«Creatividad en el arte»
*Presentado en «mesa redonda» : «El lugar de la Creación en el Arte»
Crear es hacer algo que previamente no existía. Algo simplemente nuevo. Ahora bien: si esa es la definición, que a mi juicio es correcta, difiere de la concepción bíblica donde Dios encuentra lo nuevo a partir de la nada: en el principio creó los cielos y la tierra y así siguió con la dicha vanidosa propia de cualquier creador, ya que a medida que iba haciendo veía que aquello era bueno. Así, hasta el sexto día en que dio por concluida su titánica inspiración. Pero, si tal hubiera sido el caso, consistiría en el único registro histórico en el que se crea a partir de la nada o como alguien acotó, sólo a partir del deseo. Una idea nueva – es decir, que esté contenida en el necesario patrón de la originalidad- siempre va a resultar del encuentro de ideas, expresiones, formulaciones, ejecuciones pre existentes. Un publicitario brasileño, extraordinariamente lúcido por cierto, decía: quien copia a uno plagia, quien copia a dos experimenta, quien copia a tres, crea. Esta aseveración o sentencia es, acabadamente, la mejor que he leído o escuchado a lo largo de mi vida. ¿Por qué? Porque define claramente el territorio colectivo de la creación, la geografía humana, el taller en el que discuten, se interrogan, se plagian o arriesgan ideas permanentemente y dialogan con probable indisciplina Goya con Kurosawa , Madame Courié con Carver, Faulkner con Velazquez , Mozart con Clarise Lispector o Lennon con Homero o con Frida Kalo o con Steve Jobs. La humanidad vive interpelándose en los procesos creativos porque en definitiva, la imaginación, esa maravillosa fábrica de mentiras, ha sido la constructora de la especie: ella es la única que nos permite ejercitar el futuro. La que nos da la posibilidad de ingresar a zonas donde la realidad es otra cosa que lo que es. Si, sólo nosotros, como especie, somos capaces de hacerlo. Entre otras razones porque, como señalaba Ortega y Gasset, no somos el tigre que todos los días debe aprender a ser tigre: acumulamos, reposamos la información, registramos para siempre o hasta el olvido que seremos, y elaboramos lo que sea a partir de ello. Desde nuestra acumulación individual o desde e registro colectivo.
Exactamente: los procesos creativos no son lineales y por lo tanto sus explicaciones suelen ser tan confusas como los propios procesos. Pero está claro que un músico no se sienta ante el instrumento a proponerse una pieza nueva o única como quien receta una pócima: un buen puñado de Mozart, una tacita de Tchaikovsky y luego agregamos pequeñas cucharaditas de Fattoruso, Falú y Parker. No, el desorden acumulado confluye en una determinada sensibilidad que es la que hace su brujería. Y eso acontece a espaldas del creador o la creadora.
Se distrae mucho en clase fue un comentario que me acompañó durante toda mi vida escolar y liceal y, si para tal cosa hubiera calificaciones, seguro que en el resto de mi vida hubieran continuado: se distrae mucho en el hogar, se distrae mucho en el trabajo, se distrae mucho mientras juega al basquetbol, etc. Uso esta suerte de exageración parcial para contarles que aquel estigma que me acompañó durante mucho tiempo lo resolví cuando me di cuenta que, en realidad, no me distraía, que lo que estaba haciendo era buscando (Sin saber que: buscando. Sin saber cómo: buscando) Esas distracciones no me pesaban porque probablemente ya supiera que había tomado hacia el norte por el camino más largo y que para llegar a él, tenía que andar por otros puntos cardinales y perderme, hasta incluso olvidado del propio septentrión. Vagabundeaba diverso buscando las ventanas de acceso – porque sabía que las puertas no iba a encontrarlas – a ese norte que siempre se me presentaba como un viejo amigo que pelea, que se esconde y asusta, que amenaza con que un día va a desaparecer y que no va a volver nunca más. Porque nada queda tan cerca del fracaso como el norte. Y a veces sobreviene el agotamiento del expedicionario , algo así como traicionar al propio viajero y que consiste en la repetición de los caminos conocidos en la práctica artística, los mismos códigos de acercamiento a una obra que ya no es creación sino simple procedimiento y que resulta, a lo sumo, una vistosa complacencia.
La creatividad para el arte es, a partir de estos intentos de definición, un principio del camino. Pero está claro que la cierta originalidad necesaria no sostiene al artista o al menos lo nuevo no es un valor que se genere en cada nuevo trabajo sino, tal vez, en el conjunto de una obra. El artista por lo general no sostiene su obra en el acto creativo sino en las herramientas usadas para la expresión inicial de su originalidad aunque claro, puede ser que en el transcurso de la obra vaya encontrándose con nuevas propuestas que iluminen lo que nunca antes existió. ¿Hay creatividad en los pintores del renacimientos? ¿En los impresionistas? ¿Si la hubiera, dónde radica, en la obra, en las claves plásticas que la sostienen? El movimiento es creativo porque nunca antes se había pintado de ese modo, pero una vez definido el perfil ¿Los artistas siguen acometiendo actos de creatividad? A veces se vuelve intrincado diferenciar el cubismo de Braque del de Picasso – particularmente creativo y reinventor de sí mismo en muchas oportunidades- entonces ¿cuál es la creatividad que los sostiene una vez definidos los patrones geométricos en el plano? Otra cosa sería, claro, si le llamáramos imaginación ya que ella no necesita reportarse a la novedad o al nunca antes.
Resulta importante, a esta altura, significar que el arte no refiere exclusivamente a la creatividad sino que responde a formas de la sensibilidad que buscan ser expresadas a través de recursos plásticos, literarios, cinematográficos, musicales, etc.
Pero hoy todo este razonamiento se confronta, inevitablemente con la posibilidad que ha desarrollado la revolución científico tecnológica. Hay en ella creatividad. Existe lo nuevo como en casi ningún otro lugar en la modernidad. Sin embargo, entiendo que, particularmente la Tecnología de la Información y la Comunicación, comenzó a perder asombro por lo que también perdió entonces el mérito – si tal cosa existiera- de la novedad.
Como sea, en el modo aprendizaje que se ha puesto a operar las enormes memorias albergadas en gigas, megabytes, teras etc., los humanos creamos nuestra competencia –complementación dicen los interesados- sin saber cómo administrarla. Estamos viviendo así una contemporaneidad que extrema los mecanismos que someten al sedentarismo intelectual, al confort de las respuestas ya dadas. La Inteligencia Artificial es capaz, como todos y todas sabemos, de escribir sus propios guiones, sus pésimos -por el momento- poemas de amor, de hacer sus propios procedimientos gráficos o plásticos como en el MOMA, donde una pantalla de proporciones inauditas tiene en movimiento una proyección que reúne todas las épocas de la pintura en la historia de la humanidad para crear su propia propuesta. Pero bueno, hasta el momento su proceso de acumulación de datos no ha dado señales de creatividad claras porque sus procesos son predictivos, están basados en patrones convergentes y no divergentes aunque esté educado para procesar y recurrir a cualquier tipo de información. Y la creatividad es, justamente, impredecible. Es como que, por ahora, no se distrae en la búsqueda porque, además, los humanos y nuestros antojos requerimos repuestas cada vez más urgentes. Así estamos siendo arreados por nuestros propios desarrollos hacia destinos desconocidos y parecemos hipnotizados por los propios elementos que nos doblegan la capacidad de resistencia. Pues bien, cuál será el acto creativo de la humanidad para protegernos de esta realidad. ¿Vendrá del arte? Si, también. Vendrá necesariamente de la cultura entendida en todas sus acepciones, antropológicas, sicológicas, educativas, artísticas: ella es el único mecanismo capaz de blindar a la especie de esta hechizo general basado en millones de respuestas cotidianas que sobrepasan cualquier posibilidad biológica de retenerlas y que lo que hacen es adormecer las preguntas.
Las preguntas: claves también en cualquier proceso creativo. Decía José Antonio Marinas que la inteligencia no es un ingenioso sistema de respuestas sino un incansable sistema de preguntas.
Una modernidad sin ella es una humanidad aquietada, paralítica. Y así estamos, al día de hoy, combinando datos del fenomenal avance de un mundo mejor, con otros que llegan anunciando el cruel vacío.
Claudio Invernizzi.
Jornadas de la Red Lacaniana de Psicoanálisis, año 2023
