«Por lo que hay, por lo que puede faltar»
LO QUE HAY…
Toda persona que nos viene a ver al consultorio, que nos pide una hora, que agenda una entrevista, viene siempre, sin excepciones, a buscar algo, y agregaría que viene a buscar algo que le falta. Esta persona nos cuenta de su situación, que está en una situación complicada, o nos cuenta de alguna dolencia, algún síntoma, etc. Viene porque algo lo aqueja y necesita ayuda. Lo que falta, decía, en este sentido está asociado al saber. Es decir, saber qué hacer con tal o cual situación.
Freud en su descubrimiento exhumo, por decirlo de alguna manera, en su invención, el psicoanálisis, el piola que une a través de la palabra, incierta, por cierto, al sujeto y al mundo. Eso que falta, y eso que la persona viene a buscar, está en relación y guarda relación, con la palabra. La persona nos consulta porque espera encontrar en esa acción la solución a sus problemas. Lo que Freud descubre es un nuevo método para abordar esta situación de un modo terapéutico, de eliminación de la dolencia, y como a priori no tenía idea de lo qué le pasaba a esa persona ni cómo hacer para que ya no le pasara, entonces se le ocurrió escuchar, pedir a la persona que hable y escuchar, eso que parece algo “básico” hoy día, es la base y regla fundante del psicoanálisis, la palabra y el lenguaje como hilo entre quien habla y quien escucha. Pero entonces ¿Qué se habla, qué palabra? ¿Qué se escucha? Y ¿Quién escucha?
¿Cuál es esta palabra? ¿Por qué esto que la persona viene a buscar, que tiene que ver con lo que lo aqueja, con lo que lo hace sufrir y padecer, tiene que ver con la palabra? ¿De qué manera? Bueno, no es cualquier palabra, así como no es verdad que la palabra cura, esta es una palabra que surge de la propia persona, de quien consulta, he aquí el embrollo psicoanalítico, ¿Por qué? Porque quien consulta viene a buscar algo y quien lo recepciona espera encontrar lo mismo en la propia persona, y esto hace a la particularidad de la comunicación en psicoanálisis, uno dice algo y el otro escucha algo diferente, pero todo es dicho con las mismas palabras. Vinculo aquí a quien está en posición, en el mejor de los casos, de escuchar y dar respuesta a esa palabra. No es solo la pronunciación de la palabra sino la significación que toma en la sesión analítica a partir de ser puesta sobre la mesa. Es decir, como por algún lado leí “uno puede estar seguro de lo que dijo pero no de lo que el otro escuchó”.
Como decía, en esta diferencia entre el descubrimiento Freudiano y su época, y nosotros, hoy hay cosas “ya dichas” de las cuales nos servimos como puede ser la lectura que Lacan realiza de los textos y la teoría Freudiana. En “Función y campo de la palabra…” habla de una palabra que denomina como plena y otra vacía, y de eso se trata, de la palabra plena la cual marca la aparición del inconsciente, palabra que no hay que develar o descubrir, es la misma palabra la que dice. Es una palabra que luego de mencionada modifica al sujeto, lo acerca a una realidad, a una verdad, algo que se impone al sujeto más allá de su querer decir, es tomar lo que dijo y no lo que quiso decir. En este tiempo Lacan habla de historia, y es el hablar sobre los acontecimiento, incitar la aparición de esta palabra lo que promueve el psicoanálisis, Lacan dice sobre esto en el texto citado más arriba algo bastante “claro”: “el inconsciente es aquella parte del discurso concreto (…) que falta a la disposición del sujeto para restablecer la continuidad de su discurso consciente”. Aquí nuevamente la falta en la conceptualización del inconsciente en relación a sus manifestaciones.
Porque eso recibimos en la consulta, una especie de jeroglífico a descifrar, un sujeto sujetado a su inconsciente, sujetado al deseo y a la palabra, a lo cual solo podemos acceder con la cooperación del primero.
Fue a partir de ahí que el psicoanálisis surge, el descubrimiento del inconsciente y su conceptualización desde el psicoanálisis.
Para el analista ha sido esto parte primordial de su trabajo, ¿no!? Es decir, la consideración de la palabra de quien está frente a nosotros y de lo que dice, sin desestimar nada, ya que ahí está la denuncia contra la propia persona por parte de la palabra. Esto que en cualquier otro ámbito sería desestimado o descartado cobra en psicoanálisis y en el marco de un tratamiento un lugar central.
La palabra nos precede y hace al sujeto antes inclusive de su existencia física y al hablar muchas veces no sabemos lo que decimos, o no escuchamos lo que decimos, ahí el mérito de Freud: Escuchar. Freud instauró en su momento al darse cuenta de que el padecimiento estaba en relación con la palabra de la persona que sufría y se quejaba, y enseñó y promovió la regla fundamental. La cual hace a el psicoanálisis, porque no hay otro medio que la palabra para nosotros, instar a que la persona diga en sesión todo lo que venga a su cabeza.
Entonces, decía, la persona viene porque algo le falta y lo viene a buscar a la consulta. Y si hoy pienso sobre esto es porque es nuestra moneda corriente, esto hace al psicoanálisis, algo por demás pensado, cuestionado, ¿Qué es el psicoanálisis? ¿Qué hace el psicoanálisis? Y sobre todo, ¿Cómo lo hace?
Entonces partía yo desde el principio, o lo que creo es el principio, y que no debemos perder de vista, es decir, el trabajo con personas que sufren, que padecen y que necesitan ayuda, por eso viene alguien a consulta, ahí es donde el psicoanálisis encuentra un lugar y un poder hacer. Y en este poder hacer, debemos poder hacer aparecer la falta, dar lugar a la falta. El analista aun sosteniendo el encuentro y ocupando en ese primer momento el lugar de ese supuesto saber que quien consulta le supone, le atribuye, porque no hay dudas que hay que ocuparlo, hay que sostener ese pedido, va a ir de a poco haciendo aparecer la falta, la cual va a estar relacionada con la palabra y el lenguaje. La palabra que le interesa al psicoanálisis es la palabra que surge del error, que corta el sentido consciente, surge de lo fallido y hace surgir la falta. Qué falta surge: la de sentido, lo incierto de la palabra. La palabra que le interesa al psicoanálisis es la que rompe un discurso que está “armado”, filtrado por el sujeto que sin saber dice ocultando, evitando, suprimiendo, reprimiendo cuestiones que aun así afloran. Donde la persona no se reconoce, el sujeto queriendo decir algo dice otra cosa, algo irrumpe que la persona no reconoce, que corta y que abre, para lo cual es necesario e imprescindible la contraparte de quien escucha, porque la palabra está ahí, no es a descubrir o a inventar nuevas palabras o nuevos sentidos, es a poner el acento y pensar porque se dijo lo que se dijo. Van un par de viñetas:
Un paciente que se encontraba en tratamiento decía en su momento, hablando de una afección gastro intestinal que lo tuvo a mal traer durante toda su infancia: “…yo comía un buñuelo de acelga una semana y no pasaba nada, a la otra semana mi madre me daba un buñuelo de acelga y me partía al medio”, puedo asegurarles que nunca percibió ni se percató de la inclusión, en la segunda parte de la frase, de su madre. Al retomar yo este decir desde sus palabras, solo acusa que quiso decir que a veces la comida le caía mal y a veces no, sin saber por qué lo había dicho de esa manera y menos aún porqué su madre aparecía en el relato en la posición en la que quedo y en la que esta paciente la colocaba, y se colocaba, respecto a ella: alguien que la reventaba. Mi intento de tomar esto que había dicho, fallido también por no dar asociaciones al respecto, recién tuvo lugar en otro tiempo del tratamiento, en donde sí esto cobro una relevancia que ni ella ni yo esperábamos.
Otra paciente relataba agitada en el consultorio, en medio de pedido de disculpas por la demora, que había tenido que caminar mucho para llegar. Cuento que es una paciente que esta hace más de dos años en tratamiento y sabe perfectamente cómo llegar al consultorio y en que parada debe bajar del ómnibus. Lo cierto es que había bajado cuatro paradas antes, a decir de ella por un error, una confusión. El devenir de la sesión marco que se había bajado en la puerta del trabajo de su ex pareja con la que mantiene un enfrentamiento judicial el cual le genera serios inconvenientes.
¿Qué pasó en estos casos? El decir de determinada manera, lo fallido del decir o del hacer de por si no son nada, no tienen ninguna consecuencia en cuanto que son realizados o pronunciados y terminan en el basurero. Ese es nuestro lugar! El basurero. Ir a buscar eso que el sujeto deshecha, tomarlo ponerlo sobre la mesa y pensar, como decía más arriba, porque dijo lo que dijo y no lo que quiso decir, el denunciar esta palabra es tarea reservada al analista. Esta es la palabra que nos da entrada, la cual no podemos perder nunca de vista, si hay algo que debemos buscar son estos pequeños resquicios que el inconsciente no deja de acceso, esa puerta que se entreabre. Insisto que ese entreabrir no implica que sea algo escondido, si algo mostró Freud con su “Psicopatología…”, es que de esto está lleno el aire, porque la represión que actúa como mecanismo para evitar que esto aparezca en la conciencia no solo no hace bien su trabajo sino que lo hace mal, es decir, no solo aparecen en la conciencia manifestaciones inconsciente sino que también da por consecuencia padecimiento. O sea que hay ahí una doble falla también. La represión no es efectiva y eso busca la regla fundamental que algo escape, que algo se manifieste, ¿Qué?, el inconsciente, de hecho no el inconsciente sino sus llamadas manifestaciones.
La denuncia de estos fallos pone al sujeto en relación con la falta de la que hablaba más arriba, falta como quería pensarla hoy en relación al sentido, que se corta con la irrupción del inconsciente en la sesión analítica.
SIEMPRE LA FALTA!
Siempre la falta, uno lo escucha por todos lados, aparece en el aire, “Blowing in the wind” diría Dylan, o como la cita de Freud al principio de la Psicopatología “de esa lobreguez está tan llena el aire que uno no sabe cómo podría evitarlo”, si llueve queremos el sol, si hace calor queremos frio, etc. Es decir, que lo que a uno le falta ha sido y es un elemento con el que el ser humano convive, y con lo cual estamos en relación continua, continuamente estamos conviviendo con la/s falta/s, y ese es el tema, porque siempre nos va a faltar, de ahí que debe haber un saber hacer con esa falta. Desde el principio de nuestra vida la falta nos pone en relación a un Otro, ¿Qué quiere ese otro? Si lo sabemos tal vez eso nos calme y si no aparecerá la angustia, es decir, que ya desde ese primer momento vamos a quedar en relación con la falta y de esa primera relación con el exterior vamos a aprender que eso que sentimos (angustia) se puede calmar pero que debemos pedirlo, esta es la reacción de la madre al llanto del bebe: “tiene hambre”, algo se decodifica que el bebe no puede entender ni codificar por si solo en ese momento.
Retomando esto en relación a quien nos consulta, debemos pensar que quien requiere ayuda viene por un sentimiento que no es agradable, quien emprende un tratamiento analítico tiene que saber que este requiere de un compromiso y un trabajo que es ineludible. Es ineludible su implicación, no es el psicoanálisis una especie de actividad intelectual para personas que quieren conocer yo que sé qué cosa de sí mismos y vienen a buscar una especie de actividad intelectual de intercambio con el analista a modo de café literario, o no sé qué cosa. No hay a mi entender nada más alejado del psicoanálisis, este implica vivencia, experiencia que se asocia a cosas que a uno lo afectan y lo llevan hoy a pedir ayuda, son del orden del dolor, por demás algo inherente al ser humano, nos duele y nos va a doler siempre, no es algo que podamos evitar, la sensación la vamos a tener, ante la muerte de un ser querido, ante el abandono de alguien amado, etc. pero el psicoanálisis encuentra un lugar para que esto no se eternice en el sujeto.
CONCLUSIÓN MOMENTÁNEA
Para ir terminando con esta lectura he querido hoy decir algo en relación a los fundamentos del psicoanálisis, premisa que nos convoca en estas jornadas. He querido poner de manifiesto algo que es nuestra moneda corriente como decía y que trata del hilo entre sujeto y el mundo, la palabra y lo dicho, así como en el analista la escucha para remarcar que dos personas que dicen con las mismas palabras hablan de cosas diferentes, dicen cosas distintas, así como que dos personas no sufren de la misma manera, no les afectan las mismas cosas, no desean de la misma manera. Por esto creo que el psicoanálisis, lo dicho en psicoanálisis, su teoría, plantea la cuestión de no poder ser aplicable a ningún sujeto sin perjuicio de su desarrollo y esto también hace a su particularidad, tal vez tema de otro momento.
En relación con esto les dejo una cita de Lacan que lo diría así: “A través del discurso de uno, el otro intenta de hacerse una idea de lo que se trata y descubrir más allá del síntoma aparente el nudo difícil de la verdad. La otra función del analista es explicar el sentido de las palabras (…) un intercambio donde lo importante es que uno habla y el otro escucha”.
Álvaro Tulaniche.
Segundas Jornadas de la Red Lacaniana de Psicoanálisis 14 de abril de 2018.
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