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«Consideraciones sobre el sujeto en la psicosis»

Pensemos en el comienzo, cuando una mujer, va a ser madre. Preguntémonos, sobre ¿qué lugar ocupa la maternidad para esa mujer? ¿Qué lugar viene a ocupar ese niño en la vida de esa mujer?

Esa madre gestante, colmará de sueños, miedos y deseos a ese niño que viene en camino. Ese niño hará que su madre vuelva a encontrarse con su niñez, con momentos que permanecían olvidados de su infancia, portará con sueños incumplidos de esa mujer que prontamente se volverá su madre, mujer que deseará tener en sus brazos la posibilidad de darle revancha a su pasado. Pero sobre todo hará que su madre se encuentre nuevamente con su complejo de Edipo. Posiblemente y en el mejor de los casos ese niño encontrará un lugar en donde desarrollarse, contará con una madre que le permita crecer y hasta falle de manera tal que se presente como no pudiente y con eso le entregará la posibilidad a su hijo de volverse sujeto. Pero ese niño al decir de Lacan tendrá que soportar sin indiferencia al deseo de su madre.

«El papel de la madre es el deseo de la madre. Esto es capital. El deseo de la madre no es algo que pueda soportarse tal cual, que pueda resultarles indiferente. Siempre produce estragos. Es estar dentro de la boca de un cocodrilo, eso es la madre. No se sabe qué mosca puede llegar a picarle de repente y va y cierra la boca. Eso es el deseo de la madre…” Seminario 17, El reverso del psicoanálisis.

¿Cómo pensamos esta ecuación madre-hijo-deseo si agregamos que ese niño que viene a completar nace enfermo?, ¿qué ocurre con el deseo materno?,

Aquí la madre convierte su maternidad en una certeza, tiene la certeza de la enfermedad de su hijo, esta madre se enfrentará a un vacío difícil de llenar. Ese niño en el plano fantasmático era el encargado de llenar el vacío, por lo tanto, esa mujer deberá renunciar a resolver sus propias castraciones y tendrá que despedirse del “niño imaginario del Edipo”.

Al hablar de Edipo me es imposible no referirme a quien custodia la ley, solo diré que se volverá en la mayoría de los casos cómplice, callado e impotente, ya que este niño al no entrar en la triangularidad dejara a su padre en un lugar de desecho. Lo dejara con la ley en las manos y él, el niño, fuera de toda regla.

Lacan siguiendo con el planteo anterior nos dice que hay algo que puede salvar al niño; “Entonces, traté de explicar que había algo tranquilizador…Hay un palo, de piedra por supuesto, que está ahí, en potencia, en la boca, y eso la contiene, la traba. Es lo que se llama el falo. Es el palo que te protege si, de repente, eso se cierra»;

Una vez obtenido el diagnostico, la madre se encargará de recorrer cada médico que pueda responderle a su pregunta, intentara cada tratamiento que le propongan con la fantasía de que quizás alguien le devuelva a ese hijo con el que soñó. ¿Cuál es la pregunta de esta madre que busca respuesta? ¿Qué respuesta quiere encontrar?, ¿será quizás la posibilidad de armar una pregunta tan perfecta que no tenga respuesta y así poder hacerla una y otra vez y de esta manera haber encontrado una razón para la existencia de ese hijo?

Cierto es que estos niños desde el comienzo están presos de un diagnóstico, en donde el “pobrecito” es la palabra que comienza cada oración que a ellos refiere. La posición materna los ha dejado fuera de la norma. ¿Cómo trabajar desde el psicoanálisis con estos casos? Luego de sus peripecias, nos encontramos con un niño sumido al deseo materno, colocado en un lugar de puro objeto, formando parte del goce de ella.

En estos momentos me propongo pensar acerca de lo que refiere a ese niño. A ese niño, que como dijimos refiere a un niño enfermo, a esos que solemos llamar casos graves.

¿Cómo pensamos el trabajo desde el psicoanálisis con casos graves?

No es sorpresa decir que el objeto del psicoanálisis es el sujeto. Es conocida la frase que dice, “el psicoanálisis atiende al niño, pero apunta al sujeto”.

¿De qué hablamos cuando hablamos de sujeto?, ¿hay sujeto en los casos graves?

Desde lo más general, el sujeto es aquello que se opone al objeto, aquellos aspectos que el hombre no logra objetivar. El sujeto del psicoanálisis es aquel que está del lado del lenguaje. Lacan lo expone desde una creación, el parlêtre, “eso” que se pierde cuando el sujeto se encuentra con la palabra. Al hablar en su seminario sobre la psicosis Lacan nos dice que el “psicótico es un desabonado del inconsciente, en la psicosis el S1, el significante del Nombre del Padre, esta forcluido, expulsado, no ha sido inscripto” de ser así podríamos afirmar que no hay sujeto en la psicosis, pero no basta con esta afirmación. Sabemos desde la práctica que el trabajo con casos graves sin tener como relevancia el diagnóstico con el que han sido marcados, nos ubica frente a personas, que soportan, que hablan. Recuerdo que, trabajando desde un contexto institucional, un adolescente psicótico, insiste sobre quererse irse a su casa, mi intervención fue que yo era quien le iba decir cuando tenía que irse; a lo que él tomo su mochila, se paró a mi lado y se puso a esperar a que le digiera cuando. Esta simple acotación clínica nos hace pensar que este adolescente va al encuentro de su propio mensaje. Al incluirme en su mensaje con el “yo le voy a decir cuando” espero que mi presencia genere un efecto o no. Sin duda que los mismos, no se verán cual si fuera un neurótico en análisis. Tal vez los efectos se vean en quien lo trajo, posiblemente su madre.

No es la intención en este trabajo responder a la pregunta inicial, sino simplemente acercarme a una hipótesis que haga posible el trabajo. No olvidemos que la psicosis es una estructura por sí misma, que tiene su lógica, lo que nos hace como analistas pensarnos de manera diferente. El sujeto en la psicosis no se presenta anudado a lo simbólico. La propuesta que Lacan nos hace a través de RSI nos acerca otra forma de pensar el sujeto. Si escuchamos siempre desde las ocurrencias simbólicas que pueda traer, solo vamos a poder entender al psicótico. La propuesta seria entonces escuchar lo desarmado, crear desde lo teórico un sistema RSI que nos posibilite admitir la presencia de diferentes lecturas sobre el sujeto, pudiendo de esta forma operar con el psicoanálisis.

Verónica Pérez.

Si desea enviar un comentario sobre el texto a la autora, puede dirigirlo a veronicaperez8@gmail.com

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