«El amor Cortés, no fue un simple juego»
El amor cortés nació como un juego; un juego realizado por nobles para los nobles y como todo juego tenía sus reglas y sus expertos en ellas, las cuales constituyeron un discurso. Partes de este discurso se fue integrando luego al discurso social y resonó muy lejos de su fin inicial determinando conductas, percepciones y roles sociales y hasta me atrevería a decir, muchos síntomas con los que habitualmente nos vemos en la clínica.
Cuando nos referimos al amor cortés no podemos hacerlo sin tener en cuenta un fenómeno cultural nacido en el siglo XI que fue la poesía y música trovadorescas. Estas fueron la creación de unos especiales poetas llamados trovadores, los cuales realizaron un género de poesía lírica que se desarrolló fundamentalmente en lo que hoy es el sur de Francia, en especial en la Occitania y la Provenza, en la vertiente norte de los Pirineos. Dicho movimiento se expandió luego en el norte de Italia, Alemania y la Península Ibérica.
Estos poetas tenían una característica y es el hecho de que todos eran hombres y en su gran mayoría pertenecientes a los estratos más altos de la sociedad de entonces, a saber la nobleza. Para dar algunos ejemplos, fueron trovadores entre otros, el rey de Castilla Alfonso X, el Sabio y el rey de Portugal Dionisio I. El primer trovador del cual se tienen registros históricos fue Guillermo de Poitiers, duque de Poitiers y Aquitania. Este sujeto fue el abuelo de una mujer a la que haremos referencia en el desarrollo de este tema, la célebre Leonor de Aquitania, gran mentora del arte trovadoresco. Ella, junto a su hija María de Champagne vivieron y participaron en la culminación de este fenómeno cultural de fulgurante aparición y del que aún persisten sus ecos en nuestros días.
Este movimiento cultural como lo señala Lacan en el Seminario 7, fue el comienzo de un cambio de comportamientos y mentalidades en lo referente a la concepción del amor y a lo atinente a las relaciones entre
hombres y mujeres por medio del establecimiento de pautas de comportamiento, de lealtades y de medidas de ejemplaridad de conductas.
Se realizó así la construcción de nuevos ideales en el intento de regular los vínculos sociales, inclusive más allá de los vínculos de pareja. Esto fue debido a que el arte trovadoresco no habló solamente del amor sino también de otros temas tales como la amistad, la religión, temas heroicos, etc.
Otra particularidad que presentó esta poesía fue el hecho de ser escrita en lengua vulgar y no en latín como era habitual en ese entonces. De ahí la distinción que se realizaba en el medioevo entre trovadores, troveros, poetas y juglares. Los primeros usaban la lengua de Oc que era la hablada justamente en el sur de la actual Francia mientras que los troveros eran los que componían en la lengua de Oeil, hablada en el norte y que dio origen al francés moderno. Los llamados poetas en ese entonces componían solamente en latín, mientras que los juglares eran principalmente intérpretes de lo que componían los anteriores.
Sin embargo y dejando de lado la lengua empleada, la obra trovadoresca era muy homogénea como corpus poético en el sentido de la complejidad estructural de los versos. Hay muchos géneros en este discurso, pero el que más nos importa es el llamado cançó o canción que es el que tratará el tema del amor centrado en la Dama. Consigno de paso, que existe otro género, el llamado Maldit que también se centra en la Dama pero en el odio a la misma pero lamentablemente no encontré ejemplos de este.
Otra característica a destacar acerca de la homogeneidad de este discurso poético es que el personaje de la Dama no se refiere nunca a caracteres de una mujer concreta, individualizable, sino que es una mujer genérica. Varios autores, Lacan entre ellos, consignan que si tomamos la obra de diferentes trovadores de distintos lugares o inclusive épocas, todos parecen hablar de la misma persona. La Dama era de alguna manera, una mujer abstracta o genérica. Para ir pensando las posibles consecuencias de esto, ¿podemos inferir que dicho discurso impondría en el futuro a las mujeres las características de la Dama?
Conjuntamente la trova es un arte que florece en una época y en una realidad social concreta no proclive al realce de la figura femenina. Por el contrario, las mujeres solo eran objetos de intercambio matrimonial entre las familias nobles, siguiendo así las leyes de estructuras elementales de parentesco que enunciara Levy-Strauss. De esta manera como lo establece Lacan, las mujeres no tenían otra libertad que la de recurrir a la Iglesia como protección entrando a la vida monástica, si así lo deseaban o necesitaban.
Conjuntamente algunos historiadores consignan que la sociedad medieval era una sociedad de hombres signados por la brutalidad de costumbres, llegando incluso, al decir de alguno de ellos, que se trataba en conjunto de una sociedad masculina en posición homosexual.
Sin embargo es en este contexto en que surge un discurso poético lírico que propone un ideal absolutamente contrario, donde en líneas generales un hombre es posicionado como siervo de una dama a la que mendiga sus favores por medio de la galantería y la cortesía hacia la misma.
Lacan dirá “todos los historiadores son unívocos: el amor cortés era en suma un ejercicio poético, un modo de jugar con cierto número de temas convencionales, idealizantes, que no podían tener ningún equivalente real concreto. Sin embargo, esos ideales en cuyo primer plano se encuentra el de la Dama, vuelven a encontrarse en épocas posteriores, incluso en la nuestra. Sus incidencias en la organización sentimental del hombre contemporáneo son totalmente concretas y perpetúan en él su huella.”
La poesía del amor cortés es una estructura significante, casi diría un lenguaje con leyes muy estrictas que determinaron inclusive la existencia histórica de un juego de sociedad llamado cortes de amor. Las mismas eran tribunales oficiosos que fallaban ante querellas entre trovadores, también ante temáticas en lo ateniente a la galantería u otras cuestiones referidas al amor. Todo esto, subrayamos, se hacía a manera de un juego en reuniones de entretenimiento cortesanas. Dichos tribunales o cortes estaban integrados por trovadores o nobles interesados en el juego, tanto hombres como mujeres. Entre éstas se destacó con singular importancia
Leonor, duquesa de Aquitania y reina consorte Francia e Inglaterra sucesivamente.
Lo que llama la atención es justamente la fuerza que tuvo y generó esta poesía y estas cortes de amor tras la cual quedaron comprometidos tantos sujetos en el momento de su aparición así como en los siglos posteriores ya cuando “las claves del asunto” al decir de Lacan, fueron olvidadas.
Esto último creo, que es lo que hace interesante el estudio del amor cortés pues hablamos del compromiso de las estructuras psíquicas con este discurso en los siglos posteriores.
Lo basal de éste es que la Dama se vuelve aislada, inaccesible. Con esto no estoy diciendo que en el amor cortés no sea posible tener sexo. El sexo podía llegar a ser posible pero a condición de una serie de restricciones. No era cuestión de quiero y lo obtengo. Era algo que dejó de ser fácil y tal vez en eso residía su encanto. Las barreras podían ser de muchos tipos. La principal y absolutamente condicionante era que la Dama debía estar casada. Las mujeres solteras no tenían cabida en este discurso de amor. Si la dama está casada se la puede amar pero a condición de que no será toda para el amante, introduciéndose así algo del orden de la falta en la relación amorosa. El amor cortés es de alguna forma siempre, un amor contrariado, un amor en el que por alguna causa, el deseo no puede satisfacerse, al menos enteramente.
Les traigo unos versos de Jaufré Rudel, un trovador de quien la leyenda cuenta que se enamoró de una dama a quien no conoció personalmente por haberla tratado, sino por lo que había oído de ella.
Amor de tierra lejana
por vos el cuerpo me duele;
y no puedo encontrar remedio
si no oigo vuestra llamada
con reclamo de dulce amor
en un jardín o tras cortina
con la compañera deseada.
Mi voluntad me lleva hacia ella,
La noche y el amanecer sufriendo
por deseo de su cuerpo;
pero viene despacio y despacio me dice:
Amigo, dice, celosos y malvados
han armado tal jaleo
que será difícil resolverlo
y que ambos placer tengamos.
Hasta aquí algo de la historia de este género poético creado hace novecientos años pero que aún resuena por sus efectos tanto sociales como psíquicos. A partir del mismo comenzó una nueva regulación en el vínculo entre hombres y mujeres por lo menos en Occidente.
Pero la influencia de la poesía trovadoresca fue mucho más allá. Fue un discurso que hizo y tiene hoy efecto de estructura en los sujetos y por eso el amor cortés interesa al psicoanálisis.
En primer lugar la trova es un discurso prescriptivo de conductas por lo que nos encontramos con un acervo significante que tuvo y tiene efecto de estructura pues dejó huellas o marcas que se han seguido trasmitiendo de generación en generación.
Tal vez el poder de influencia del amor cortés radica en algo que Lacan estudia en el Seminario 7 cuando trabaja la sublimación y es la función que cumple el arte y en especial la poética. Allí nuestro autor trabaja la función del arte como una de las formas de la sublimación y en especial estudia la relación de la misma con la Cosa freudiana, das Ding. Ante la imposibilidad de representación de ese vacío dejado por la satisfacción primigenia del sujeto en sus comienzos, este buscará satisfacciones que serán siempre parciales. Se crea así un lugar, un topos que es das Ding, lugar este que puede ser parcialmente llenado pero nunca colmado.
¿No resuena algo de esto en la poética del amor cortés, en esta dama que no puede ser alcanzada totalmente, que no termina de entregarse? O en otras palabras, ¿una dama que no cesa de no entregarse? ¿No está bosquejado en la poesía trovadoresca aquello de que “no existe relación sexual”, de que el hombre y la mujer no son complementarios? Esta insatisfacción a partir de algo que siempre falta no es una cuestión de género. Esta insatisfacción, ¿no es lo que escuchamos en la clínica frecuentemente tanto en pacientes hombres como en pacientes mujeres? ¿Estamos hablando siempre y en última instancia de la demanda permanente de amor?
La espera del don de la Dama es a mi entender una metáfora de la espera de satisfacción del sujeto a través del otro y que es leído como don de amor. La Dama está así ocupando un lugar vacío a título significante. Tan es un significante, que hoy en día se puede ver en el sur de Aquitania, que en todos los pequeños pueblos y también grandes ciudades, peluquerías femeninas, tiendas, centros de enseñanza, etc.; llevan el nombre Leonor o sus variantes Eleonor, Elinor, Leonora en recuerdo de aquella mecenas del amor cortés llamada Leonor de Aquitania. En definitiva la misma fue puesta en el lugar de la Dama y convertida en significante de lo femenino.
La Leonor histórica fue una mecenas del arte trovadoresco e integró las mencionadas cortes de amor. Sin embargo más allá de su fama, la misma no fue una revolucionaria en lo que a la liberación de la mujer se refiere. Fue a lo sumo, una innovadora en algunas costumbres. Sí fue una defensora acérrima del orden feudal y sus privilegios. Ya con ochenta años y cercana a su muerte, viajó desde Poitiers hasta los reinos españoles con el fin de elegir entre sus nietas a la esposa del futuro rey de Francia, nieto de su primer marido. Las mujeres nobles seguían siendo así, moneda de intercambio. El amor y otras formas de ser mujer (u hombre) permanecerían como un ideal a lograr.
De todas maneras se fueron logrando cambios de mentalidades al respecto. A comienzos del siglo XVII surgió otro movimiento poético, también dentro de la nobleza francesa pero integrado inicialmente por mujeres aunque también se sumaron hombres, para corregir nuevamente las groserías en el trato entre hombres y mujeres en que había caído la corte en el reinado de Enrique IV. Dicho movimiento fue llamado de las Preciosas justamente por el preciosismo de sus versos y de las conductas propuestas. Pero esto ya es otra historia.
Para Lacan, el amor cortés es un artificio que influenció y complicó las relaciones entre el hombre y la mujer y esto ha sido con efectos duraderos hasta nuestros días.
Así el amor cortés se define como “técnicas de circunspección, de suspensión, del amor interruptus”. Es un conjunto de reglas que exigen la separación en el tiempo entre el deseo por la dama y el don que la misma puede llegar a otorgar. Lacan dirá que el amor cortés impone “el placer de desear con la valorización sexual de los estados preliminares del acto de amor”.
Todas estas reglas enunciadas a través de la poesía trovadoresca llevaron a una idealización del objeto femenino que fue determinante en los sujetos de generaciones futuras. También prescribió las conductas que debían mostrar los hombres para poder conseguir los dones de esa mujer idealizada que es lo que hoy conocemos como ser un caballero para una mujer
Creo que podemos pensar que el discurso inaugurado por los trovadores fue un discurso prescriptivo que de alguna manera puso límites a los goces que determinaban las relaciones entre hombres y mujeres hasta el momento de su aparición, creando nuevas maneras de relacionamiento.
Dicho discurso tuvo así también un efecto en la estructuración de los sujetos y sus efectos nos llegan hasta hoy en día. ¿No hemos escuchado cosas en la clínica tales como “Estoy cansada de los hombres. Quiero uno que se juegue por mí, que si se la hago difícil igual esté” o “Me gustan las mujeres que no me la hagan fácil para conquistarlas de lo contrario me aburren y las dejo enseguida”.
El juego del amor cortés brindó a la cultura nuevas formas de amar aunque esto no fue sin complicaciones en las relaciones entre hombres y mujeres. Tal es la complejidad obtenida hoy en día, que podemos observar restos del discurso del amor cortés inclusive en los síntomas con los que trabajamos en nuestra clínica.
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Leído en plenario 29.04.2024
