnos, o en la más bella de las poesías.
Lo que no deja de ser una creación fabulosa, de una lógica cercana al lugar de lo imposible, porque viabiliza representar y nombrar goces, que no siempre están subordinados a lo fálico, a veces, están más allá.
¿Qué somos para el otro?, ¿quién soy para ti?, ¿quién o qué eres tú para mí?, ¿qué quiero que tú hagas de mí?, ¿quién te hago para ser?¿Preguntas por el deseo de la madre, del Otro?, cuestiones que dicen de una escena de goce del sujeto que está más allá de las preguntas dichas.
¿El niño es el falo de la madre?
Que “el niño es el falo de la madre”, no lo dijo usted maestro, pero tampoco lo dijo Freud.
Vayamos a interrogar los textos de Freud.
Como anticipamos, los textos que hemos leído quedan ahí a la espera, para que en otra oportunidad cotejemos lo que hemos escrito a partir de ellos; volvemos a una letra que ya no cambia, que permanece tal cual. Y en la cual tenemos la referencia y a la vez el límite a nuestra lectura.
Esta es una lectura de que el niño es falo de la madre, que al hacer referencia a Freud, pasa lo que él escribió a una categoría universal: donde todo niño, todos los niños son los falos de cada una de las madres.
Si somos rigurosos, y lo somos, lo que dijo Freud no puede ser citado de esa manera.
Volvamos entonces a interrogarnos por la propuesta freudiana: ¿el niño es el falo de la madre?
Sabemos que la posición del niño como falo es concebida en el psicoanálisis freudiano en relación a lo queFreud llama, la sexualidad femenina, y aún agregaría, en su vertiente llamada «normal». No se habla del padre, o de la pareja, sino lo que pasa en la estructura de la madre en relación a la falta producida por la castración.
Así hace Freud el planteamiento de que el niño puede aparecer como el falo de la madre:
«. . . la situación femenina sólo se establece cuando el deseo del pene se sustituye por el deseo del hijo. . .»
A lo que agrega, intentando anclar la identidad femenina:
«Sólo la relación con el hijo varón brinda a la madre una satisfacción irrestricta; es en general la más perfecta, la más exenta de ambivalencia de todas las relaciones humanas.»
Profundiza aún más y termina diciendo algo que no deja de sorprendernos:
«El matrimonio mismo no está asegurado hasta que la mujer haya conseguido hacer de su marido también su hijo, y actuar (agieren) la madre respecto de él» (Freud Sigmund. Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis. Conferencia 33ª .T.XXII Amorrortu Ed. págs. 119, 123/4).
¿Porqué plantea esto?, porque para Freud la mujer sólo se estabilizaría realizando eso que la afirma: «Bajo la impresión de la propia maternidad puede revivirse una identificación con la propia madre», ahora valiosa. (Ibíd.)
En Freud hay una buena apreciación de la relación de la hija con la madre y una errónea solución, a través de la maternidad hacia el marido.
Lo que lleva a Lacan a decir:
“Si leen ustedes el artículo de Freud sobre la sexualidad femenina, verán que para la niña no se trata tan sólo de que le falte el falo a ella, sino de dárselo a su madre, o de darle un equivalente, como si fuera un niño. (“Las relaciones de objeto. . . “, versión inédita. Clase 11, del 27.2.57)
Siguiendo la lógica fálica este es el punto en que se detendría para Freud la basculación femenina: la identificación de la mujer a su objeto primario, pero una vez que circuló por la experiencia fálica. Lo que hace a un nuevo encuentro con la madre, pero desde otra posición que la inicial en que estaba en juego la desvalorización, desde una posición de mujer castrada.Ahí está esa necesaria identificación, que supera el rechazo con el cual una mujer, en la entrada al Edipo, se separa de su madre.
Lacan sostiene también lo fálico de la identificación del niño de una manera radical:
“Si el deseo de la madre es el falo, el niño quiere ser el falo para satisfacerlo.” (“La significación del falo”, versión inédita, cap. cinco)
O de esta otra manera:
“Para el niño, está muy claro. Como les dije el otro día, la madre hace del niño como ser real símbolo de su falta de objeto, de su apetito imaginario del falo. (“Las relación de objeto. . .”, versión inédita, clase 5, del 19.12.56)
Observen en esta frase lo de “su apetito imaginario del falo”, otra vez aparece la incorporación oral.
Si respondemos afirmativamente a la pregunta de ¿si el niño es el falo de la madre?, estaremos tomando pars par toto.
Es Lacan quien nos dice en el Seminario “La relación de objeto. . .”:
“. . .ninguna satisfacción mediante un objeto real cualquiera que acuda a suplirla consigue colmar jamás la falta en la madre. Junto a la relación con el niño, sigue habiendo en ella, como un amarre de su inserción imaginaria, la falta de falo” (La relación de objeto. Clase 10, 6.2.57)
Por tanto ningún objeto colma la falta, porque esa falta es necesaria, y ella es la que posibilita el deseo de la madre. Justamente esto es lo que hace que el hijo no funcione como tampón de su falta. Porque en esa madre se ha instaurado la castración.
¿Y si no lo es?
Esta disyunción en torno al lugar fálico del infans, comienza a mostrarnos la complejidad de la posición del niño ante el Otro primario: ya que ambas situaciones son a la vez ciertas, el infans puede ser o no, el falo de la madre; y lo son porque se refieren a la ligazón del objeto concebido,con elementos heterogéneos en la estructura materna.
Porque Freud no dijo que el niño, como si hubiera cierto automatismo en ello, es el falo de la madre, sino que puede llegar a serlo según la posición de la madre en torno a la falta, a su deseo y al falo. Por ello Freud habla de tres caminos de evolución de la sexualidad en la mujer:
“El descubrimiento de su castración constituye un punto crucial en la evolución de la niña. Parten de él tres caminos de la evolución: uno conduce a la inhibición sexual o a la neurosis (esto era en el tiempo victoriano, cuando las histéricas rehuían el encuentro sexual) ; otro, a la transformación del carácter en el sentido de un complejo de masculinidad (allí donde no hay falta, ella tiene el falo, es una mujer fálica); y el otro, al fin, a la feminidad normal” (“33ª Conferencia. La feminidad”, Amorrortu Ed. Pág. 117) (Lo que está entre paréntesis es un agregado mio)
Entonces, de todas las mujeres que tienen hijos, sólo las que transitan por la feminidad llamada “normal” por Freud, son las que ubican al hijo en relación a la falta que ya no es la del pene, sino la que crea la castración y posibilita su deseo. Aún hoy sostenemos esto, el niño sólo representa al falo cuando en la madre, se puso en juego tanto la falta fálica como el deseo del encuentro con un objeto deseado.
¿Qué sucede con el resto de las mujeres que conciben hijos, dado que no podemos hacer coincidir la posición subjetiva del deseo con la reproducción?
Veamos su consecuencia.
Desde hace tiempo observo en los casos clínicos que muchos pacientes neuróticos aún sosteniendo una imagen corporal anudada, presentan una cierta «precariedad» en relación a su cuerpo. Algunos de ellos tienen también síntomas fóbicos centrales, donde aparece claramente un temor, más bien un pánico relacionado con un cuerpo que no se sostiene y con fantasías de «ser tragado por el Otro» o de «perderse en los espacios abiertos»; ahí es donde el síntoma, pareciera en el límite, enlaza un cuerpo que «pierde consistencia». Ahí la angustia dice de la nada, de un anonadamiento de la estructura, porque se sitúa en relación al agujero más radical, ese que se ubica imaginariamente en el lugar del Otro.
He trabajado y aún lo hago con pacientes que no han constituido su estructura a partir del deseo de la madre en relación al falo, sino que hay rechazo o una simbiosis, y encontré en ellos un narcisismo precario, donde la falta de deseo de la madre, aparece tanto en los nombres con que lo marcan, como en el cuerpo imaginario del que se apropiaron.
Otros, como me dijo un paciente en la segunda sesión de las entrevistas preliminares, expresándose con mucho odio contra su madre, “mi madre a mí no me parió, me cagó y yo soy una mierda”, sin saberlo, denunciaba que él como objeto de su madre, era un objeto anal, una mierda, además de que él, estaba suturado a esa marca. Y cuando produce su historia en el análisis, esto se confirmaba.
Estas situaciones en su particularidad alumbran lo que venimos desarrollando y nos advierten que clínicamente no basta con plantear que un sujeto ha estructurado especularmente su cuerpo en relación al Otro, y que «este cuerpo, se introduce en la economía del goce por la imagen del cuerpo». (Lettres de l’Ecole Freudienne Nº 16)
Aunque esto sea constituyente para el Imaginario de ese sujeto; es necesario ir más allá, justamente a lo que nos es desconocido de los enlaces del mismo.
Si estamos dispuestos a hacerlo, nos tenemos que preguntar topológicamente en relación a la imagen corporal:
¿Qué agujero en el Otro está vistiendo ese cuerpo que le es propuesto al infans?, ¿con qué tipo de huella o escritura de la estructura materna está enlazado?, hagamos ahora, otra vez la pregunta inicial: ¿El niño es el falo de la madre? Porque sabemos que la imagen especular que desde la madre, recibe y luego se apropia, tiene que ver con la posibilidad materna de falicizar a su hijo. Y esta tarea de falicizar al hijo, solo se realiza si lo puede amar, pero por ser un objeto deseado.
Con esto les estoy diciendo que la madre no ama u odia al hijo real, sino al objeto con que lo inviste. Entre la madre y el hijo real está el objeto, y el hijo se viste con ese objeto para la madre. Se apropia de él, desde allí comienza a responder, porque él es inicialmente eso.
Y una pregunta más, ¿Cómo puede una madre, sin que opere la falta y por tanto ese buscar “fuera” a través de su deseo, discernir que ese hijo no está en continuidad con su real orgánico, que no es una parte suya?
Esto es importante, porque de acuerdo a las respuestas teóricas y en lo particular cada caso, también se va a jugar nuestra concepción sobre lo primario, pero también la dirección de la cura en el análisis.
¿El hijo es una parte de la madre?
Lacan acentúa la relación del niño al falo y al deseo de la Madre:
“En suma, se trata de saber cuál es la función del niño para la madre, con respecto a ese falo que es el objeto de su deseo. La cuestión previa es—¿metáfora o metonimia? No es en absoluto lo mismo si el niño es, por ejemplo, la metáfora de su amor por el padre, o si es la metonimia de su deseo del falo, que no tiene y que no tendrá nunca.
¿Que ocurre en este caso? Todo en el comportamiento de la madre con Juanito, a quiense lleva a todas partes, desde el w.c. hasta la cama, indica que el niño es para ella unapéndice indispensable. La madre de Juanito, a quien Freud adora, esa madre tan buena,que tantos miramientos tiene con el niño, sehr besorgte(muy alterado), y encima es bella, se las arreglapara cambiarse las bragas delante de su hijo.
Desde luego, esto tiene una dimensión muyparticular. Si hay algo adecuado para ilustrar lo que les digo sobre la dimensión esencialpropia de lo que está tras el velo, es sin duda la observación de Juanito—y muchas otrastodavía. ¿No se ve ya que el niño es para ella la metonimia del falo?” (La relación de objeto, clase 14, 20.3.57) (La traducción entre paréntesis es un agregado mío)
Vuelvo a preguntarle a Lacan ¿”si el niño es (para la madre), por ejemplo, la metáfora de su amor por el padre” y para la madre “. . .ninguna satisfacción mediante un objeto real cualquiera que acuda a suplirla consigue colmar jamás la falta en la madre”, porque “Junto a la relación con el niño, sigue habiendo en ella, como un amarre de su inserción imaginaria, la falta de falo”, cómo puede generalizar sentenciosamente eso que dice en la frase del seminario El revés del psicoanálisis?
Sigo con el texto de Lacan, pero el que comparto, también élse expresa, aceptando que el hijo puede ser otra cosa que un falo referido al deseo materno y para ello aborda la psicosis:
“La primera amputación que sufre el psicótico ocurre antes de su nacimiento, él es para su madre el objeto de su propio metabolismo; la participación paterna es por ella negada, inaceptable: él es, desde ese momento y durante todo el embarazo, el objeto parcial que viene a colmar una falta -fantasmática a nivel de su cuerpo” (Seminario La identificación, versión inédita, clase 18, 2.5.62)
¿En su locura, la madre que quiere incorporar oralmente a su hijo, reintegra una falta fantasmática a nivel de su cuerpo?
Vean que interesante, antes del tiempo de la forclusión de la castración en la estructura del hijo, aparece en Lacan esta negación de la castración por la madre, y el niño como una parte de ella. Y esto es el primer tiempo, el que va a condicionar que luego se forcluya la castración posterior.
Esto guarda relación con lo que les estoy proponiendo, sin la faltaproducida por la castración en la madre, el hijo no es sino una parte de su “propio metabolismo”, de su real orgánico. Objeto oral, anal, fálico, escópico, invocante, etc. Sólo a través de la falta y el deseo, el niño es “como si fuera el falo de la madre”.
Sigue diciendo Lacan en el seminario sobre “La identificación”, en relación al hijo psicótico:
“Y desde su nacimiento, el rol que le será por ella asignado será el de ser testigo de la negación de su castración. El niño, contrariamente a lo que a menudo se dice, no es el falo de la madre, es el testigo de que el seno es el falo, lo que no es la misma cosa. Y para que el seno sea el falo y un falo omnipotente (tout puissant), es necesario que la respuesta que él aporta sea total y perfecta. La demanda del niño no podrá ser reconocida por ninguna otra cosa que no sea demanda de alimento, la dimensión deseo a nivel del sujeto debe ser negada; y lo que caracteriza a la madre del psicótico es la interdicción total hecha al niño, de ser sujeto de algún deseo. (ibid., el destaque en cursiva y negrita fue realizado por mi)
Recuerdo entrevistas con madres de niños psicóticos que decían que durante el embarazo no les podían tejer las batitas o comprar ropa porque no imaginaban un cuerpo para su hijo. Pude entender que para ellas no había cuerpo que cubriera lo que ya no se sostenía en ellas, no le podían dar un cuerpo.
Yo no encuentro en esto que plantea Lacan desde su lectura de Freud, y desde su experiencia, que exista ningún automatismo, ni siquiera repetición en lo que una madre pone en juego en cada creación. Lo que he propuesto y aún hoy sostengo, es que en cada concepción, hay un desencadenante que opera en la estructura de la madre para que ponga en juego, por disociación, cierto objeto de goce y no otro. Que encuentro que se da de modo diferente para cada hijo. Lo que me llevó a decir, que los hermanos no comparten la misma madre.
Subrayo esto, porque la experiencia nos enseña, que una misma madre, estructurada con cierto anudamiento, sea neurótico, o psicótico, inviste a cada criatura de manera diferente, esos desencadenantes a ella le van a provenir desde el lugar del Otro. Nadie puede saber lo que está creando, salvo una madre en tanto que inconsciente.
Entonces avancemos un paso más, ese ser objeto del Otro inicial, va a estar signado por el anudamiento de goce predominante en la madre, y por el hecho, de que ese goce esté, o no, anudado por la castración. De ahí la importancia de la presencia de la falta.
Digámoslo con una frase:
El particular anudamiento del goce convierte al objeto en lo que es.
Porque ser, el objeto, dice de la posición ante el Otro, pero sólo el goce y afecto asociado, son los que van a significar qué es ese objeto. El infans luego va a apropiarse tanto del hábito que hace al cuerpo, como de los nombres que hablan del goce en juego y necesariamente, los va a sostener.
El resto de los anudamientos de la estructuran del hijo, van a operar sobre esta base.
¿Qué somos, cómo nos vemos, somos queridos, hemos sido deseados?
Estas preguntas apuntan a lo que quiere saber todo hablante ser, pero se sitúan en un límite, marcado por la diferencia entre lo que es el objeto y los afectos que despierta, y el infans que sólo es eso por apropiación.
Somos eso, pero tenemos que dejar de serlo, para encontrarquémás podemos ser, porque además de las marcas de lo simbólico y la de imagen especular de lo imaginario, está lo real, que por exterior es el que marca el límite a la apropiación.
De ahí lo del ser y el des-ser que manejamos en el psicoanálisis lacaniano.
Pongamos un ejemplo: ¿Qué produce el llamado Deseo de la Madre en la estructura de un hijo en el tiempo de constitución?, no un deseo, sino una posición de goce y una marca. Hay por tanto una transmutación entre lo ligado de una estructura y la posición de goce o la marca en la otra.
No debemos confundir los elementos establecidos en la matriz en la que hemos sido creados, con los elementos que constituyen en los diferentes tiempos nuestra estructura.
En sentido estricto, el deseo de una madre u otro tipo de anudamiento del goce en relación a su hijo, sólo se puede conocer a través del análisis de la misma. En el hijo, es una inferencia a partir de su posición subjetiva. Lo que está en juego en la Metáfora Paterna según Lacan, o en ausencia de esta.
La inversión constituyente la encontramos en la metáfora paterna o castración, allí una posición del sujeto en relación a un goce o a una marca primordial, por la acción de un Nombre del Padre, es articulada en la estructura como Deseo de la Madre y anudado el goce como Goce fálico.
Deseo de la Madre
La metáfora paterna no es fallida, nunca lo es, se produce o no se produce, pero por su condición al producirse siempre deja un resto.
¿Recuerdan como es la escritura de la metáfora paterna como la escribió Lacan?:

Donde aparece la posición del goce del sujeto (X) como consecuencia, la metáfora paterna indica, marca, trasmuta al falo materno en un hijo incestuoso. Dado que lo pone en relación en relación con un padre que aparece como Nombre y a una madre en tanto lo que llama Deseo de la Madre, lo que plantea la posición de goce del hijo ante el Otro.
Es la metáfora, o sea, el anudamiento constituyente lo que convierte al goce en tal, y lo marca para el sujeto como incestuoso. El goce no es goce antes de que se marque como tal en su carácter de incestuoso, no aparece si en la transmutación no hay un Nombre del padre que lo designe como tal. La metáfora paterna, o los Nombres-del-Padre no re-velan lo que ya estaba dado, sino que producen al nivel de la estructura lo que aún no tenía condición de tal.
Hablamos del llamado «tiempo de la castración». Sabemos que cuando actúa la metáfora paterna el sujeto no queda de una vez y para siempre «fuera» del goce incestuoso. Sino justamente dentro.
No hay ningún Nombre-del-Padre que marque los goces de una sola vez en el sujeto, entonces, demos un paso más: «No hay una castración del sujeto», si por eso se entiende LA castración, sino que hay castraciones.
Podemos sí entender que hay una «castración fundamental» porque es constituyente de la estructura del sujeto, pero no es suficiente para limitar, anudar lo que hay de goce. Si leemos en forma sincrónica la metáfora, tenemos que plantear que el llamado Deseo-de-la-Madre, en la estructura del hijo, sólo es la noción articuladora del goce en que está inmerso el hijo en relación al Otro primario, y no el deseo constituyente de la madre que es irrecuperable, que está perdido como tal, y que siempre va a aparecer en la estructura del sujeto a través de sus frutos.
De esos elementos, aquellos que se integren en la simbolización, aparecen para el sujeto con la posibilidad de retorno de lo reprimido y de la negación: que no es otra cosa que presentar el propio ser bajo el modo de no serlo: «esto es lo que no soy» como dice Hyppolite.
Pero hay imágenes, marcas y goces que quedan fuera de lo simbólico, donde están comprometidas más de dos estructuras y que no aparecen en la posibilidad de integrarlos a través de la castración. No todos los elementos de la matriz, que integra elementos heterogéneos que van más allá de lo fálico, son integrados a modo neurótico, o sea a través de los enlaces de la represión, de las castraciones, y de los síntomas. Ellos integran desde el comienzo lo ex -sistente a lo simbólico. Y sin embargo, como dice Lacan, «están ahí» y además «charlan solos».
Ricardo Landeira
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18 de mayo de 2020.
Plenario de la Red Lacaniana de Psicoanálisis
