«El parir. ¿Convierte a una mujer en madre?»
“El papel de la madre es el deseo de la madre. Esto es capital. El deseo de la madre no es algo que pueda soportarse tal cual, que pueda resultarles indiferente. Siempre produce estragos. Es estar dentro de la boca de un cocodrilo, eso es la madre. No se sabe qué mosca puede llegar a picarle de repente y va y cierra la boca. Eso es el deseo de la madre.”
Jacques Lacan – Seminario 17.
Leemos desde Freud que la maternidad se inscribe como un síntoma de las mujeres, siendo una posición ante la falta. Estableciendo así una lógica que en tanto las mujeres al no tener el falo, encuentran en el hijo su equivalente. En algunos casos se puede escuchar esa completud o manifiestarse completas teniéndolos.
La clínica nos enseña que si bien los tiempos cronológicos pueden determinar una aptitud fisiológica para parir un niño, para alojar un hijo, los tiempos lógicos dicen de la posición del sujeto del inconsciente.
El parir es una acción y como tal no alcanza para fundar una función.
¿Que hace posible que opere la función? Lo que hace que la función sea operante es el discurso. Recordemos que para el psicoanálisis el inconsciente está estructurado como un lenguaje.
Pensemos, ¿Cuáles son las condiciones psíquicas que convierten a una mujer en madre? ¿Qué lugar ocupa en la estructura la maternidad para cada mujer?
Definitivamente el parir no convierte a una mujer en madre. ¿Por qué no? El hecho mismo de parir un niño, no convierte a ese producto en hijo, ni a la mujer que lo realiza en madre.
A diferencia de Freud, Lacan propone que el lugar que puede venir a ocupar el niño en relación al deseo de la madre, no es el lugar del falo, sino un lugar que causa su deseo. De hecho, habría un solo objeto de deseo, el objeto a, que es representado por objetos parciales en diferentes pulsiones parciales. Pero el objeto a no es el objeto hacia el que tiende el deseo, sino la causa misma del deseo. El deseo no es una relación con un objeto, sino la relación con una falta. Lo que habitualmente denominamos «acceder al deseo» o «satisfacer el deseo» va a implicar la dimensión del goce. No será el deseo el que se satisface, y sí el sujeto del inconsciente.
El ser humano al encontrarse inmerso en el lenguaje, a diferencia del resto de los animales posee la alternativa de renunciar o no, ante un embarazo.
La condición de ser mujer, no garantiza una posición deseante frente a la maternidad, más allá de los mandatos desde lo social y familiar, cada mujer de una en una se enfrentará ante ese deseo o no.
En relación a esta interrogante se pueden advertir varios imaginarios que muchas veces escuchamos en la consulta, referidos por ejemplo: que si hay embarazo hay madre, donde la maternidad queda ligada simplemente a un hecho biológico que es el embarazo y el parto.
También en muchas otras aparece en el discurso una correlación, una equivalencia entre el deseo de tener un hijo y el deseo de ser madre, como una sola unidad deseante, no pudiendo operar una separación.
Lacan dice que un acto analítico es poder articular eso que el sujeto en análisis le es imposible realizar. Es decir el acto que apuesta al inconsciente, a autorizar a que hable y eso hable en él. El acto analítico crea las condiciones fundacionales para que el transcurso de una cura sea posible.
Es necesario expresar que el desear no es igual al querer. En la actualidad existe con mayor frecuencia la idea en algunas mujeres de programar sus embarazos, su maternidad, de elegir el momento de tener a sus hijos, anteponiendo muchas veces situaciones de mejoras o cambios de trabajo, la culminación de una carrera universitaria, casarse, mudarse y tantas otras. En los casos que intentan programar su maternidad, estando prontas fisiológicamente, no hablamos de las situaciones de fertilizaciones asistidas, la concepción no siempre se produce de forma inmediata. Existen pocas probabilidades de que ese hijo llegue cuando se hacen esas programaciones.
Centrándonos a lo referido al deseo, manifestamos que no se produce el deseo si no hay una pérdida de goce. Mas allá que en el discurso se utilice la denominación deseo tener un hijo, deseo ser madre, si no hay perdida de goce para que se pueda alojar ese hijo, estamos en el orden del querer.
Alba Flesler en su artículo “Querer y desear no son lo mismo” plantea que:
“El deseo tiene como condición la pérdida de un goce, por eso lo que deseo no es lo que quiero, es más, muchas veces implica la pérdida del alcance inmediato de la satisfacción, la postergación de eso que se me apetece».
A partir de lo que escuchamos en la clínica podemos decir que el deseo de tener hijos muchas veces y para algunos puede estar vinculado con su propia trascendencia a través de sus hijos, otras veces con la descendencia de esa familia, el continuar con el linaje de un apellido.
Más allá del por qué?, entiendo que es el para qué tener un hijo?, que lugar tiene ese hijo en el deseo de su madre?, de qué manera es investido inconscientemente como sujeto por esta madre?
Respecto al deseo de la madre, Lacan nos lo enseña muy gráficamente a través de la metáfora de la boca abierta del cocodrilo, en tanto el padre del niño es el que debe trabar esa boca para habilitarlo y no ser comido por esa madre.
Lacan en el seminario 17: “Entonces traté de explicar que había algo tranquilizador. Les digo cosas simples, improviso, debo decirlo. Hay un palo, de piedra por supuesto, que está ahí, en potencia, en la boca, y eso la contiene, la traba. Es lo que se llama el falo. Es el palo que te protege sí, de repente, eso se cierra.”
Si pensamos en la constitución psíquica de ese niño y de esa madre, es fundamental que esa mujer no sea toda madre, que también sea mujer, dándole su lugar al padre en ese vínculo primario y elegirlo como partenaire en tanto mujer.
En el Seminario 4 “La relación de objeto” Lacan nos dice respecto a la relación de madre e hijo: “La madre se convierte en una potencia y como tal en real y de ella depende manifiestamente para el niño su acceso a los objetos ¿qué ocurre? Estos objetos, que hasta entonces eran pura y simplemente objetos de satisfacción, se convierten por intervención de esa potencia en objetos de don.
La madre interviene entonces en otro registro— da o no da, pero en cuanto que ese don es signo de amor. En el don de amor, se da algo por nada, y sólo puede ser nada. Dicho de otra manera, lo que constituye el don es que un sujeto da algo de forma gratuita ….
La llamada es ya una introducción a la palabra completamente comprometida en el orden simbólico.”
Ahora bien, para terminar, podemos decir que el cumplir la función materna puede no ser exclusiva de las madres.
Francoise Dolto nos enseña que son los hijos los que adoptan a sus padres.
Denisse Rouiller.
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