«La relación entre los analistas y la creación del psicoanálisis»
¿Qué es la teoría en psicoanálisis?, eso es sencillo, es la escritura mediante la cual, el psicoanalista crea un lugar para pensar lo que le sucede en la clínica.
Esta escritura se integra de relatos clínicos, nociones y conceptos, los que tienen diferente nivel de abstracción y de formalización
La clínica psicoanalítica es transmisible y también lo es porque hay una escritura en juego. La hay en el mismo acto analítico cuando el significante alcanza el nivel de la letra, y también porque una escritura a posteriori es la condición necesaria donde se puede formar el otro.
De ahí que sostengamos, que un psicoanalista es tal, no sólo porque dirige una cura llamada psicoanálisis, sino porque no cesa de escribir la manera en que soporta lo Real de su clínica, la forma de enlazar con lo Simbólico a los otros dos o aquello que realiza a partir de lo Imaginario.
Por lo que sigue siendo cierto, que es imposible que haya una buena práctica clínica, si no hay una buena práctica teórica. Y en eso aparece la relación con los otros analistas, el intercambio tanto teórico como emocional, y lo que eso genera.
Les propongo hoy, abordar la posición subjetiva del analista, a través de lo que es la relación entre analistas. Lo que no es sin una red transferencial que también termina determinando la escritura de la teoría.
La relación entre analistas
De entrada, les digo que, el lugar de la teoría en psicoanálisis, es también el de los encuentros y desencuentros entre analistas. Ahí se van escribiendo las marcas de los amores y de los odios, de las dependencias y las separaciones, pero ya no sólo a modo de historia, o mejor aún de dis-toria, sino de teoría.
Quiero con relación a esto destacar dos elementos o niveles, aún aceptando que hay otros:
- La posición subjetiva del analista en la cura se realiza también en la relación directa con los otros analistas y esto va a marcar la escritura de la teoría.
- Hay una relación entre analistas que es diferente, donde se privilegia el encuentro a partir de la letra. Sólo, y esto es una condición, uno puede escribir teoría que integre el corpus psicoanalítico, a partir del atravesamiento de lo que otros analistas han producido.
Vamos a tratar estas dos posiciones.
Para meternos en este abordaje, es necesario que hagamos un poco de historia, que discurramos en una versión sobre lo que sucedió entre analistas en el ya lejano año de 1909.
En ese tiempo Freud, Jung y Ferenczi viajan en barco para realizar las conferencias que Uds. conocen en la Clark University en los Estados Unidos. Se embarcaron el 20 de agosto de l909 y durante la travesía se dedicaron a analizarse mutuamente, a través de los sueños y también a hablar de situaciones transferenciales entre ellos.
Emprenden el regreso y también en este viaje tienen lugar nuevos relatos de sueños y de los respectivos análisis.
Hagamos acá una primera puntuación que pienso nos va a ayudar para lo que sigue: Freud elige a Jung y a Ferenczi para que lo acompañen «en este viaje», y hay un fuerte incremento de la transferencia entre ellos, en torno al análisis de los sueños y de lo que cada uno tenía que resolver transferencialmente, mejor aún, contratransferencialmente. Es en 1909 que en una carta a Jung por su relación con su paciente Spielrein habla por primera vez de “contratransferencia, el 7.6.1909, que luego un año después lo escribe en: “Las perspectivas futuras de la terapia psicoanalítica”.
Volvamos al viaje, llegan de regreso a Bremen el 29 de setiembre y dos días después, el primero de octubre, Freud y Ferenczi hacen juntos una visita, ¿a quién se preguntarán Uds., dado que parece una consecuencia de lo que aconteció en esta travesía?
Nada menos que a una médium, la Sra. Seidler a quien Ferenczi conocía, y le proponen trabajar con ella sobre una carta de Freud a Ferenczi.
Luego de lo cual, Freud escribe una extensa carta sobre «la transmisión de pensamientos».
Les pregunto y me pregunto, si ¿podemos pensar esta «transmisión de pensamientos» sólo a partir de la avidez de conocimientos de Freud y Ferenczi por lo oculto, o lo que van a buscar con esta médium, es una respuesta sobre la relación transferencial instalada entre ambos?
Podemos contestar que ambas cosas estaban en juego, sabemos que la «transmisión de pensamientos» ocupa a Freud a lo largo de su obra; él buscaba por esta vía dar cuenta de aquellos elementos que escapaban a su concepción sobre la transferencia.
Pero lo que realmente permanecía oculto, era lo que estaba determinando esta búsqueda, la filiación imaginaria entre padre e hijo que estaba jugándose entre ellos: recuerden como Freud los nominaba, tratándose de Jung «mi delfín» o «mi heredero» o en el caso de Ferenczi «querido hijo». Y con Jung estaba en juego la relación amorosa y sexual, con quien era su paciente, Sabina Spielrein.
Fin de análisis de Freud
Y como también sucede en las relaciones entre padre e hijo, la sexualidad, o mejor aún, las fantasías homosexuales no dejan de estar presentes entre ellos.
Un poco antes de estos acontecimientos, Freud había escrito esta carta:
«He rozado en mi práctica algunos casos de paranoia y puedo hacerle partícipe de un secreto. . . se trata con regularidad de un alejamiento de la libido del componente homosexual, que hasta entonces estaba moderada y normalmente cargado. . .»
Y en esta misma carta, Freud integra otro personaje de los comienzos del psicoanálisis, conocido por todos nosotros:
«Mi amigo de entonces, Fliess, desarrolló una hermosa paranoia, después de haberse desembarazado de su atracción para conmigo que no era ciertamente desdeñable.» (Correspondencia entre Freud y Jung en Jones).
Unos meses más tarde, Freud hace un adelanto teórico, presenta la homosexualidad delirante como algo que pone en juego el lugar del padre:
«Eso parece ser un rechazo a la heterosexualidad a favor de la homosexualidad que atrae hacia el padre. (Brill) no ha iluminado correctamente el papel del padre. Este último es el personaje principal en el drama, y mediante la enfermedad, (el paciente) llega après-coup a la obediencia a fin de ser un hijo según los deseos del padre» (ibíd.)
Freud acá realiza la discriminación entre el amor al padre en el tiempo de la demanda y la identificación al mismo como levantamiento de esta posición fantasmática; lo que va a nominar, como Edipo negativo y Edipo positivo.
Pero esta sistematización teórica que todos conocemos, la está realizando sobre la base de una vívida relación transferencial triádica, que ya no es la de Freud-Jung-Ferenczi, sino que a través de la lectura que les propongo, es la de Freud-Fliess-Ferenczi.
Dicho de otro modo, los invito a buscar la clave de lo que estaba pasando entre Freud y Ferenczi a través de lo acontecido entre Freud y Fliess. De ahí surgen los interrogantes sobre el odio y el amor al padre, en ese tiempo de la teoría freudiana.
Creo que leo a Freud a la letra, cuando señalo que quien ocupaba el lugar del Sujeto supuesto al Saber en el análisis de Freud, es decir Fliess, rompe el análisis que Freud hacía con él «sin que lo supiera», y lo hace en «forma negativa», «patológica”, dado que vira a la «paranoia».
Así podemos formular una versión de lo que pasó entre ellos:
A principios de 1900 Freud y Fliess se encontraron en el Acheusee, cerca de Innsbruck, discutieron con violencia, y se atacaron en sus puntos más sensibles. Este fue el último «Congreso». Luego mantuvieron una correspondencia cada vez más espaciada, la que duró dos años más.
Luego esto va a virar a lo quelurante:
«. . . A principios del verano de 1904, Fliess le escribió a Freud una carta quisquillosa. Acababa de descubrir el libro Sexo y Carácter de Otto Wininger, publicado el año anterior. Para consternación de Fliess. . . en el libro de Wininger había encontrado sus «ideas sobre la bisexualidad y la naturaleza de la atracción sexual que es consecuencia de ella: los hombres femeninos atraen a las mujeres masculinas y viceversa». Fliess la consideraba su tesis.
En 1904, enfrentándose en una acusación de indiscreción, Freud tergiversó las cosas. Admitió que en el curso del tratamiento le había hablado a Swoboda de la bisexualidad; ese tipo de cosas – escribió – suceden en todos los análisis. Swoboda debía haberle pasado la información a Wininger, a quien en esa época preocupaba el problema de la sexualidad. «El difunto Wininger – le manifestó a Fliess – era un ladrón utilizando una llave que se había encontrado».
Fliess no se dio por vencido pues un amigo común le había dicho que Wininger le mostró a Freud el manuscrito de Sexo y Carácter, y que Freud le había aconsejado a Wininger que no publicara ese disparate. Freud puntualizó que Wininger, en efecto fue a verlo, pero con un manuscrito muy diferente.
Ese fue el final de la correspondencia entre Freud y Fliess, aunque no el final de la disputa. A principios de 1906, Fliess publicó por fin su tratado, ambiguamente titulado El curso de la vida: fundamento de la biología exacta desplegando sus teorías de periodicidad y la bisexualidad con exhaustivos detalles. Al mismo tiempo, un tal A.R. Pfennig, bibliotecario y publicista (inspirado según Freud, por Fliess) lanzó un folleto combativo en el que denunciaba como plagiarios a Swoboda y Wininger y acusaba a Freud de haber sido el hilo conductor a través del cual se permitió el acceso a la propiedad original de Fliess. Lo que más irritó a Freud en esa polémica fue que tomaran citas de sus comunicaciones privadas a Fliess.» Freud rechazó en una carta a Karl Krauss las acusaciones de Pfennig – y en consecuencia las de Fliess como miserables calumnias.» («Freud. Una vida de nuestro tiempo. Peter Gay – págs. 186/8)
Como ven también para el maestro, me refiero a Freud, la terminación de un análisis estuvo preñada de consecuencias, años después de esta ruptura con Fliess, en el período de 1908/09 tiene necesidad de hablar de ella, lugar que hace ocupar a Ferenczi y en menor medida a Jung. Podemos considerar ésta como la primera y peculiar versión de un pase, donde se testimonia a la vez que se produce de otra manera, la terminación de un análisis.
Pero hay un elemento a destacar, en el pase a nivel institucional como hoy lo entendemos, quien lo escucha, si bien no está en posición de analista, es necesario que haya transcurrido por un análisis. Y Ferenczi esto, no lo había realizado.
Siracusa, 1910: ¿el pase de Freud?
Nos dice Diane Chauvelot en su artículo «Siracusa 1910: el supuesto pase de Freud»:
«Freud tenía tanto interés en este viaje que alude a él varias veces en su correspondencia, además de hacerlo en las cartas al propio Ferenczi; incluso en la correspondencia con Mahler, a quien le da prisas para que se decida a acudir antes de finales de agosto, a causa de ese viaje a Sicilia. . .. A comienzos de setiembre están en Palermo, donde van juntos a visitar algunas ruinas. Finalmente están ya en Siracusa, que tanto había de impresionarle a Freud, y que Ferenczi tampoco habría de olvidar; pero éste, como lo veremos por razones que poco tendrían de estéticas. . .. Pero ¿qué fue lo que sucedó en Siracusa, ¿qué fue eso que nos sugiere que se trató de algo distinto a un simple viaje de placer hecho por dos amigos?» (Ornicar? Nº 1, pág. 60).
Este es para Freud un momento conclusivo de la terminación de su transferencia con Fliess. Se trata de la caída de éste del lugar del S.S.S. el corte es con Fliess, pero allí no hay castración del Otro. Fliess no había caído de esa posición, antes bien lo que estaba en juego en torno al saber, era la «mala apropiación», el robo del saber del Otro, donde reivindica que el saber en juego es de él. Fliess obturaba así la relación de Freud con el saber del Otro.
Esto va a marcar a Freud y a precipitar a Ferenczi a realizar demandas a Freud cada vez más intensas.
Ferenczi responde con un progresivo e incesante agravamiento de su salud mental, y Freud, quien lo ubicó en el lugar de una escucha que lo desequilibró responde al empeoramiento de Ferenczi, con paciencia y benevolencia, lo que no fue suficiente para sacar a Ferenczi del acting-out que sostuvo por el resto de su vida.
Jones lo escribe sin adornos: «La estancia común de los dos amigos en Sicilia fue decisiva desde el punto de vista de sus relaciones futuras».
Freud le habla a Ferenczi de la terminación de su transferencia con Fliess, como dijimos, haciéndolo soporte de esta; pero también le habla de algo más, que no fue consignado por otros analistas que han trabajado este encuentro, y ese algo más, es Schreber.
En una carta que Freud dirige a Jung el 22.l2.l910, refiriéndose al caso de Schreber dice: «Esta vez no estoy seguro de la libertad que utilicé para resguardarlo de mis propios complejos».
Schreber-Freud –y Fliess es el nuevo triángulo que les planteo, entre ellos homosexualidad y paranoia, y ambos en un tiempo similar de sus vidas.
Freud dice en el caso Schreber: que el «núcleo del conflicto en la paranoia de un hombre es un deseo-fantasía homosexual de amar a un hombre». Sostiene que el paranoico convierte la declaración «Yo te amo» en «Yo te odio», haciendo así un cambio del afecto, y luego realiza un agregado «Yo te odio porque me persigues»
Esta es su lectura de las Memorias del Presidente Schreber, y está determinada por la terminación de su análisis con Fliess, y por las relaciones actuales con Jung y fundamentalmente con Ferenczi. ¿Ese padre tan loco de Schreber, no está encubriendo excesivamente en la lectura freudiana, la relación con el Otro primario?
Freud esto lo capta al punto que agrega al final de este caso:
«Queda para el futuro decidir si la teoría contiene más delirio del que yo quisiera, o el delirio, más verdad de lo que otros hallan hoy creíble.» (Ob. Completas , Amorrortu Ed., T. XII, pág. 72)
La teoría testimonia las marcas de lo transferencial
Meses antes del encuentro en Siracusa, Freud trabaja sobre Leonardo Da Vinci, en lo que tituló: «Un recuerdo infantil de Leonardo da Vinci». Como Uds. saben se trata de un hombre genial, y de la relación con su madre, ahí Freud vuelve a considerar la homosexualidad.
En este tiempo Freud oscila entre sus trabajos sobre la homosexualidad de Leonardo y la que él teoriza en la base de la paranoia en Schreber, son dos modos estructurales de manejarse con la homosexualidad.
¿Qué les estoy planteando con esto?
Podemos considerar que los de Leonardo y Schreber son textos que forman un díptico:
- Porque integran el período de su replanteo transferencial con Fliess.
- Freud no tuvo transferencias directas con ninguno de ellos:
- A Leonardo se acerca a través de notas y de sus pinturas.
- A Schreber a través de sus Memorias.
- Y en ambos materiales el encontró algo de sí mismo, como lo manifiesta en sus cartas.
Freud le dice a Ferenczi en diciembre de 1910: «Ahora tengo que superar lo de Fliess (usted tenía mucha curiosidad acerca de esto)». Y agrega motivado por su enfrentamiento a Adler: «Adler es un pequeño Fliess redivivo igualmente paranoide. . .».
Superación de conflictos pasados, actualización de estos con otros analistas y escritura teórica es la secuencia lógica.
Freud le dice a Jung por carta lo que le estaba pasando con Ferenczi:
«Mi compañero de viaje es un hombre al que quiero mucho, pero es un poco torpemente soñador y además mantiene una actitud infantil respecto a mí . . . Se ha comportado de un modo demasiado receptivo y pasivo y mi homosexualidad no llega hasta aceptarle como tal. La nostalgia por una mujer de verdad aumenta considerablemente en esos viajes»
La transferencia era fuertemente homosexual, pero quiero destacar en qué condiciones se desarrolló:
- Freud toma a Ferenczi para «su pase», en un tiempo en que éste le realizaba demandas de análisis, quería ser escuchado en relación con sus propios síntomas.
- Freud no sólo no lo escucha, lo que Ferenczi a posteriori le va a reprochar, sino que, invirtiendo la demanda, se hace oír. ¿Cómo?
- Haciéndolo sostén a Ferenczi de la caída de Fliess; cuando esto sucede, Freud se las tiene que ver, con el amor al padre y la demanda homosexual, secuencia del fantasma en que termina su relación con Fliess. En «Análisis terminable e interminable» Freud plantea teóricamente que ahí es donde tropieza el varón al término de su análisis, ahí en el punto de su tropiezo.
Lacan dice con relación a la transferencia desde el analista que «No hay en el asunto solamente lo que el analista quiere hacer de su paciente. También hay lo que el analista quiere que su paciente haga de él.«. (Seminario XI, pág. 164, la negrita es nuestra)
Nombra ahí a diferentes analistas y dice de Ferenczi, que él produce una transferencia en la que «Yo soy padre-hijo» (ibíd.)
Eric Laurent nos precisa que para Freud:
» . . . ya no habrá nunca más vacaciones sin Ferenczi (Pascua de 1911, agosto de 1911, Pascua de 1912, Setiembre de 1912). Esta compañía no se sucede sin puntualizaciones permanentes de Freud respecto a Ferenczi, que se queja de su incomprensión e inaccesibilidad». (Ornicar? Nº1, pág. 79)
Juanito y los hombres » de las ratas» y» de los lobos».
Sabemos que Freud se ubicaba excesivamente en la posición paterna, lo podemos ver en cada uno de los casos que nos relata, y justamente no sólo en el díptico que realiza con Leonardo y Schreber, sino también en dos casos en donde nos testimonia de su clínica, van a aparecer los elementos que Freud resignificaba de su relación con Fliess, fundamentalmente a través de Ferenczi.
¿Cuáles son estos dos casos?
El del Hombre de las ratas realizado en 1907/08 y que Freud escribe en 1909 y el del Hombre de los lobos cuyo tratamiento comienza en febrero de 1910.
¿Qué encontramos en el análisis freudiano de estos casos, que luego pasó a formar parte de la teoría psicoanalítica?
Los mismos elementos que veníamos planteando, pero ahora referidos ya no a Leonardo o a Schreber sino a Ernst Lehrs o a Sergeï Petrov Pankeiev:
- Posiciones fantasmáticas donde el sujeto está en una posición homosexual, propia del tiempo de demanda al padre. Diferentes maneras de manejar este basamento. Conflicto con el padre a nivel imaginario e identificación al mismo.
- Delirios o delirias, según el caso, desde donde se intentaría enlazar de otra manera la fijeza de la posición fantasmática.
- En ambos casos aparece la ausencia de consideración por parte de Freud, de la relación de los sujetos con el Otro primario, lo que no hace solamente al tiempo de la secuencia fantasmática en que se encontraban, sino a la posición subjetiva de quien interpreta y de quien luego escribe haciendo teoría.
- No tenemos que olvidarnos del análisis de Herbert Graf, el «pequeño homosexual» de cinco años, como lo llamó Freud, con el que trabaja en 1908 y que hace el caso bajo el nombre de «Hans» en 1909. También en este caso aparece como central en la consideración de Freud el conflicto con el padre, el temor y angustia ante el padre terrible, pero básicamente la posición homosexual por la demanda de amor hacia éste. En este caso la identificación al padre será una de las marcas que va a posibilitar la creación del Sinthome.
Si el psicoanálisis se escribe a partir del deseo de Freud, y de ahí lo de la writting-cure, debemos aceptar que también en él están escritos, teorizados, los avatares transferenciales entre analistas, donde a no dudar, siempre hay algo más en juego, que lo que llamamos «el deseo».
La teoría psicoanalítica es también el lugar donde se registren los desencuentros, y de eso los analistas tenemos que estar advertidos, justamente para poder servirnos de ello.
También les había propuesto considerar también una relación entre analistas diferente, donde se privilegia el encuentro a partir de la letra, mejor aún a partir del atravesamiento de lo que otro analista ha producido.
Este atravesamiento de la letra del otro se ha realizado en varias épocas entre diferentes analistas y en el marco de las distintas corrientes dentro del psicoanálisis. Atengámonos a la relación Freud-Lacan y al eje temático de la sexualidad y el goce.
Uds. saben que entre Freud y Lacan no hubo relación personal directa, fuera del envío de un trabajo que Lacan le hizo llegar y una nota confirmando y agradeciendo haberlo recibido, por parte de Freud.
Haciendo escuela
Lacan, es importante destacarlo, no fue analizante de Freud, no fue su alumno en las reuniones de los miércoles, no pertenecía al grupo de la primera generación, no compartía la misma ciudad, ni la cultura de su tiempo; y menos aún, algo tan importante como la lengua alemana en la que se escribió inicialmente el psicoanálisis. Tengan en cuenta que en ese regreso a Freud de Lacan, el alemán, los términos alemanes Lacan lo plantea a un público en la posguerra, donde los franceses se habían enfrentado a los alemanes y donde Francia fue ocupada por los nazis. De ahí la importancia de este trabajo de Lacan, en un ambiente que rechazaba lo alemán y aún no había cicatrizado el sufrimiento del pueblo francés.
La posición de Lacan con relación a Freud no es otra que la de lector de sus textos.
¿Por qué esto es importante, y porqué nos interesa tanto destacarlo hoy?
Es importante porque va a definir la producción de Lacan, como una realización a partir del texto de Freud; con la siguiente particularidad, no es una mera continuación una de la otra y paradójicamente, la obra de Lacan no es la pura diferencia de la de Freud. Si algo hubo ahí, es un atravesamiento del texto de Freud, a partir del cual se da la creación de Lacan.
Vemos como Lacan comienza su enseñanza del Psicoanálisis a partir de la revisión de los casos clínicos freudianos, de la recuperación de los términos en alemán que utilizaba Freud, a través de ese objetivo de Lacan de lograr ordenar la obra de Freud, hasta llegar a hacerla como él dijo, un «jardín a la francesa». Tiempo al que el mismo Lacan llama de «retorno a Freud». Vuelta a los textos de Freud, que en los años cincuenta, cuando Lacan comienza su enseñanza, ya los analistas no retornaban y en sus producciones no aparecía un trabajo sobre los libros fundacionales del psicoanálisis.
Esta posición de Lacan, la de lector, es para cada uno de nosotros muy importante, pues ni más ni menos, es en la que nos encontramos cada uno con los textos de Freud y también con los de Lacan. No somos contemporáneos con ellos, tampoco hemos tenido una relación directa, pertenecemos a lenguas y por tanto a culturas diferentes: con lo que verificamos que lo que hace «escuela» es un texto que puede alcanzar en nosotros un efecto de transmisión; ese que nos autoriza a llamarnos «freudianos» o «lacanianos», a partir de que tenemos con ellos una posición de lectores.
Esta posición de lectores no es ni más ni menos importante que la de los analistas que han tenido con ellos una relación personal. Es diferente. Freud mismo decía que sus alumnos-analizantes no sostenían lo que él enseñaba, lo que lo llevó a discrepar y a pelearse con la mayoría de ellos. Lacan por su parte, en el Seminario del año 1980, llamado «Disolución», dice que quiere venir a América para ver como se ha trasmitido su letra allí, donde su persona no hace obstáculo a lo que enseña.
Como ven, nos ha tocado esta posición de lectores de los maestros y con ella nos tenemos que manejar. Lo que no quita, que nuestros infiernos puedan estar en nuestras propias instituciones.
Voy a hacer una afirmación fuerte, así como la persistencia del síntoma hace a la continuidad de la clínica psicoanalítica, la creación de un escrito que haga escuela es la única posibilidad de un cierto avance del psicoanálisis.
Un avance que nos permita escribir lo mismo de otra forma, anudar de otra manera las nuevas pulsaciones de lo Real en nuestras sociedades. Y a partir de eso, replantearnos los fundamentos del psicoanálisis.
Por ello estimo que es importante esta manera de atravesar el texto del otro, para llegar a realizar algo del orden de la invención.
Tomemos para ejemplificar el atravesamiento del texto del otro, que hace Lacan, lo que se da en relación con la sexualidad, al placer y al goce.
La sexualidad y los goces
Para Freud la sexualidad lejos de ser una condición innata, instintiva, es un producto realizado en el marco de la estructuración edípica. El cuerpo se sexualiza, atravesado por el retorno de lo reprimido.
Como Lacan escribe en el Seminario XI, la sexualidad atraviesa los desfiladeros del significante.
Dicho de otra manera, sólo hay sexualidad por la acción del significante.
Pero para ello, Lacan comienza a hacer una distinción esencial:
Desde la primera Reunión del seminario «Encore», Lacan nos plantea el término de Goce como distinto a la vez del Lust freudiano (placer o deseo) y del concepto de satisfacción. El goce dice Lacan, es eso de que habla el derecho: gozar de una cosa, es poder usar hasta abusar – abuso que el derecho, tiene la ambición de limitar. El derecho reglamenta el goce limitándolo a las fronteras de lo útil.
En la lengua española, goce y placer, parecen recubrir los mismos significados. Satisfacción, goce y placer se usan en ocasiones de manera indistinta.
En el psicoanálisis lacaniano el Goce se define, al contrario del placer, como eso que se opone a lo útil: es, dice Lacan, eso que no sirve para nada. Se plantea como una instancia negativa que no se deja llamar ni a la ley del principio del placer, ni a la de autoconservación, ni a la necesidad de descargar la excitación.
La idea de Lacan es que el goce sexual es por sí mismo una limitación del goce general. Y hace de límite porque depende del significante, es el efecto el significante que introduce la dimensión sexual en el ser humano.
¿Es la castración la que nos impide gozar?
Lacan no lo cree y demuestra en la «Subversión del sujeto . . .» que es, al contrario, pues es gracias a la castración que el registro del goce sexual nos es abierto. Corrige así la concepción, según la cual, se prestaba el desarrollo freudiano de Tótem y Tabú.
Donde el mito freudiano parece indicar, que solo aquél que no está castrado, a saber, el padre primitivo, puede gozar, en el sentido que él puede poseer todas las mujeres; en cuanto a los hijos, se ven divididos entre la envidia de gozar como el padre y la creencia de ser castrados por él.
En la concepción freudiana es entonces el complejo de Edipo y el complejo de castración que ahí se integra, quienes hacen barrera al goce. Lacan encuentra el medio de sortear el impase complejizando la noción de goce.
En la «Subversión del sujeto. . .» plantea que es necesario distinguir dos tipos de goce, y que, en este contexto, el goce que Freud atribuye al padre primitivo no puede ser identificado al goce sexual propiamente dicho
El significante del falo introduce así una división del goce. Revelando una doble función: por un lado, interdicta el goce, por el otro, lo permite. Es por lo que Lacan plantea en la última frase de su texto «Subversión del sujeto. . .»:
«La castración quiere decir que es necesario que el goce sea rechazado, para que pueda ser alcanzado en la escala invertida de la Ley del deseo». («Escritos 1, pág. 338)
El goce interdicto por el significante es el goce infinito, aquel que Freud supone al padre primitivo.
Sexualidad y goce, como lectura desde los textos lacanianos a partir de la obra de Freud, van cambiando.
Para terminar, les digo algo más, Lacan plantea como ética del psicoanálisis que el sujeto sea consecuente con su deseo, lo que aún sostenemos. Pero hoy, sabemos que no sólo es necesario conocer nuestro deseo, sino también sostenerlo.
¿Por qué es necesario sostener el deseo?, por estas dos situaciones:
El deseo parte ya vencido, dice un contundente Lacan, ahí donde se avizora su impotencia. ¿Por qué es esto? “Puesto que parte sometido al Principio del Placer, cuya ley es hacerlo quedar siempre corto en sus miras.”
Lo otro que hace necesario el sostén, es que el reverso del deseo es el superyó.
Ricardo Landeira
Si desea enviar un comentario sobre el texto al autor, puede dirigirlo a ricland@netgate.com.uy
Reunión del Plenario de la Red del 28 de agosto del 2023.
