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“Hermanos: la fratria y el odio”

Hermanos: la fratria y el odio

Pensar el odio entre la fratría, me ha despertado una vasta cantidad de interrogantes, más que respuestas, pero intentaré plasmar el recorrido que me ha permitido echar algo de luz sobre algunos puntos.

¿Qué es un hermano?, rápidamente podemos referenciar en la fratria familiar a aquellos llamados hermanos y hermanas, pero todos sabemos que dicho término es mucho más extenso, se extiende a otros, que, en palabras de  la psicoanalista francesa Marie-Magdeleine Chatel, en su texto titulado “La Frérocité”, – publicado en la revista Littoral n°30 -, el término hermanos también recubre a aquellos “hijos de una misma ascendencia simbólica”, a aquellos que “se parecen en algún sentido con respecto a un tercer orden común que los liga”; como por ejemplo, aquellos que se consideran hermanos de religión o hermanos de armas.

Hecho este señalamiento, podremos comenzar a adentrarnos un poco más en el tema.

Freud (1900/1990) en la Interpretación de los sueños nos dice: “Consideremos primero la relación del niño con sus hermanos. No sé por qué suponemos que ha de ser amable, pues los ejemplos de hostilidad entre hermanos ya adultos se imponen a la experiencia de todos nosotros y hartas veces podemos comprobar que esa desavenencia viene de la niñez o existió desde siempre.” y continúa agregando posteriormente: “El niño es absolutamente egoísta, siente con intensidad sus necesidades y se afana sin miramientos por satisfacerlas, en particular contra sus rivales, los otros niños, y en primer lugar contra sus hermanos.” (p. 260).

Lacan, en el seminario “La identificación”, refiere a la descripción que hace San Agustín en “Confesiones”, quien observa a un niño pequeño, mirando a su hermano lactante, con celos y envidia; dicha observación ilustra cómo los primeros lazos afectivos, aquellos formados en la infancia, influyen en la formación de la identidad y el yo,  la imagen del otro constituye entonces al moi = yo. También, en su texto La Familia, en el apartado titulado “El drama de los celos: el yo y el otro” Lacan, plantea que: “los celos adquieren una dimensión estructural en la que el yo se constituye al mismo tiempo que el otro en el drama de los celos.” (p. 44) y continúa diciéndonos en el apartado siguiente “Condiciones y efectos de la fraternidad”, que: “el papel traumático del hermano en el sentido neutro está constituido por la intrusión” (p. 46), entiendo que es imposible que ésta no tenga efectos para todas las partes, pudiendo mencionar parafraseando a Marie- Magdeleine Chatel, la rivalidad y la modulación del odio destructivo en agresividad. 

Véase este hermano como un falso semejante, en tanto que “él es mi imagen, en el sentido en que la imagen de la que se trata es imagen fundatriz de mi deseo. Ahí está la revelación imaginaria, y éste es el sentido y la función de la frustración.” (Lacan, 1961- 1962, La identificación, p. 17). De esta cita, me gustaría primero señalar que en la primera parte, en esa imagen de mí que se me presenta, no soy yo quien tiene el objeto de deseo, sino el otro. Y en segundo lugar, señalar que entonces hay un impedimento en lo real, que desencadena en la frustración imaginaria; y es dicha imagen fundatriz la que hará – si es posible – un pasaje a lo simbólico. Lacan, nos dice que el neurótico, entrampado en estos movimientos psíquicos, hará que su objeto de deseo pase por la demanda, motivado por la búsqueda de la satisfacción de su deseo.

En el seminario «El reverso del psicoanálisis», nos encontramos con la siguiente cita referida al goce “Se empieza con las cosquillas y se termina en la parrilla” (Lacan, pp. 70-77), ¿qué quiere decirnos con esto?, Luciano Lutereau, psicoanalista argentino, en su artículo titulado “El goce de los celos (Jalouissance)”, revisa la traducción que se ha hecho al castellano de esta frase, advirtiéndonos de que en este caso, ‘la traducción es un problema, porque la palabra que se tradujo por parrilla es “flambée” ‘, si bien dicho término alude al fuego, también puede utilizarse como ardor, o para referirse a aquello que denota un aumento en la intensidad, así como un golpazo. Ante esto es que nos brinda otra posible traducción “Se empieza con las cosquillas y se termina a la piñas”, también nos acerca un dicho muy resonado en nuestra cultura “Jugar de mano”,  ¿acaso el vínculo entre hermanos no invoca algo de esto?, ¿cuántas escenas dentro de una fratría comienzan como un juego y terminan en discordia?. Entiendo que con la llegada del hermano, para el niño se instala una situación ambivalente y contradictoria en tanto que ese otro que llega irrumpe como semejante a la vez que como extraño; quedando alojado en ese otro, un goce, mi hermano tiene lo que yo no.

Lacan (1967) nos plantea que en el “complejo fraterno” se da una triangulación entre el sujeto, los padres y sus hermanos o hermanas, lo que conforma una estructura. En esta, se juegan distintas relaciones, por ejemplo, se podrán dar relaciones de privilegio o de exclusión, de aceptación o rechazo, de elegido o repudiado, en el conjunto de demandas y posiciones, lo que se ponga en juego allí, no será sin consecuencias, en palabras de Elena Berlfein, en su trabajo publicado en el libro “Entre hermanos” (2003): “En la relación fraterna la economía narcisista se despliega en un juego de compensaciones, transacciones y transferencias.” (pp.71-72)

Por otro lado, en nuestra cultura podemos encontrar una vasta cantidad de referencias a los hermanos aludiendo a cómo debe ser el vínculo entre estos. Cuán conocido son los versos de José Hernández, autor de El gaucho Martín Fierro, “Los hermanos sean unidos porque ésa es la ley primera, tengan unión verdadera, en cualquier tiempo que sea, porque si entre ellos se pelean los devoran los de ajuera», ahora, dicha ley ¿existe como tal?, entiendo que no. ¿Los de afuera son lo temible?, ¿qué pasa cuando mi rival es mi hermano?

También y donde me adentraré un poco más, es en algunas narraciones bíblicas:

1 Pedro 3:8: “En fin, vivan todos ustedes en armonía, unidos en un mismo sentir y amándose como hermanos. (…)”

Hago eco: Amándose como hermanos, ¿qué quiere decir eso?, puesto que es sabido que en la historia bíblica, no todos los hermanos se han amado.


            En los relatos bíblicos podemos hallar varias historias sobre hermanos y la rivalidad que atravesaba a las fratrías, en esta ocasión recorreré en primer lugar, aquella que nos cuenta sobre el primer fratricidio, la historia de “Caín y Abel”; su revisión nos permitirá visualizar algunos puntos que se desprenden al pensar la rivalidad en la fratría, cuando se instala el goce celoso que promueve “yo o el otro”. En el segundo relato, sobre “José y sus hermanos”, veremos cómo a partir del otro como rival y aun deseando su eliminación, se puede poner en juego un movimiento simbólico que no implique quitarle la vida. Si bien los desenlaces son muy distintos, en ambas historias hay un hijo predilecto entre los hermanos; veremos algunas posibles lecturas de los efectos de este lugar privilegiado.

Caín y Abel son los dos primeros hijos de Adán y Eva tras ser expulsados del Jardín del Edén en el libro bíblico del Génesis. Según la historia bíblica, Caín mató a Abel porque Dios aceptó el sacrificio de Abel pero rechazó el de Caín. Con este acto de celos, Caín se convirtió en el primer asesino.

Dios, como padre que aloja poder absoluto, e hijos sometidos a merced de la voluntad de éste ¿permite la constitución del lazo de hermanos?, ¿o será que ambos son hijos, pero no hermanos entre sí?, no parece haber lugar para alianzas entre estos ni la constitución de una hermandad, hay disparidad subjetiva[1].

Ricardo Landeira (2019), en su publicación titulada “El odio entre hermanos”, nos comparte algunas interrogantes que citaré a continuación para poder dar lugar a algo que a mi parecer va más allá de la rivalidad en la fratría, sino que tiene un lugar respecto a la agresividad dirigida al Otro, y por qué no, hasta animada por la mirada de rechazo de éste para con uno de sus hijos. “¿Por qué no pensar al hermano, como aquel a quien golpeamos, para dañar al Otro, al que a su vez, paradójicamente, a la vez lo excusamos? ¿Abel no es una criatura de dios, y la que recibe su aceptación, por qué no hacer doler a dios su rechazo?(…)”. Me pregunto:¿Acaso la mirada de Dios – padre, no es motor de un goce celoso, como si verificara que el otro tiene lo que a mi me falta?, pareciera mirar con amor y aceptación la ofrenda de Abel, pero no así la de Caín; y como he mencionado anteriormente, ser el hijo elegido o rechazado, no será sin consecuencias.
            Si bien Caín es el primogénito y podemos decir también que el heredero, Abel (hermano intruso), es quien se ve investido por el reconocimiento del padre. Lacan, en escritos 1, nos dice que “Existe entre los seres humanos una relación destructora y mortal…” (p. 262), allí ante el otro semejante, con quien se juegan las rivalidades narcisistas, es donde podremos observar algunas veces, la búsqueda de la eliminación de ese otro. En este caso no hay posibilidad de otra salida psíquica, no hubo posibilidad de sublimar, transformar, tolerar o declinar dicha rivalidad, se juega bajo la idea de “yo o el otro”, que concluye en darle muerte al otro.

“José y sus hermanos”, este relato bíblico ya nos adelanta algo en su nombre, José es enunciado por fuera del grupo de hermanos, por lo que podemos estar advertidos de que algo distinto había marcado en él.

Jacob (hijo de Isaac y nieto de Abraham), tuvo 12 hijos varones y una hija mujer, entre ellos a José, nacido de la unión de Jacob con Raquel, quien fue la mujer más amada por él, siendo a su vez José, el hijo preferido de este padre.

            Jacob, le regala a José una túnica ornamentada, como símbolo de poder. Situación que, como era de esperarse alimentó la rivalidad entre los hermanos.

José, por su parte, supo expresar para con sus hermanos su posición de preferido y mostrar su deseo de superioridad ante estos. Comenzó a soñar y a narrar estos sueños a sus hermanos:

            “Escuchad ahora este sueño que yo he soñado. Y he aquí que nosotros estábamos atando gavillas en medio del campo y he aquí que se levantó mi gavilla y también se afirmó y he aquí que vuestras gavillas la circundaban y se posternaban ante mi gavilla.”

“(…) He soñado otro sueño más y he aquí que el sol y la luna y once estrellas se posternaban ante mí”

Alardear de su lugar de privilegio en la fratría, no podía decantar creo yo, en otra cosa que no sea avivar los celos, envidia, rivalidad y odio de sus hermanos para con él; quedando excluido de la posterior conformación de una alianza entre los hermanos, en tanto que dicha organización estaba motivada por el odio a José, y ¿podría decirse también, que en pos de dañar al Otro?.

Al final, los deseos de dar muerte a José no impulsaron la decisión final de la fratría, decidieron mantenerlo con vida y venderlo a mercaderes. A diferencia de la rivalidad entre Caín y Abel, en el caso de José y sus hermanos, si bien circuló la idea de matarlo, se lo terminó sacando de la escena familiar vendiéndolo como esclavo a mercaderes, pudiendo darle así una muerte simbólica, llevando como representante de su muerte la túnica con la que vestía, – aquella entregada por Jacob -, solo que ahora manchada con la sangre de un cabrito – como representante de la sangre de José -. Los hijos le llevan la túnica al padre y le piden que responda a si esta era la de su – “tú” hijo, resalto tal particularidad en la pregunta, porque ¿acaso en la espera de la respuesta que daría reconocimiento a la muerte de José, no se juega algo de responsabilizar al padre, en tanto él lo había elegido por sobre los demás hermanos?. Tal vez, el complejo fraterno necesariamente deba ser pensado bajo una multiplicidad de elementos que lo conforman.

En cuanto a José, durante el periodo que estuvo en Egipto como esclavo, transitó situaciones difíciles, pero finalmente terminó ocupando un lugar de poder tanto político como económico junto al faraón.

Ante una hambruna, Jacob, envió a diez de sus hijos (excepto a Benjamín, el otro hijo de Raquel, madre de José) a Egipto en busca de trigo. Como veremos, parece que hubo un nuevo hijo preferido luego de la “muerte” de José.

Al llegar con José, los hermanos no lo reconocieron, en cambio él sí a estos. Luego de hacerles algunas preguntas, les indicó que debían de traer a su hermano menor, para poder venderles víveres.

            Ante la preocupación de su padre por este pedido, terminan persuadiéndolo y consiguiendo que Benjamín los acompañe a Egipto.

Al llegar nuevamente ante José, éste ve a Benjamín y se emociona, ¿acaso el vínculo con éste también llevaba una marca especial?, eran los dos hijos del mismo padre y misma madre, pero también ambos, uno posterior al otro, elegidos como preferidos por Jacob, ¿acaso la emoción que se suscita en José, está atravesada por la mirada de su padre?, ¿ese plus en la investidura que presta el padre a uno de sus hijos, acaso repercutió -además de en la evidente rivalidad- en la posición de José en preferencia con su hermano menor?.

En este punto, luego de las reflexiones que me despertó el análisis de estos relatos bíblicos, me gustaría pasar a una viñeta clínica, donde también, uno de los hijos de la fratria familiar es el hijo predilecto, para poder pensar posteriormente cómo estas dinámicas posibilitan y afectan el lazo social.

Caso Alan
Viñeta clínica:

            Alan, es un niño de 8 años, que al momento de la primera consulta vive con su padre, Esteban de 32 años (quién lo trae a consulta); y dos de sus cinco hermanos, Esteban de 6, y Leonardo de 4 años. Con la madre, Jennifer, viven sus otros tres hermanos, Mateo de 12, Carolina de 10, y Ailén de 7 años. Es una familia intervenida por diferentes instituciones, INAU, MIDES, así como también policial y judicialmente.

En referencia a la fratría familiar, es el hermano del medio, pero ¿es grande o es chico?, ¿será que en la nueva disposición familiar de “3 y 3”, pasó a ser el más grande, y debe ocupar ese lugar?, ¿qué implica eso?, ¿en qué lugar está este niño?

            Traen un informe de la escuela, realizado por la directora, donde alude a problemas de conducta, de autocontrol, de concentración; que molesta en clase y no adquiere los conocimientos del grado, que se esconde en diferentes lugares de la escuela, y que pone en riesgo su integridad física.

Ambos padres, identifican en este hijo algo diferente, en el relato de ambos pareciera que Alan es “bueno por naturaleza”, que son sus hermanos los que lo llevan por el mal camino, ya sea porque lo invitan a participar en malas acciones, o por imitación de parte de él a sus hermanos, sobre todo al más grande. Su padre dice que: “dentro de todo es el que está más encaminado, el que yo vi que podía rescatar”, Paul-Laurent Assoun (2000), que extrae de Freud, “Cuando uno es el preferido declarado del padre temido, no debe sorprenderse de los celos de sus hermanos y hermanas (…)” (p.147). A su vez, su madre plantea que “…Alan, es lo más sano que hay, Alan es un amor…”. Me pregunto ¿qué consecuencias tiene ocupar un lugar privilegiado dentro de la fratría?, y por otro lado, ¿cuánto puede obturar el reconocimiento del sufrimiento de este niño, por parte de los padres, si está ubicado en el lugar de lo que está bien?

La madre también dice que nota muchos celos de Mateo (hermano mayor) hacía Alan, (aunque considero que los celos son multidireccionales dentro de la fratria), citando a Assoun (2000), “(…) los celos del mayor no son totalmente infundados: el padre tiene pese a todo debilidad por aquél a quien estuvo a punto de perder (…)” (p. 163). Ambos padres fueron procesados con prisión por posesión de estupefacientes, cuando Alan tenía 2 meses de nacido, quedando al cuidado de su abuela materna durante 4 meses. La culpa que aparece en estos padres ante la temprana separación de este niño ¿cuán en juego está a la hora de ubicarlo en un lugar privilegiado posteriormente?

Además, para la mamá “Meteo -hermano mayor- es el pilar de los hijos, es lo que más miran y copian…”, es un referente para sus hermanos, así como “un padre”. Cuando le pregunto a Esteban por su hijo mayor, dice “Sí, ahí pienso yo que viene la base de todo, porque los hermanos copian muchas actitudes que tiene el (…)”. Entonces, entra en juego la importancia de la fratria, Assoun (2000), “Así, con la persona del ‘hermano mayor’, de la hermana mayor o menor, investidos con un papel alternativo al fantasma, respectivamente como padre sustituto, esposa suplente o hijo paliativo -que mitiga las decepciones del fantasma y cumple una función de suplencia en cierto modo práctica y material-. (…) En el fondo, la relación edípica cobra cuerpo a través del personaje fraterno.” (p. 95). Siguiendo la línea de pensamiento del autor, cabe resaltar las configuraciones inconscientes que se van visualizando: alianzas y rivalidades, que dan un ritmo al grupo familiar. Entonces, podemos pensar, a partir de esto, en las identificaciones que se ponen en juego, a nivel vertical con su padre y madre, y a nivel horizontal, con sus hermanos; y cómo y cuánto de esto es trasladado a la institución educativa, ya que pareciera que es allí donde se reconoce algo del malestar y es denunciado.


            Ahora bien, volviendo al señalamiento que les hacía al principio, ¿qué pasa con los otros hermanos – hermanas?, aquellos que no refieren a la fratría familiar.
            Freud, en “Psicología de las masas y análisis del yo” (1921) refiere a la pulsión social diciéndonos de esta que: “los comienzos de su formación puedan hallarse en un círculo estrecho, como el de la familia.” (p. 68) Entonces, ¿podemos pensar en la posibilidad de que algo de la rivalidad primitiva no se ponga en juego en el lazo social?
            En este mismo texto freudiano podemos encontrarnos con otra mención a los hermanos, Freud nos dice que: “La relación del individuo con sus padres y hermanos, con su objeto de amor, con su maestro y con su médico vale decir, todos los vínculos que han sido hasta ahora indagados preferentemente por el psicoanálisis, tienen derecho a reclamar que se los considere fenómenos sociales”, Assoun, que trabaja sobre este texto freudiano, señala que el lugar que le toca a los hermanos en el inventario, no es azaroso, sino que Freud, los ubica “como complemento de la relación con los padres y antes de la relación del sujeto con el objeto de amor(…)” (p. 120). Nuevamente vemos aquí, un papel relevante de el/los hermano/as en la constitución psíquica de un sujeto; y como se nos presenta una brújula para leerlos como parte de “actos psíquicos sociales” más allá de los “actos narcisisticos”, como plantea Freud.

Podemos rastrear una continuidad de este planteo freudiano, en su trabajo “El yo y el ello” de 1923; donde enuncia que “Los sentimientos sociales nacen todavía hoy en el individuo como una superestructura que se eleva sobre las mociones de rivalidad y celos hacia los hermanos y hermanas.” (p. 39), si bien extiende su texto a la homosexualidad y referencia a la identificación y elección de objeto que se juega en esta orientación sexual, no me detendré hoy en este punto; sino en el énfasis puesto en la relación de los sentimientos sociales del sujeto en correspondencia directa a la rivalidad y los celos respecto a su fratria.

Volviendo al texto de Lacan, “La familia”, nos dice que: “cada partenaire confunde la parte del otro con la suya propia y se identifica con él; pero también la de que puede mantener esa relación con una participación realmente insignificante de ese otro y vivir toda la situación por sí solo (pp. 35-36), retomando los planteos expuestos al comienzo de este trabajo es que, podría decir que esta identificación mencionada por Lacan, tendrá consecuencias en las conductas sociales del sujeto – así como los demás elementos: lugar en la fratria, deseo, demandas, goce, celos, etc.- en tanto que la constitución de determinada posición subjetiva se pondrá en juego en el encuentro con otros, en la búsqueda de pareja, en su participación en grupos, instituciones, en otras palabras, en el lazo social.


[1] que ubica al objeto de la pulsión como otro sujeto, es la introducción de la presencia del Otro en el registro de transferencia.

Si desea enviar un comentario sobre el texto al autor, puede dirigirlo a borbacamila21@gmail.com

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