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«La sexualidad no es lo que se espera»

ANTECEDENTES:

El presente trabajo es un capitulo de una  investigación, que estoy llevando a cabo, en el marco de una Maestría en Psicología y Educación, busco la influencia si es que lo hubo, del psicoanálisis en la Educación en el Uruguay.   Encuentro dos acontecimiento que marcaron la influencia o por lo menos se hablaba de psicoanálisis que fueron: 1- un debate sobre Educación Sexual, suscitado durante el Segundo Congreso Médico Nacional, celebrado en Montevideo en 1921, entre la Dra. Paulina Luisi y el Dr. Juan B. Morelli, y 2- un seminario en 1925 realizado por Sebastián Morey Otero, primer docente de psicopedagogía, realiza una exposición sobre algunas ideas freudianas.  Realizo aquí una breve comparación con las ideas de Michel Foucault que tienen que ver con sexualidad y discurso, y la relación con el psicoanálisis.

Cuando comienzo a escribir este trabajo, me interrogo primeramente sobre que es investigar en Psicoanálisis; e inmediatamente recuerdo un libro que leí de Pura Cancina llamado “La investigación en psicoanálisis “y allí, trae desde la etimología que investigar viene de “vestigio” y vestigio, originariamente, se nombraba a la planta del pie; Cancina realiza una extensión metonímica diciendo planta del pie como la suela del calzado y de ahí por derivación pasa a ser la huella. A mi entender la huella que queda en la tierra del pie del hombre, también podemos pensar en la memoria, huella que queda de algo muy significativo, y que nos conduce a la idea de investigación y que queda en la historia.  Como lo decía al principio esta investigación tiene que ver con estudiar y conocer la historia, es una investigación documental. Ahora les voy a contar sobre el primer acontecimiento que a mi entender marco o dejó huella el psicoanálisis en la educación del 1900.

EL DEBATE:

Organizado por la Sociedad de Medicina de Montevideo, el Segundo Congreso Medico Nacional en 1921, se presenta desde los documentos como escenario de un fuerte debate: de un lado, la Dra. Paulina Luisi, primera mujer médico de nuestro país, maestra, fundadora del partido socialista, plantea al congreso la necesidad de abogar antes las autoridades de Instrucción Primaria y Normal, para introducir la Educación Sexual en las escuelas, y en la formación de las maestras. El Dr. Juan B. Morelli, católico confeso, miembro del Partido Nacional, eminencia nacional en la terapéutica de la tuberculosis, se opone tajantemente a dicha enseñanza, a la que compara con “una bolsa de serpientes en el camino de niños”. Respecto de su intervención, referirá a que “casualmente pasaba por allí”, cuando la Dra. Luisi realizaba su exposición: “Educación Sexual”; y cuyas “afirmaciones y propuestas {él} no podía dejar pasar sin protesta y sin replica” (Morelli, 1922, p.179). Luego, al reconstruir su intervención para las Actas del congreso, elabora un documento de sesenta páginas, que se publica a continuación: A propósito de la Instrucción sexual, al que desde la primera línea tilda de “ataque a las conclusiones que acaban de emitirse”. La anécdota puede resultar ilustrativa de las tensiones ideológicas y del discurso imperante de la época, pero también de dos posiciones antagónicas, que se tornan representativas de la subjetividad de dicho período.

El mencionado congreso, sucede en Montevideo del 16 al 23 de octubre de 1921, la edición anterior había ocurrido en 1916, con la participación de 250 médicos, entre ellos Juan A. Rodríguez con una minuciosa exposición titulada Profilaxis de la Sífilis. Este antecedente resulta la primera referencia que trae Paulina Luisi en su presentación, allí se argumentaba la necesidad de instruir a los jóvenes sobre “los peligros del onanismo, de la sífilis, blenorragia y chancro simple”, se instruía a los médicos en la sintomatología, el diagnóstico y el tratamiento de la sífilis, planteándoles la obligación moral de investigar en la enfermedad, y se responsabilizaría al Estado de impartir una enseñanza adecuada. Mostrará además los sucesivos esfuerzos realizados por introducir esta educación en el sistema escolar, y la sistemática y férrea oposición que ofrecieron los maestros. (Luisi, 1922, p. 146-7).

Una primera diferencia entre ambas exposiciones, resulta de cómo se nomina el objeto de las mismas, mientras una alude a “educación”, la otra refiere a “instrucción”. Se discute en un ámbito médico sobre un objeto no científico, sino moral. La finalidad que persiguen ambos expositores, en apariencias es la misma, una moral sexual, que permita el control, o reduzca los riesgos de una epidemia. Los matices se visualizarán en los medios; la preocupación de Luisi es profiláctica, y más pedagógica que la de su contrincante, quien se muestra absolutamente desilusionado por la moral moderna que regula las prácticas sexuales de su tiempo, en detrimento de una moral clásica. En ambos autores puede reconocerse una identificación del “impulso sexual” como algo que proviene de una “obligación social de continuidad de la especie”.

Luisi  se detendrá en observar conductas; si bien la curiosidad del niño aparece como datos natural, no se vincula a ello a una sexualidad infantil, sino como efecto del ocultamiento de los adultos. Imposible de ser pensada, la sexualidad infantil aparece como una referencia a la que recurre desde la negación respetuosa que le hace a la teoría freudiana. Sin embargo, se da cuenta de que la infancia resulta una construcción fantasmática del adulto, y dice:

            El adulto comete casi siempre el mismo error pedagógico, inconscientemente atribuye al niño sus propios sentimientos de adulto y procede en consecuencia: grande error. Lo que es capaz de excitar los deseos sexuales de un adulto, deja completamente indiferente a un niño impúber. (Luisi, 1922, p.154)

Entonces afirmará que es posible hablar a los niños, siempre de cierta manera, sobre cuestiones sexuales, “sin que se produzca en ellos la más mínima excitación.” (ob.cit., p. 155).

En la antípodas la posición de Morelli plantea que la inmediata consecuencia del saber, es la acción, de ahí su lucha por la castidad. Al respecto dice:

        Ningún otro sentimiento como el sexual es capaz de dominar al hombre de manera tan absoluta que le haga olvidar por completo el respecto a los derechos y al bien ajeno;…al abandono total de la propia libertad con el naufragio de los demás sentimientos de honor, deber y dignidad que anidan en el alma humana. (Morelli, 1922, p.180).

Para Morelli, el “instinto sexual” ocupa un lugar central y paradójico. Lo plantea como necesario para la especie, pero es descartable y secundario en cada individuo. Por un lado se trata de un impulso potente, “animalesco” y peligroso, pero dominable por un ejercicio de la voluntad. Siempre presente, como amenaza moral, debe evitarse nombrarlo porque la palabra tiene el poder de activarlo. En torno a la sexualidad infantil, Morelli plantea una “petición de principio ante la extensión del concepto de sexualidad” atribuible a Freud. Admite la importancia fundamental que tienen los sentimientos morales para la represión del sentimiento sexual. Se opondrá a cualquier tipo de “instrucción sexual” destinada a los niños, aludiendo a que aumenta la perturbación, y el desequilibrio emocional.

Ambos expositores presentan un plan, que tiene alcances diferentes, uno va dirigido a la educación y el otro a la represión. La innovación del plan pedagógico planteado por la Dra. Luisi, insistirá en la asociación “científico-moral” de la Educación, y advierte que el mayor error es considerar la profilaxis venérea  como la parte más importante de la educación sexual. Para Luisi, la educación sexual debe comenzar “desde siempre”, aprovechando la curiosidad infantil, incluso antes de la escolarización, y luego incluyéndola  en el resto de los conocimientos escolares. (Luisi, 1922, p.172). La propuesta deontológica del Dr. Morelli bajo la lucha por la castidad, propone una serie de acciones para una campaña represiva,  que incluye, entre otros, desde la persecución a los pensamientos, la prohibición de lectura eróticas, los piropos a las mujeres, los besos en el cine, y por último “agitar el espectro de las enfermedades venéreas, con su carácter repugnante” (Morelli, 1922, p.197-200)

Mientras para Luisi el saber es una forma de prevención para Morelli funciona como una incitación a la perversión; el discurso médico higienista opera sobre las prácticas pedagógicas, vehiculizando su poder sobre lo social y cultural. A su vez el poder médico comienza a valorar la importancia de dichas prácticas en la prevención de las enfermedades. Las condiciones bio-politicas que vieron surgir el proceso de medicalización de la moral (Barran, 1995), e instalaron la salud como valor supremo a principios del siglo XX, se desarrollaron en un clima de secularización y avance de eugenismo, con el aval de los médicos como agentes civilizatorios muy eficaces de la represión sexual.

 Entiendo que esta represión sexual se ubicará dentro de lo que Foucault (1978) llama “hipótesis represiva”, según la cual la era victoriana se caracterizaría por una serie de prohibiciones en torno al sexo. Estas prohibiciones abarcarían la de hablar sobre sexo, haciéndolo desaparecer de los discursos, tal como lo quería Morelli, Foucault refutará esta hipótesis sobre todo en los primeros dos capítulos  de la “Voluntad de saber” al mostrar el juego por el cual, mediante la permanente incitación a los discursos sobre el sexo, la sexualidad dará cuenta de una permanente “puesta en el discurso del sexo”, como ejercicio de un poder que busca saber, y un placer en la búsqueda de tal saber. Esta puesta en discurso, aun con sus juegos de prohibiciones, y lenguajes asépticos, no será otra cosa que el juego de una “voluntad del saber” sobre el sexo, del que se pide que sea, en definitiva, el lugar de la verdad del sujeto. Como señala Foucault en La voluntad de saber, “Al menos hasta Freud, el discurso sobre el sexo-el discurso de científicos y teóricos-no habríacesado de ocultar aquello de lo que hablaba” (Foucault, M. 2006, p.67).

En la voluntad del saber  Foucault plantea a la sexualidad como objeto y objetivo del saber; a la vez que dispositivo de poder y por lo cual estudia el conjunto de estrategias desarrolladas en la cultura occidental para someter a los sujetos a través de ese discurso que llamamos sexualidad, en tanto ese saber constituye el poder de los cuerpos, de los sujetos. El saber que es poder, saber que se ejerce directamente desde esos múltiples ámbitos como son las estructuras religiosas, las formas pedagógicas (Educación sexual), las practicas sobre los cuerpos, etc, entonces, ¿de qué modo estos comportamientos han llegado a ser objeto de saberes, cómo se han constituido esas prácticas en objeto de saber?; ¿por qué y cómo, se ha organizado este campo de conocimiento sobre sexualidad en las escuelas?   Estas preguntas guían  mi investigación.

Pero hay una pregunta muy importante que es la que quiero discutir  con ustedes: y ¿es cómo es que hoy a más de 100 años aun se sigue discutiendo sobre la educación sexual, o sobre sexualidad?

De alguna manera el Uruguay no fue exento de esa repetición de acciones  con lo que Foucault establece, donde la sexualidad es introducida por éste como un punto de pasaje para las relaciones de poder, como unos de los elementos de mayor instrumentalidad para el mismo; utilizables para el mayor número de maniobras y capaz de servir de apoyo a las variables estratégicas. No hay una estrategia única, global, válida para todas las sociedades y enfocada de manera uniformes sobre todas las manifestaciones del sexo.

Pero mi idea no es hablar de la obra de Foucault sino del psicoanálisis. Entonces ¿Qué es la sexualidad para el psicoanálisis?: no es el sexo anatómico, ni tampoco el acto sexual, porque por algo Freud habló de la sexualidad infantil y de su incidencia en relación a la vida erótica de cada adulto.

Ahora bien, vieron que mi investigación tiene que ver con la Educación sexual, si la sexualidad es natural, ¿Por qué, entonces, es necesario educar? A mi entender la educación sexual manifiesta un deseo de domesticar a la sexualidad. Teniendo en cuenta que la misma es natural. Por lo tanto no debemos olvidar que educar también es prohibir, inhibir y reprimir. Ahora bien en la “voluntad de saber, el concepto de represión” es el que está en juego, por un lado Foucault critica al psicoanálisis como también critica la idea de poder.

Foucault hace parte al psicoanálisis de lo que él llama “Scientia Sexualis” y del discurso sobre el sexo de Occidente y establece una separación entre un antes y un después de la era victoriana, edad en la que Freud promovió la “Moral Sexual Cultural” siendo fuente de neurosis y el Malestar en la Cultura”. Bueno aquí lo que quiero es problematizar por un lado la función de la represión y por otro la realidad reprimida o la naturaleza de lo reprimido, es decir una “sexualidad natural” que preexistiera  al discurso ejerciendo la represión. Habría entonces una supuesta naturalidad de la sexualidad, que pasaría a ser “hipótesis represiva”, que supone una concepción de la sexualidad susceptible al dispositivo analítico.

Este dispositivo analítico Foucault lo vincula con la pastoral y la moral cristiana que encuentra en la confesión una práctica que establece una nueva economía sobre el placer y en la que la influencia sobre el sexo se da como mecanismo de poder.

Ahora bien ¿cómo podemos pensar la represión propia de la época victoriana, aquella de una moral burguesa y que induce a mi entender a una política de la liberación a través de un cierto tipo de psicoanálisis?

¿Es posible entonces sostener que algo pueda decir el psicoanálisis en la historia de la sexualidad, a la voluntad del saber, a las relaciones entre el deseo y la verdad, y el  poder?

Algunos puntos que estoy pensando:

  1. En relación al psicoanálisis, la concepción de ley, todo lo referente al poder está dado por la ley, desde Freud podemos pensar en el Complejo de Edipo,  luego Lacan conduce esta concepción  no por el camino del mito, sino por la lógica y el matema.
  2. La fundamentación de la voluntad de saber, la relación opuesta entre deseo y placer,  en el cual Lacan, supone una articulación relativa a la estructuración lingüística  y a la lógica del significante, por ello mostrar algo como una “voluntad”, cuando pareciera un imperativo de un “querer saber” animado por una equivocación que supone a la verdad como un saber y que determina más allá de lo transferencial en relación al analista. Entonces hacer una historia de la sexualidad puede responder  a una voluntad de saber aun cuando se concluya que del sexo no hay nada que saber.
  3.  No me queda claro que concepto tiene Foucault de deseo y si supone o no una articulación con lo inconsciente, pareciera que los sustituye por el placer de los cuerpos.

Estos puntos que he mencionado anteriormente, apunta a pensar que hoy el sexo encierra menos  misterios y que las formas de obtener placer se multiplican sin culpa; entonces ¿la sexualidad es aun reprimida?; ¿hay un nuevo malestar en la cultura en lo concerniente al sexo?, ¿porque aun trae en la sociedad un malestar, si es que los trae?

Con estas preguntas termino, ya que aun tengo más dudas que repuestas.

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