«La Letra y La Cosa en la pintura de Armando Bergallo»
Es a partir de Lacan que podemos tomar en cuenta al arte como un medio, un instrumento con el que el psicoanálisis cuenta para abordar cuestiones que se nos plantean acerca del sujeto en general y abandonar de esta manera el punto de vista freudiano en el sentido de que el arte servía para interpretar al artista mismo. Toda producción subjetiva, síntomas, lapsus, sueños, etc., son creaciones con lo que trabajamos en nuestra disciplina y por lo tanto el arte como producción de un sujeto puede estar entre ellas. Sin embargo, el artista no puede ser interpretado salvo que el mismo esté en análisis. Interpretar a ese sujeto concreto solo a partir de su obra nos llevaría a incurrir en errores tal como lo hizo Freud cuando abordó la obra de diferentes artistas.
Por otro lado, ¿podemos hablar de lenguajes artísticos? La respuesta parece ser obvia dado que el uso corriente, tanto desde la crítica como de los sectores académicos les otorga existencia. Los lenguajes artísticos son considerados habitualmente, y tal es el pensamiento de muchos artistas, como un instrumento que les permiten expresar algo más allá de las palabras porque encuentran que estas no resultan suficientes para expresar lo que quieren comunicar y comunicarse. Tomo prestadas las palabras del psicoanalista Pablo Garrofe quien expresa lo siguiente: “Tus palabras son música, dicen los amantes. ¿Será porque el amor, (…) no tiene ningún sentido? Cuando en el amor escuchamos somos transportados por la musicalidad de las palabras y ya no importa el sentido. Lo prueba el hecho de que luego le damos cualquier sentido.” ¿Se trata entonces de que el arte es un intento de superar el límite que tiene lo simbólico y un intento de morder más lo real?
Creo que esto es lo fundamental, lo que marca la diferencia entre nuestro lenguaje usual y los lenguajes artísticos y es el hecho de que los elementos de estos últimos, sus trazos, sus fraseos de notas musicales, sus coreografías, carecen de sentido por sí mismas. En otras palabras, no podemos hacer un diccionario de frases musicales por el simple hecho de que no significan nada y por lo tanto quedan abiertos a que les podamos dar cualquier sentido. Cada sujeto brindará el suyo. Pienso entonces, que los diferentes lenguajes artísticos son lenguajes de signos que como tales representan algo para alguien. No son significantes que representan al sujeto ante otro significante.
Esto es concordante con lo expresado por Díaz y Sánchez (2014), quienes a partir de estudios académicos sobre el arte indican que una forma innovadora de aproximación a la misma es a través de lo que llaman experiencia o razón estética. Se trata de un sistema de conocimiento artístico que se realiza a través de la emoción que se despierta en cada sujeto en presencia de una obra de arte y estas emociones serán diferentes para cada uno.
Hay casos en la pintura que siempre me han parecido interesantes y es cuando el pintor además de sus trazos pictóricos pinta sobre el lienzo letras o textos escritos. Que los mismos sean realizados en una caligrafía pictórica no evitan que puedan ser leídos en el sentido común del término.
Esto no es nuevo en la historia del arte. Cito por ejemplo, la caligrafía de textos coránicos que encontramos en las paredes de las mezquitas musulmanas. En el caso de la pintura moderna pongamos como ejemplo el famoso cuadro de Magritte donde vemos la representación de una pipa y abajo el texto “Ceci c’est pas une pipe”. Es una verdad que eso no es una pipa sino una representación pictórica de ese objeto. Pero, ¿por qué necesitaba aclararlo? ¿Cuál es el sentido de hacerlo?
El pintor uruguayo Armando Bergallo, radicado en Europa, se ha caracterizado por la realización de una vasta obra pictórica y tampoco ha sido ajeno a otras expresiones artísticas tales como las esculturas, instalaciones, la creación de óperas modernas e inclusive el cine.
La primera vez que vi la obra de Bergallo me llamó la atención el hecho de que varias de sus pinturas presentaban palabras, letras o números como parte de los trazos realizados en sus obras. En algunos casos las mismas estaban organizadas en textos completos con características de poemas, la gran mayoría de ellos de su autoría. Señalo además, que a pesar de vivir desde hace muchos años en países no hispanohablantes, casi todos los escritos realizados sobre los lienzos, esculturas o mobiliario, son realizados en lengua castellana.
Me surgió entonces la pregunta acerca de la relación entre el arte y el lenguaje en general y específicamente el vínculo entre pintura y escritura. Tal vez la respuesta a dicha pregunta pueda ser salvada si decimos que una pintura es creada con estructura de lenguaje dado que la misma es un producto de un hablante-ser, un parlêtre si seguimos la enseñanza de Jacques Lacan. De esta manera, un cuadro es entre otras cosas, un texto que nos ofrece el pintor a nuestra lectura. La pintura sería así letra que se materializa al igual que lo escrito, en un soporte material.
¿Podemos considerar esta letra pintadas simplemente como un trazo pictórico más, en pie de igualdad a una pincelada de color? En lo real creo que sí pero sin embargo, los hablantes-seres no dejamos de recortar las palabras expresamente cuando estas aparecen tanto en forma hablada como escrita. Hay palabras justamente porque hay escritura y por lo tanto letra, dado que esta permite ver la presentificación y la separación de significantes. La escritura se despliega en un espacio y se realiza en un tiempo. Junto a esto, no dejamos de percibir las palabras pintadas, porque de alguna manera resuenan en nuestro interior en tanto significantes. Y esto llama la atención a los que miramos esos cuadros, porque estamos acostumbrados a leer palabras escritas en libros u otros tipos de soportes pero no como trazos pictóricos.
Me surgió otra pregunta y ésta es en lo relativo a si esos textos de nuestro autor están para ser leídos. Hice el esfuerzo de leer todo lo escrito en un cuadro y tardé cerca de una hora para poder descifrarlo completamente, dado que dichos textos no siguen renglones sino que aparecen distribuidos haciendo curvas o siguiendo direcciones divergentes. En otros casos me fue imposible recortar un texto completo y concluí de que se trataba de simples frases sin comienzo o final. En general, los espectadores habituales solo señalamos que hay palabras o números cuando se realiza algún comentario sobre una de sus obras.
No todo lo escrito es para ser leído. Lacan mismo hablando de sus Escritos, señala en el postfacio al Seminario 11 que: ”un escrito en mi opinión está hecho para no ser leído.” Considero que en la obra de Bergallo las palabras y textos no necesariamente son para leer, puesto que él podría escribir lo mismo pero en formato poesía o prosa y editarlos como creaciones poéticas. Pienso entonces, que esos escritos, esas letras, indican o apuntan entonces a otra cosa. Y ésta no es más ni menos que presentificar o mostrarnos que el arte es letra y una forma de escritura pero ¿con qué fin?
Cuando se considera que el arte es una forma de decir lo que el lenguaje corriente no puede expresar, ¿no podemos expresarlo a la inversa, en el sentido de que el arte tampoco puede decir más y a veces recurre a elementos de lo simbólico para tratar de morder más lo real? Arte y lenguaje se reenvían uno al otro y su límite es la letra, enfrentamiento a lo Real, a lo que no cesa de no escribirse.
Iglesias Colillas (2012) distingue tres acepciones al tema de la letra en el tratamiento que Lacan hace de la misma a lo largo de su obra, señalando que estas no son estrictamente separables. En primer lugar tenemos la escritura en matemas con la lógica como ciencia de lo Real, donde el matema en sí mismo carece de significación corriente en tanto que escritura de letras. En segundo término contamos con la escritura nodal borronea donde la escritura por nudos es definida como Real, por fuera del sentido. Y en última instancia, Lacan hablará en el Seminario 23 de la letra como precipitación significante, al considerar la escritura de uso corriente.
Esta precipitación o precipicio determina un borde o litoral al que Lacan hará referencia en Lituraterre. Entiendo esto como el límite último de lo simbólico ante lo que no tiene sentido, ante lo Real. La letra puede jugar en ambas direcciones, tanto hacia lo carente de sentido como hacia lo simbólico al brindar soporte material al significante y presentificarlo.
Como estamos hablando del Sujeto considero se trata de un Real del mismo, un vacío al que lo simbólico no puede acceder en última instancia lo que origina un vacío de significación. Ya otros pintores explícitamente en su obra lo han mostrado. Por ejemplo basta mirar la litografía “Galería de grabados” del artista holandés M.C. Escher donde él representa ese punto ciego, en este caso de la mirada y la inquietante verdad de que en realidad somos nosotros el espectáculo del mundo y que este nos mira.
Armando Bergallo lo muestra reiteradamente en muchas de sus obras delimitando un lugar más o menos circular, lugar éste al cual le dedica inclusive un cuadro titulado Círculo Universal. Este espacio es un foco en torno al cual se despliega toda la pintura quedando constituido como un origen de la misma. En otros cuadros el mismo aparece rodeado de escritura. Mi lectura es que nuestro artista nos muestra como litoraliza algo, como construye algo del orden de un límite para poder desplegar su creación. Y en muchos casos agrega además la letra. Es su manera a mí entender, de expresar y hacerse cargo de la Cosa y ello es reforzado con la presencia de la letra. Y es esa letra con la que justamente cada sujeto siempre se servirá para poder hacer algo con la cosa. Unos lo hacen bajo la forma del arte y otros en cambio lo harán creando textos religiosos o científicos.
En el caso de nuestro pintor, éste nos ofrece un lienzo de la serie “Ville Polychrome”, donde en su parte superior se observa a una figura de aspecto solar, vacía en su centro, la cual se encuentra contorneada con letras pintadas que delimitan dicho vacío. Lo mismo ocurre en una escultura esférica donde las letras cubren su superficie manteniéndose vacío su interior. En otros casos ese lugar central se encuentra ocupado por uno o varios elementos, donde destaco especialmente los retratos de su padre y de José Gurvich.
En el Seminario La Ética del Psicoanálisis, Lacan, al trabajar acerca de la sublimación dirá que el arte como producto humano tiene una función muy específica siendo ésta una de las tres formas de aquella siendo las restantes la religión y la ciencia. Y esto lo hará para introducir la Cosa (das ding).
Lacan conceptualizará la Cosa como algo que se encuentra en el campo de lo real y por fuera del campo simbólico siendo así un núcleo en lo real no representable para el sujeto. La sublimación en sus tres vertientes, arte, religión y ciencia tienen entonces como fin tratar con la Cosa y lo harán de diferente manera. Ante la imposibilidad de la representación de ese vacío dejado por la satisfacción primigenia del sujeto en ciernes, la sublimación intentará hacerse cargo de la misma con creaciones bajo las modalidades arriba mencionadas.
Entiendo de las palabras de Lacan que el arte hará su acción a modo de un cercamiento buscando encerrar ese vacío. Nuestro autor hará del arte de la arquitectura el ejemplo príncipal dado que ésta crea paredes delimitando un vacío interior el cual sí ahora puede ser habitable, produciéndose de esta manera un mecanismo de represión de la Cosa. ¿Y que es una pintura sino un trozo o sector de un muro o pared?
Para Lacan, el Arte es el discurso que más apunta a lo real dado que busca litoralizar la Cosa pero implícitamente sin negarla y haciéndose cargo de la misma como motor de su creación. La pintura “adorna” la Cosa haciéndola de alguna manera más manejable para nosotros y convirtiéndola en algo del orden de lo bello que nos brinda placer.
Dirá Lacan que “Ni la ciencia ni la religión por su naturaleza pueden salvar la Cosa o dárnosla, en la medida en que el círculo encantado que nos separa de ella es planteado por nuestra relación con el significante. (…) la Cosa es aquello que de lo real padece de esa relación fundamental, inicial, que compromete al hombre en las vías del significante, debido al hecho mismo de que está sometido a lo que Freud llama el principio del placer y (…) que no es otra cosa más que la dominancia del significante –digo, el verdadero principio del placer tal como actúa en Freud”. Ese círculo encantado, ¿no podría ser el pintado tantas veces por Bergallo?
Para resumirlo de alguna manera, la Cosa y el arte, por medio del significante y el placer están absolutamente intrincados. Una obra de arte, nos produce algo en el eje placer/displacer, y en lo específico de lo placentero, un placer que en lo inconsciente nos reenvía a aquel placer fundante o primigenio propio de la Cosa freudiana. De ahí que podemos pensar la sublimación y la satisfacción pulsional donde la obra artística es un sucedáneo de objetos a.
Definiría a Armando Bergallo como un pintor que nos propone directamente la existencia de la Cosa. El artista no la niega. No sabe lo que está pintando pero sabe que eso lo interroga. Y como eso lo cuestiona lo nombra y lo pinta y de ahí es que parte su creación.
Si leemos la obra de Armando Bergallo diacrónicamente nos encontraremos en primer lugar con la historia de sus interrogantes que fue plasmando en toda su creación artística. En mi lectura dichas interrogantes remiten en última instancia al origen del sujeto. Es ejemplo de esto los cuadros donde la figura central es su padre o José Gurvich, sus orígenes como sujeto y como artista. Además de estas interrogantes acerca de su origen e historia, las mismas han adquirido en algunas series de sus pinturas, ribetes cosmológicos al extender sus interrogantes a lo que entendemos como Naturaleza. Nos muestra esto por ejemplo, en la serie de cuadros titulada Fleurs, donde según sus palabras, son figuras que recuerdan flores pero que en realidad son su creación a partir de interrogantes acerca del origen universal a partir del explosivo Big Bang.
Estas interrogantes van apareciendo a lo largo de su obra, desaparecen por momentos y vuelven a resurgir luego a las que responde con nuevas manifestaciones artísticas indicando que los temas no están agotados. ¿Por qué? Pienso que es porque lo Real no se agota aunque la ciencia lo pretenda. Lo simbólico no puede cubrirlo de una vez y para siempre y por eso se sigue produciendo letra en torno a él y esto es válido a nuestro entender, para todas las artes u otras producciones de los sujetos.
La Letra de Armando Bergallo no es solo escritura corriente. La puedo pensar también como una escritura nodal pues ilustra un topos de manera directa; un real que es la Cosa y una manera de cercarla que es la letra.
Una obra de arte es una letra/carta que su autor nos envía a la espera nuestra respuesta. No le preguntemos que quiso hacer, pues como todo sujeto, el artista no sabe en última instancia lo que pinta, de la misma manera que no conocemos de forma inmediata lo que puede significar un sueño. Solo espera saber algo a partir de lo que produjo en nosotros que es también una creación. Animémonos a decirle lo que leímos en su obra pues de nuestra propia lectura emerge siempre algo nuevo para la respuesta esperada aunque sea en el agradecimiento por mostrarnos la belleza de su producción.
Eduardo López.
Octubre 2023
