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«Un intento de re-crear a Frida»

Agradezco: a Ricardo Landeira por relanzarme en la producción a través de su propuesta. A Eduardo Lopez por hacerme llegar la letra de ella y a mi querida y extrañable Alba Medina (la de la letra).

El espejo, Frida y sus autorretratos

Frida vivió rodeada de espejos, casi su única compañía. Ella tenia espejos hasta en el techo de su cama! Parecería ser de una real necesidad. Como si se tratara de su único partenaire, aquel que algo le devuelve, del orden de la imagen. ¿Qué relación guarda esto con el Estadío del espejo? Tiempo estructurante y primario que reúne la dispersión del cuerpo fragmentado, inscribiéndose la representación imaginaria del cuerpo. Frida parece re-vivir en la mirada que busca, y buscándose en los espejos, algo de ese tiempo, como si algo del Estadío haya quedado forcluído. Este mismo intento con el espejo, de unificación de la imagen que la habita, lo podemos pensar en sus autorretratos, pintó mas de 55.

La pintura en Frida, lo Real orgánico y el Sinthome.

Otra de las características de la pintura de Frida es la presentificación de lo Real Orgánico, del cuerpo que carece de representación imaginaria, de nuestras achuras. Siendo la razón por la cual el movimiento Surrealista intenta integrarla a su tribu, como dice Alba Medina, pero Frida dijo “Yo nunca he pintado mis sueños. Sólo he pintado mi propia realidad”. ¿Cómo Frida puede dar cuenta de su Real orgánico?; ¿Como lo hace un psicótico cuando delira?.

Sus pinturas representaban una manera de adaptarse a la realidad, de hacer algo con el sufrimiento. Frida dijo que sus cuadros eran como las fotografías de su padre para ilustrar calendarios, con la única diferencia de que ella pintaba los calendarios que se encontraban en su cabeza. Extraigo los siguientes recortes de un texto de Alba Medina: “Es que la pintura en Frida, pienso, es para ella una búsqueda de anudamiento y también una forma de intentar nombrar aquello que escapa a las palabras, aquello que es del orden de lo Real”. Y sigue diciendo: “en su producción y en ella misma, nos muestra ese anudamiento entre lo Real, lo Imaginario y lo Simbólico en una forma magistral, mas magistral aún porque ella no sabe lo que está haciendo, pero lo hace”.

A. Medina lee a Frida como “una histérica genial”, aunque en sus palabras podemos vislumbrar la idea de analizar la pintura en Frida como un cuarto nudo. Otra producción, dónde también se encontraba la sublimación, fue su Diario personal, el cual posiblemente también anudó los otros tres.

En una pintura que encontramos en su Diario escribe “yo soy la desintegración” ¿De qué nos habla, cuando dice des-integración? ¿De qué cuerpo se trata?.

Luego del accidente, tras verse obligada a convalecer en cama, inmovilizada, y con el cuerpo fragmentado, comienza a pintar. Dice A. Medina: “…salvo pocas excepciones, se pintará sólo a sí misma reparándose y re-pariendose en cada cuadro… Ponerse ella misma como único paisaje… como intento, pensamos, de recuperar su imagen” Además de su pintura, su Diario fue un intento de escribir-se, como posibilidad de hacer algo, allí con la palabra.

Supongo que otra sería la historia, si Frida se hubiera sostenido en un análisis. Pero ¿Tendríamos sus obras? Y más aún, Frida haría de su sufrimiento una demanda que la lleve a un análisis?.

Entonces su cuerpo, en tanto imagen, está fragmentado desde los tiempos primordiales, no hay una integración, donde hechos reales externos como el resto de la polio (su pierna renga) y el terrible accidente, desatan la fragilidad en la que ya ésta sujeto se encontraba. No creo casual, que Frida haya sido la que más daño tuvo en el accidente, dejando su cuerpo literalmente fragmentado. ¿Esto no tendrá relación con lo fragmentado de su imagen corporal? También podemos leer el accidente como aquello que del orden de lo ex – terno viene hacer efecto en la “compensación” que ésta sujeto tenía hasta el momento.

De tiempos primordiales y los goces del ser.

Matilde, la madre de Frida, por varias razones que podemos suponer, no pudo sostener a su hija. Frida nace entre dos acontecimientos que la van a colocar en un lugar muy particular, cuya marca tendrá efecto. 10 meses antes de nacida Frida, nace un hijo varón, que vive unos días. Y 11 meses luego de nacida Frida, nace su hermana Cristina, a quien Matilde dedicara todos sus cuidados. Entonces Frida es amamantada por una nana indígena, y cuidada por una madre en duelo los primeros tiempos, puerperia en otro, y dedicada a otro bebe luego, pero nunca a ella.

En la convalecencia producto de la polio su padre la cuidará. Cuando el accidente en su juventud, en un primer momento, ninguno de los padres podrá sostener, Frida manda a llamar a su familia, pero ninguno acude “Mi madre se quedo mudo durante un mes por la impresión… a mi padre le causó tanta tristeza que se enfermó y solo lo pude ver después de veinte días” Posición de eyectada, de soledad, abandono, rechazo, donde lo mortífero también juega efecto. Ésta soledad no sostiene, no unifica, y des-integra.

A. Medina en uno de sus textos analiza una de las pinturas que ejemplificará la mirada y posición que hacen a Frida: “… en 1937, ella pintará un cuadro que titula “mi nana y yo” o “yo mamando” en que se representa con rosto adulto y cuerpo de niña en brazos de una figura de grandes ubres y máscara indígena por rostro; entre las dos no existe contacto visual, sus miradas no se encuentran, Frida mama con la vista perdida en el vacío y la expresión distante, como abandonada en los brazos de esa figura que apenas parece sostenerla” Mirada que abandona y no puede sostener, mirada que la dejó en una profunda soledad que Frida reproducirá continuamente.

R. Landeira plantea en cuanto al tiempo primario: “de cómo está estructurada la escena primaria en relación a las marcas del sujeto, y de lo que se construye a partir de ellas. No se trata por tanto, exclusivamente del amor, ni las preferencias, sino de las marcas que están en juego, del ser y el goce respectivo.”. Es la marca de ese Otro primario que determina al sujeto para el resto de su estructuración.

Frida rechaza los primeros dos nombres, católicos y maternos, para llamarse por el nombre que el padre dona, de origen alemán, siendo que los nombres encubren el goce que nombra al sujeto.

Su madre, a pesar de lo católica, elige por segunda vez un compañero alemán. Ella había tenido un novio que se suicida delante de sus ojos. Este nombre, por el cual es llamada, y que lo dona el padre, también tiene que ver con la elección de objeto de amor de la madre, y lo
mortífero.

Por lo tanto Frida es abandonada y rechazada por su madre, no es un objeto de valor para ella.

Pero hay un padre, que la coloca en un lugar de preferida, que sin rescatarla del abandono materno, ya que de marca primaria se trata, puede hacer otra cosa para esa hija. Es que depende lo que el sujeto sea para el Otro, en lo que el sujeto se convierte. Y más allá del deseo de la madre, también debemos tener en cuenta, qué acota la Ley del Padre.

Cuando contrae polio, quien se ocupa de sus cuidados es el padre. El decía: “Frida es la más inteligente de mis hijas… es la que más se parece a mi”. El padre era el enfermo de la familia, el triste, el desfallecido, el que se aislaba y sospecho que en alguna medida el des-integrado.

¿Qué lugar donó este padre? A pesar de rescatarla del destino materno.

“Mi niñez fue maravillosa. Aunque mi padre estaba enfermo para mi constituía un ejemplo inmenso de ternura y trabajo, y sobre todo de comprensión para todos mis problemas” – escribió Frida en su diario. En sus palabras, parecería encontrarse algo del padre que vino a rescatarla de ese lugar.

Pero al igual que James Joyce, y como A. Medina también plantó, se trata de la père versión de Frida. Nótese una pintura que Frida llama “Mis abuelos, mis padres y yo” ella se coloca en el árbol genealógico del lado del padre, y dentro de la casa que éste construyó y ella habito hasta sus últimos días. Actualmente es el museo donde se expone algunas de sus pinturas y objetos personales. También aparece el vinculo con su madre, en el único tiempo de conexión, tiempo intrauterino, donde la naturaleza comanda una unión, del orden de lo Real.

Diez años después de la muerte de su padre le pinta un retrato donde escribe: “Pinté a mi padre Wilhelm Kahlo, húngaro alemán, artista y fotógrafo de profesión, de carácter generoso, inteligente, fino, valiente, porque padeció sesenta años epilepsia, pero jamás dejó de trabajar y luchó contra Hitler. Con adoración de su hija Frida Kahlo.

El padre donará un goce del cual Frida se servirá a lo largo de su vida, A. Medina va a hablar del: “extenuante mandato de la infancia a no claudicar”. Alentaba a Frida hacer deporte para recuperarse de la polio, actividad destinada a los varones. Le transmitió su oficio, que era fotógrafo, así como el abuelo materno lo había transmitido al hombre, de la imagen se trata también en la pintura de Frida, y de lo que hacer con lo escópico. Él oficio que un abuelo transmite a un padre, pero este, al no tener hijo varón (lugar del hermano muerto?), elige a la mas inteligente, para ponerla en esa línea de lo masculino. Promueve el estudio en la preparatoria de México, su madre decía que Frida debía casarse y cuidar el hogar (como ella).

Frida se mostrará desde una imagen masculina, sostenida por aquellas insignias ofrecidas por su padre, pero sobre todas las cosas, buscando la mirada de abandono y desaprobación, de su madre.

Otro de los elementos transmitidos por la père-versión fue un regalo que su padre le hace en la convalescencia posterior al accidente, una vieja caja de óleos, con la que Frida hará uso de lo escópico. Ella decía “pintaba para mi misma, porque no tengo nada mas que hacer”. Nada mas que hacer con el goce del Otro?.

Frida no pintó para hacer de su arte un comercio y poder vivir de él, cuando viaja a París no tiene ningún éxito en su exposición. Ella dijo “las exposiciones han sido un fracaso, porque las perras ricas no quieren comprar nada”. Frida no se sostenía en tanto vendiendo sus pinturas, sino en tanto sostenida por su Dios, quien sí ella sentía que era el artista merecedor de reconocimiento. Acaso no se trata de las marcas primarias, de un reconocimiento que no hubo en un tiempo primordial, aquellas que la colocan en el abandono, ejectada de toda
mirada que la pueda querer.

La mirada que hace marca, nos dice de la fragilidad del ser que la habita, como dice R. Landeira: “goce del ser… gozamos allí donde fue dicho lo que somos, gozamos al re-crear lo que somos”. Posteriormente en su vida adulta, de la mano de Diego, Frida abandona su imagen masculina para vestirse, maquillarse, envestirse, según lo que ella suponía que Diego quería de la mujer, de lo que el Otro comandará, ese Dios al cual le rendirá toda idealización y del cual gozara, en tanto Goce del Otro.

Previas nupcias, el padre de Frida le dice a Diego, que no le convenía casarse con su hija porque estaba muy enferma. Diego escucha y se casa. Diego dice “Cuánto más amo a Frida, más necesidad siento de destruirla”, “entre más amaba a una mujer, más la quería lastimar. Frida fue solo la victima mas evidente de esa repugnante característica”. Entonces Frida tenia su Dios al cual rendir alabanzas y sufrir en tanto abandono y rechazo (goce del Otro), y Diego su enferma. Como lo hemos intercambiado con Luisa Bertolino, Diego tenia a “su-frida”, en tanto “sufri-miento”. A. Medina describe a esta relación como: “la más absoluta… soledad de dos compañías” ¿Qué pasa cuando descubre la aventura de Diego con su hermana? La lleva directo a una marca primaria, al abandono materno, re-localizándola en aquel lugar de exceso de padre, donde su imagen pasa a ser aquella de su juventud, Frida abandona sus vestidos indígenas, para nuevamente vestirse de hombre. Podemos también pensar en Diego como otro de sus sinthome.

Frida es una historia que nos seduce en tanto nos enseña sobre el efecto de las marcas primarias, la forclusión parcial, marcas del ser, que hacen al destino del sujeto en tanto estructurantes de la subjetividad de cada ser que deviene sujeto.

Extracto de reunión del 30 de octubre de 2017
Red Lacaniana de Psicoanálisis

Cecilia Bach.

Si desea enviar un comentario sobre el texto a la autora, puede dirigirlo a lic.ceciliabach@gmail.com

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