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«Frente a una irrupción de lo Real»

Lejos de las guerras, las pestes, las hambrunas, los accidentes climáticos, y el trepidar de la tierra, nuestro apacible país, al igual que otros países, tiene sorpresivamente  que hacer frente a este Coronavirus Covid 19 y a diferentes consecuencias que se generan.

Es algo que irrumpe en nuestras vidas, trastocando hábitos, intercambios, desplazamientos, enfermando, causando problemas económicos, y muchas incertidumbres en relación al porvenir.

Nos han indicado una serie de cuidados para evitar el contagio, tanto para defendernos de ser infectados, como para no contaminar a otros. Ahora lo sabemos, y con toda la inexperiencia de un pueblo que hace mucho no enfrenta algo así, lo tratamos de hacer.

Lo que quiero decirles en esta comunicación, como también dice Lacan, no podemos recular ante la irrupción de lo Real.

Los seres humanos comunes, no me refiero a los superhombres nietzschianos, sino a nosotros, ante ciertos acontecimientos de lo Real,vemos que se rompe la normalidad o eso que vivimos como normal, normalidad que es monótona y repetida. Sabemos que esto no es otra cosa que la monotonía de la escena que armamos desde el fantasma donde estamos instalados y a las defensas neuróticas. La irrupción de lo Real produce un corte a los hábitos, y a la morosa experiencia de estar dando vueltas en círculos alrededor de un goce sobre el que construimos una escena y luego, nos defendemos.

Este acontecimiento de lo Real surge de una causa que aparece sorpresivamente, y que al no provenir de un encadenamiento de hechos de los cuales se espera un desenlace determinado, no es calculable y remite más bien a los imposibles de la situación, pues surge desde algún vacío que toda situación contiene, pero queda fuera de las leyes regulares de esa situación, implica una novedad radical, es una ruptura en la cual ya lo anterior no puede sostenerse como era.

Ahí nos damos cuenta que todo orden o estructura son más precarios de lo que parecen. Albergan en su seno virtualidades negadas que en algún momento pueden irrumpir, abriendo posibilidades alternativas.

Justamente porque estas “virtualidades negadas” según Badiou, se activan en una situación transferencial desencadenante. Finalmente, la idea de que el acontecimiento sólo “ocurre” es problemática, puesto que es necesario que el acontecimiento sea “nombrado” y que se le otorgue un significado definido para que despliegue el conjunto de sus posibilidades. Y con ello entramos en el manejo social que se hace de la irrupción.

Sabemos que en el hablante-ser hay una “servidumbre voluntaria”  que se introduce por el significante insensato de la ley. Xixek Slajov nos dice en “El sublime objeto de la ideología” que los discursos sobre lo social que operan a través de una totalización, al hacer consenso, pueden funcionar como una “maquina simbólica” externa, que se experimenta en la economía inconsciente de los sujetos como mandato traumático, sin sentido, no significante.

Porque funciona como el significante insensato de la ley. Y lo que va a causar es la sumisión del sujeto al mandato. Sumisión a un amo que tiene el poder. Que en esa dimensión es EL poder. Quienes no compartimos esto,  sólo podemos llegar a tener nuestra porción de poder, a condición de ubicar el objeto faltante en el corte entre el Otro y nosotros.

Se trata de la posición subjetiva de cada uno y por ende, del acto que constituya la caída del objeto con el que completamos a ese Otro omnipotente, así como a nosotros mismos. Los psicoanalistas tenemos que realizarlo a partir de un social descompletado, ni más ni menos que lo que sucede con nosotros mismos y la castración.

Hay dos términos que es necesario integrar para que desde el psicoanálisis podamos proponer algo diferente, se trata de la falta de objeto y de lo imposible. Y una pregunta clave para saber cómo estamos posicionados en esto es ¿en dónde ubicamos el deseo propio entre nosotros y lo social?, y la otra es ¿qué lugar damos a lo imposible de la relación entre los hablante-seres?

La realidad social tal como es dicha, es como esos collages que se realizan con distintas texturas, a través de la recolección de restos, con variedad de colores y aún de palabras. La realidad social es por tanto, una creación; que como la artística, una vez que se la produce, se le impone al sujeto.

Tenemos que crear las condiciones para que se pueda producir desde el psicoanálisis un acto analítico que haga un corte,  poniendo en suspenso el sentido común vigente que lleva a la producción de consensos sociales, y que desde sus clichés vacíos y repetitivos funcionan como esa “Maquinaria simbólica” que contiene en sí misma al significante insensato, o esa ley que se impone desde un real no simbolizable. En estos tiempos, la pura repetición de los medios de comunicación, en todas las horas de los significantes “guerra”, “aislamiento”, “cuarentena”, ¿con qué los asociamos?, el conteo diario de los muertos o de los heridos ¿a qué escena nos lleva?, ¿ante qué estamos, que no es posible la distracción?

Con esta irrupción de lo Real o nos ubicamos a merced de un Otro que ataca nuestra existencia, o avanzamos a través de la invención y creación, más allá de nuestros hábitos y defensas.

Con Lacan podemos pensar como “un acto verdadero es inseparable de la modificación en la posición subjetiva, modificación que impide al sujeto reconocerse en él”, porque el acto se despliega en relación a lo que el sujeto del acto no es.

Estoy de acuerdo, el potencial creativo para los sujetos realizar el acto, está en los elementos de su estructura que vayan a ser activados y de ahí la creación. Pero quiero destacar algo, que estimo muy importante, un acto se desarrolla sobre una situación transferencial que lo posibilita. Recuerdo al Freud que al referirse a su experiencia durante la primera guerra mundial, decía que él veía que ante circunstancias extremas, los neuróticos remitían o suspendían sus síntomas. Lograban actuar de otra manera.

Siempre hay una transferencia en juego desde quien realiza el acto. Sea ella con un analista o con otros hablante-seres. Y lo que quiero decir, es que en el contexto de esta transferencia es donde se desencadena la activación de elementos heterogéneos de la estructura.

La pregunta al Otro, ya no es qué tenemos que hacer, sino que quiero hacer ante esta situación. Sabiendo que una cosa es tener miedo a una posible muerte, y otra muy diferente es el terror y el pánico masoquista ante la certidumbre de la muerte, lo que nos acercan a una inminencia, las más de las veces imaginadas.

Entre la creación y la parálisis, entre sostener el deseo o ser un puro objeto, víctima de un oscuro Otro, están las alternativas.

Un antiguo cuento árabe, dice que un hombre que iba caminando cerca de Bagdad sorpresivamente se encuentra con la peste, y establecen este diálogo:

  • Apenas recuperado del susto, el hombre le preguntó ¿a dónde vas?
  • La peste le contestó tan rápida como caústica: Voy a Bagdad a matar a 10.000 personas.

Un tiempo más tarde vuelven a encontrarse en el camino:

  • El hombre indignado le reprocha el haber sido engañado: Me dijiste que ibas a matar 10.000 personas y mataste 40.000!
  • No, -comienza diciendo la peste-, maté sólo 10.000, los demás murieron de miedo.

Finalmente, damos por buenas las recomendaciones para no contagiar y ser contagiados, pero lo que no se dice, es que lo primero que tenemos que atender es ¿en qué posición subjetiva nos ubicamos frente a la irrupción de lo Real, esta u otras?; y allí radica la base de nuestra defensa. Sabemos que el terror, el pánico, y la depresión ante lo que se siente como perdido, a nivel corporal, nos dejan más expuestos al ir disminuyendo nuestro sistema inmunitario.

Parafraseando al Neruda cuando dijo “Si nada nos salva de la muerte, al menos que el amor nos salve de la vida”, hoy lo podemos decir así, si nada nos salva de la muerte, al menos que nuestro deseo nos salve de una vida desmochada.

Eso sí, sin dejar de lado al amor.

Ricardo Landeira

Si desea enviar un comentario sobre el texto al autor, puede dirigirlo a ricland@netgate.com.uy

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