«Resistencia al análisis»
Texto extraído de INTERROGANTES CLÍNICAS del 31 de julio de 2023.
Hoy queremos interrogarnos acerca de la Resistencia y sus variantes.
De modo que empezaremos por repasar el concepto de Resistencia, concepto descubierto por Freud ya en los primeros tiempos de su creación: el Psicoanálisis
Lo primero que aparece, tratando de investigar sobre este punto, es un obstáculo que no permite que opere el avance del análisis. Es la Resistencia que opone el analizante para no permitir que se encuentre ese oscuro secreto por el que se siente sufrir, sin saberlo. No olvidemos que todo este proceso es inconsciente.
Sin embargo, la paradoja que aparece es que, aunque el Sujeto sostiene que quiere curarse de su sufrimiento, no obstante, a la vez no quiere que intervenga nadie a sustraerlo de ese goce que se perfila ahí.
No sólo hay Resistencia del analizante. Sino también del lado del mismo analista. Resistencia que el propio Freud descubre con una fineza y lealtad envidiables. Por ejemplo, en el caso Dora, del que más adelante hablaremos.
La Resistencia va a operar desde la Transferencia. El término Contratransferencia, que actualmente no es muy usado, por lo menos en los dominios psicoanalíticos Lacanianos, sería el adecuado para ubicar el origen de la Resistencia del propio analista. Allí ese actor, el psicoanalista, debe, según las variantes del proceso llamado de Cura, hacer el rol del muerto en el sentido, que “no debería actuar, ni sus saberes, ni sus opiniones y especialmente no debería desear el bien de su paciente”. Debería ceñirse a sí, a trabajar para encontrar el Deseo de su analizante.
¿Cuál es la razón , entonces, para que opere con tanta fuerza la Resistencia?
Hay dos deidades que cuidan los accesos al Inc. Se abren apenas esas puertas para dejar pasar algún lapsus, fallido… Pero si allí se encuentra el oído de quien pueda leerlo, un analista, constituye un peligro y se repliegan. Como dice Lacan en el seminario XI, en la clase” Presencia del analista” (pág 137) “porque la belleza, con la que queremos hablar, está allí detrás de los postigos” y será por boca del propio analista que pedirá que se abran nuevamente.
Estas dos deidades son la Represión y la Resistencia. La Resistencia está allí solidariamente para colaborar con la Represión, haciendo más dificultosa la labor arqueológica del analista.
Para finalizar esta presentación de las Resistencias, hay una pregunta que nos ronda. Lacan sostiene que la única Resistencia es la del analista, porqué el analista que busca conocer las causas del síntoma de su analizante, se deja arrastrar por la Resistencia que opera desde su lado? ¿Qué indicios hay en su contratransferencia que lo guía a resistir el análisis de su analizante?
Bueno, estas y otras interrogantes serán tratadas por las compañeras que seguiremos escuchando.
Tomaremos fragmentos del caso Dora, pubilcado por Freud a principios de 1900, en el Tomo VII: Fragmento de análisis de un caso de histeria: Dora. Nos detendremos en algunas cuestiones que tienen que ver con que el tratamiento fuera interrumpido a los tres meses de haber comenzado, por voluntad de la paciente, “habiendo quedado sus resultados incompletos en más de un aspecto”, nos dice Freud .
Del material clínico podemos saber que el padre de Dora es quien informa a Freud sobre la biografía y el historial de la enfermedad de su hija. Más adelante Freud desliza su percepción en relación a este, dice: “La persona dominante era el padre, tanto por su inteligencia y sus rasgos de carácter como por las circunstancias de su vida, que proporcionaron el armazón en torno del cual se edificó la historia infantil y patológica de la paciente En la época en que tomé a esta bajo tratamiento, el padre era un hombre que andaba por la segunda mitad de la cuarentena, de vivacidad y dotes nada comunes; un gran industrial, con una situación material muy holgada.” (P. 18) ¿Podría decirse que hay cierta nota de admiración por parte de Freud hacia este señor?.
Sabemos que Freud lo había tratado varios años antes por un estado de confusión y parálisis y a partir de este conocimiento es que este ubica que años más tarde le presentara a su hija Dora para ponerla bajo su tratamiento por “síntomas neuróticos” (P. 20). Además había tratado a la hermana del padre y había conocido a un hermano de este. Dora acude a Freud “movida sólo por la palabra autoritativa del padre” (P. 21) habiéndose mostrado siempre reticente a consultar a los médicos. A pesar de las afecciones tempranas de Dora se decide el inicio de su tratamiento cuando la joven tenía 18 años a partir de que su padre encuentra una carta en donde se despedía de su familia diciendo que no soportaba más su vida. En otro pasaje de la obra Freud dice: “En el caso de mi paciente Dora, debí a la inteligencia del padre, ya destacada varias veces, el que no me hiciera falta buscar por mí mismo el anudamiento vital” (P. 24).
Freud nos acerca el pedido que le fuera hecho por el padre sobre el tratamiento de Dora y nos muestra de alguna manera como la partida se jugó de entrada. «Yo no dudo – dijo el padre – de que ese suceso tiene la culpa de la desazón de Dora, de su irritabilidad y sus ideas suicidas. Me pide que rompa relaciones con el señor K., y en particular con la señora K., a quien antes directamente veneraba. Pero yo no puedo hacerlo, pues, en primer lugar, considero que el relato de Dora sobre el inmoral atrevimiento del hombre es una fantasía que a ella se le ha puesto; y en segundo lugar, me liga a la señora K. una sincera amistad y no quiero causarle ese pesar. La pobre señora es muy desdichada con su marido, de quien, por lo demás, no tengo muy buena opinión; ella misma ha sufrido mucho de los nervios y tiene en mí su único apoyo. Dado mi estado de salud, no me hace falta asegurarle que tras esta relación no se esconde nada ilícito. Somos dos pobres seres que nos consolamos el uno al otro, como podemos, en una amistosa simpatía. Bien sabe usted que no encuentro eso en mi propia mujer. Pero Dora, que tiene mi obstinación, se afirma inconmovible en su odio a los K. Su último ataque sobrevino tras una conversación en la que volvió a hacerme el mismo pedido. Procure usted ahora ponerla en buen camino» (P. 24).
¿A quién respondía Freud en esta demanda? ¿A Dora o al padre?. ¿Podríamos entender esto como un “pacto entre caballeros” al estilo de la época? en donde los hombres decidían sobre el futuro de las jóvenes mujeres acorde a las exigencias culturales de la época. ¿Qué implicaba ponerla en el buen camino?
Dice el padre que no le tiene estima al Sr. pero sin embargo no cree en la palabra de su hija ni se hace cargo de las acciones que tendría que tomar en consecuencia, en cambio, solicita a Freud que encamine a su hija. Es interesante que Freud haya elegido el nombre de Dora para este caso. Dora viene del griego Doron que significa regalo.
¿Se jugó la resistencia al análisis por Freud estar atravesado por la cultura de su época, desde una posición moral de escucha?.
La pregunta que nos surge es:
¿Podríamos hablar en la época actual de un “pacto entre damas” en concordancia con el “pacto entre caballeros”?
Sabemos que el discurso atravesado por la “perspectiva de género”, genera algunas controversias que el psicoanálisis puede analizar.
Para contextualizar esta interrogación que nos surgió, partimos de la base de que Freud partió de pensar que hay desarrollos psicosexuales distintos, en el varón y en la mujer, señaló “la anatomía es su destino”, Lacan por su parte no trabajó con el concepto de género, sino con el de identificación, planteando en términos discursivos, pero no en una anatomía como norma, sino como ven en términos más abierto, pero de igual manera no escapó a binarismo hombre-mujer, masculino-femenino.
¿Porque decimos esto? Porque de alguna manera el analista también se encuentra con estas implicancias de la época.
Lacan dice que la resistencia es del analista ya que obstruye el análisis de un analizante anteponiendo su deseo, poniéndose en el lugar del analizante, comprendiendo al analizante, empatizando, tal es así con aquellos analistas que cuando llega una mujer violentada, golpeada por su marido, se ponen a comprender lo que sucedió, sin escuchar.
El psicoanálisis Lacaniano nos permite decir que si comprendemos desde una escucha atravesada por la moral de la época resistimos al análisis y si empatizamos con un analizante no hay posición de analista.
El psicoanálisis no se mantiene, no se sostiene más que por el deseo del analista de hacer su lugar a lo singular; a lo singular del uno.
Es decir es en el uno a uno como lo dijo Lacan.
También resulta vigente interrogarnos acerca de las razones que determinan la posición de las mujeres como grupo, en el sentido de los discursos de “perspectiva de género” en relación con los hombres. Y la posición que tiene el analista con respecto a lo dicho, dado que la cultura atraviesa al sujeto, la valoración cultural pasa por los significantes Amo de una época que el sujeto posee. Y en el contexto de la cultura también existen determinantes subjetivos inherentes a cada sujeto en lo que tiene de singular.
¿Contratransferencialmente, nosotros, los analistas estamos advertidos de cómo inciden los significantes amos de nuestra época en la práctica clínica?
