“Nota para una escucha de la transexualidad”
“Nota para una escucha de la transexualidad”
Al comenzar a realizar este trabajo para esta reunión tan linda, se me ocurre empezar por buscar la etimología de la palabra TRANS, como una forma de buscar el origen de una problemática, que aun nos interroga, y que me interroga.
Entonces la forma simplificada del prefijo de origen latino trans-, es que significa, básicamente, ‘detrás de, al otro lado de’ o ‘a través de’.
¿Qué significa la palabra trans?
La palabra transgénero (o trans) es un término general para aquellas personas cuya identidad y expresión de género se diferencia de las que están típicamente asociadas con el sexo que les fue asignado al nacer (por ejemplo, en la partida de nacimiento).
¿Cuándo se usa trans?
Se usa trans cuando los prefijos tras- y trans– se utilizan para indicar al otro lado o a través de. Por ejemplo: trasladar, transportar. Ambas formas son aceptadas y es correcta su escritura según la Real Academia Española.
Desde la etimología:
Originalmente es una preposición latina con acusativo, trans, tra, que funciona en nuestra lengua como prefijo (trans) y que esencialmente significa “que atraviesa”, “sobre pasa”, “de un lado al otro”, “del otro lado”, “más allá”.
Está vinculado a la raíz indoeuropea *tera-2 (pasar por, cruzar).
En latín existen muchos vocablos que llevan este prefijo. Aquí algunos casos: “transcribere” (transcribir, copiar); transdanubianus o transdanu vianus de trans más Danubius o Danuvius (más allá del Danubio), transalpinus (del otro lado de los Alpes) (más allá del rio Rin) (transgresión, pasaje, transito).
En español los casos de las palabras con este prefijo son muy abundante: transiberiano, Transilvania, transcontinental, transmisión, transmutar, transgénico, transalpino, transporte, transformar, transeúnte, y mucho más.
Entonces como habrán visto este prefijo TRANS nos puede sugerir muchas cosas, en este trabajo voy a hablar sobre el término trans como una abreviatura de transgénero o transexual, un viaje a través de la sexualidad, de las contradicciones de la naturaleza humana, en este sentido el psicoanálisis es un vehículo favorecido para escuchar al sujeto moderno, una subjetividad enigmática, desconocida, estigmatizada y algunas veces patologizada.
En este tiempo me he encontrado en la escucha psicoanalíticas diferentes teorías: como la teoría de géneros, la historia de la medicina, antropología etc. Y me genera algunas preguntas que se las voy a transmitir: ¿Qué es ser hombre?, ¿Qué es ser mujer? ¿Y el sujeto transexual qué lugar ocupa entre estos dos significantes? ¿Puede un sujeto cambiar de sexo, elegir ser hombre o mujer? ¿Cuáles son las implicancias de las transformaciones del cuerpo de un sujeto transexual sobre su psiquismo? ¿Podríamos hablar de una estructura clínica propia para la transexualidad? Pero lo que más me impacta cuando he escuchado es que dicen “me siento mujer” o “me siento hombre”, ese “sentirse”, ¿seria para el psicoanálisis un delirio?, si fuera un delirio ¿cómo es que se puede sostenerse hasta quitarse sus genitales? ¿Se podría vivir siempre con ese delirio?
En la revisión de mi lectura, vi que la formalización del transexualismo como entidad propia comienza en 1950 con el Dr. Harry Benjamín, endocrinólogo y sexólogo quien establece la diferencia del transexual respecto del travesti y del homosexual. El transexual no obtiene una satisfacción erótica del hecho de travestirse, y se siente como alguien perteneciente al otro sexo. Rechaza sus órganos genitales sin encontrar placer en ellos, a diferencia del travesti y el homosexual. Pero lo que más me impacta como lo exprese anteriormente es cuando he escuchado es que dicen “me siento mujer” o “me siento hombre”, ese “sentirse”, según Millot “el transexual es alguien que se siente mujer y siempre se ha sentido tal. Fácilmente pasa por mujer si va vestido de mujer: es femenino pero no afeminado”. (Millot, C.1984, p.42)
La primera intervención quirúrgica tuvo lugar en 1950 en Dinamarca con Christine Jorgensen.
Desde el comienzo de mi practica como analista he tenido la oportunidad de acompañar y analizar personas trans. Quiero decir que tengo una posición ética y política que atraviesa mi ejercicio, intento aportar desde mi lugar para el avance y respecto de los derechos de las personas trans, como así también de otras poblaciones que han sido vulneradas y discriminadas históricamente. Cada vez más existen consultas que en principio son pedido de acompañamiento a procesos de reasignación de sexo, y luego de las entrevistas preliminares han derivado en la posibilidad o la apertura de análisis.
La pregunta que surge a ¿Quién soy?, “me siento mujer” o “siento que soy hombre”, es decir que dicha pregunta está en relación al cuerpo.
El psicoanálisis en la práctica clínica, se orienta éticamente a la escucha de ese Sujeto, que con su padecer consulta, es un sujeto único e irrepetible, es único en su historia que lo hace ser y que desea que otro escuche.
Propongo entonces pensar lo trans como parte de la identidad de quien consulta con sus particularidades, y su alteridad, destaco que la clínica con sujetos trans es un desafío para la teoría y práctica psicoanalítica, ya que nos obliga a repensar conceptos, modos de intervención y porque no al propio analista.
La experiencia de análisis que les voy a transmitir es la siguiente: llega a mi consultorio, una mujer llamada Paula de 26 años (asignado como varón al momento de su nacimiento), estudiante de una carrera universitaria que estaba llegando a su fin y al mismo tiempo empleada en una empresa.
Su demanda en la primera entrevista manifiesta la necesidad de un espacio con un psicólogo para que lo acompañe en el tratamiento hormonal que había comenzado hacía varios años. Agrega a la demanda algunos rasgos de carácter que le resultan descontentos, como por ejemplo: irresponsabilidad en los estudios (de igual manera está avanzada en la carrera que eligió), en horarios e irritable. Y también relata que mantiene relaciones conflictivas con su padre y otros integrantes de su familia.
En las primeras entrevistas Paula se muestra segura en sus relatos, controla sus emociones, dijo que no se permitía sentir tristeza, ella tiene que ir para adelante y más ahora que “mi madre no está”. (Madre había fallecido hacía un año).
Su historia de vida es relatada con muchos olvidos y vacíos. Le propongo trabajar además del acompañamiento que demanda, trabajar sobre esos olvidos, sobre el descontento, así de esa forma del pedido al psicólogo para un acompañamiento a un proceso hormonal, se fue construyendo una demanda de análisis.
Al indagar sobre el desencadenante de la consulta comenta algunas experiencias intersubjetivas en relación con su género que le provocaron sufrimiento al momento de iniciar sus estudios médicos para iniciar su proceso de reasignación de género. Fueron vividas por Paula como humillantes y violentas contra su persona.
Por lo tanto, desde el comienzo me encontré con un sujeto, psíquicamente estabilizado alrededor de su “sentirse como mujer”, no presenta en su motivo de consulta un sufrimiento, manifestando que desde que ella tiene recuerdos de su niñez siempre se sintió mujer, jugaba con muñecas, se vestía como nena, peleaba con su madre por la ropa, ella quería usar ropa de nena, se sentía mujer.
Paula se encontraba en un proceso de construcción de su subjetivación, su pregunta no giraba en torno a ¿Quién soy?, sino en relación con el modo de estar siendo con ese cuerpo, (yo-cuerpo) es decir el conflicto comenzó a dar lugar a la relación con el cuerpo ante la mirada del otro (yo-cuerpo-mirada).
La identidad de Paula estaba en conflicto con la posición social y política, es decir con la miradas de otros. Como lo dije anteriormente ella se sentía mujer, pensaba como mujer y hacía cosas de mujeres desde los 14 años en el cual se va a vivir con una tía.
Al hablar del ser de una persona estamos haciendo referencia a su identidad, al ser mismo de ese sujeto, al núcleo de su yo. A mi entender la identidad remite a un sentimiento de si, a un tejido de lazos complejos y variables en donde se articulan narcisismo, identificaciones, vida pulsional., conflictos entre instancias.
Luego de las primeras entrevistas, el relato de Paula comenzó a dar cuenta de una representación de si mismo muy desvalorizada, constituida por un déficit primario de narcisización, descalificaciones por el entorno familiar y social, estados de desamparos tempranos, identificaciones a rasgos negativos y rechazados de familiares, sucesos traumatizantes, falta de objetos primarios que contuvieran o mitigaran el malestar de los primeros años y a su vez causantes de angustia por sus malos tratos.
En relación a sus ideales, podemos describirlos en lo que se refiere a su cuerpo, a su vida académica, laboral y familiar. En cuanto a su cuerpo, sus expectativas era tener un cuerpo sano, que pudiera vivir una buena vida. En cuanto a su vida académica transita entre el ideal de recibirse en el menor tiempo posible.
Sobre lo familiar existe una expectativa de poder llevarse mejor con su padre, teniendo el deseo de ser cuidada por su única hermana, siendo el motivo de sufrimiento, provocando manifestaciones clínicas en transferencia que son objeto de análisis.
Durante el primer año de análisis, lo trans no era nombrado: Paula afirmaba que se sentía mujer, solo como mujer y no como mujer trans. Cuando hablaba de su adecuación y reasignación de género lo hacía con términos como “mi tema”, otras veces “mi problema”. Nunca había conversado abiertamente de su condición de sujeto trans con nadie. Por lo tanto el espacio clínico ofreció la apertura para poder saber algo más sobre su condición y comenzar paulatinamente a inscribirse socialmente como tal. La posibilidad de hablar sobre su evolución de su tratamiento hormonal despertó el deseo de saber más sobre lo trans, y al mismo tiempo se acercó a personas trans que estaban atravesando procesos similares, comenzando a leer e informarse sobre el tema. También comenzó a participar de actividades públicas en cuestiones de género.
Tras un largo tiempo de análisis, la organización de su yo y superyó, sus representaciones sobre sí misma como mujer, su cuerpo, su apertura a nuevos lazos vinculares amorosos, laborales y sociales, la habilitaron a comenzar a reconocerse con la inscripción social, política e identitaria trans. (Destaco la importancia de su lucha individual por conseguir ejercer el derecho a las adecuaciones corporales y tratamientos gratuitos que reconoce la ley de identidad de género nacional, en Uruguay). El proceso de adecuación y reasignación médica significó un conflicto entre el ideal del cuerpo, el duelo por lo perdido y la aceptación del cuerpo actual. Paula sostenía un ideal muy elevado sobre el cuerpo que deseaba tener, un ideal de belleza que la cultura a través de los medios de comunicación publicita: rubias, altas, cuerpo esculpidos. De hecho, a modo de fantasía me decía que luego de cirugías alcanzaría tal representación. A raíz de ser interpretada sobre esa fantasía, pudo habilitarse a mirarse, a ser mirada y erotizarse. A mi entender el cuerpo representado estaba ligado al ideal y no a lo real, ella se pensaba con el cuerpo fantaseado. Poco a poco comenzó a resolver sus resistencias y represiones dando lugar al deseo.
Las modificaciones corporales por adecuación de su cuerpo reorganizaron el yo y con ello su aparato psíquico, lo que habilitó una nueva forma de disfrutar de su cuerpo, decía: “si bien tendré cambios corporales, siempre van a estar ahí partes y cicatrices que dejaron la marca de algo con lo cual yo no me siento identificada, pero son parte de mi”. “Antes pasaba mucho tiempo pensando en cómo ocultar las partes que no me gustaban, hoy mi cabeza no piensa en cómo ocultar, tengo este cuerpo y soy esto”.
Existen antecedentes de personas que han vivido como concernientes a un sexo diferente del que nacieron, en diferentes culturas y épocas, pero el fenómeno trans resulta ser más de la modernidad pues la medicina, la endocrinología y la cirugía sexual le otorgan esa modificación. Es decir, los progresos en la medicina le dan más posibilidad para responder a la demanda presentada por estos sujetos trans.
Según los médicos con los que me contacté, el avance de las técnicas en la cirugía sexual sería: la extracción del pene y los testículos, reemplazados por una vagina estética y funcionalmente “casi perfecta”.
De esta manera se logra una coherencia entre el sentir psíquico (por ejemplo “me siento mujer” “me siento hombre”) y la apariencia corporal. Es decir, la modificación corporal es una forma de ajustar la apariencia con el sentimiento íntimo de ser mujer u hombre. Hoy en día es más posible tener una apariencia sexual primeramente a través del proceso hormonal y luego se acompaña de la cirugía sexual o no. El objetivo de la cirugía sexual es la modificación de la apariencia de los caracteres sexuales del sexo que es rechazado. “no quiero tener pene me decía Paula”.En primer lugar, quisiera pensar con ustedes la noción misma de género, que ha sido utilizada en diversos sentidos y que ha producido muchos equívocos desde que Stoller la introdujera para distinguirla del sexo. La podemos pensar también como una pura construcción social de un rol, para dar representación a las diferencias sociales entre hombres y mujeres y como un conjunto de rasgos asignados de manera normativa por las sociedades para representar esa misma diferencia.
Pero esta diferencia binaria se disipa muy pronto cuando se ve la necesidad de multiplicar los géneros, apareciendo así el término, transgénero con la concepción queer para poner en cuestión la idea de una diferenciación de las identidades sexuales. Lo queer se define como lo extraño o poco usual, aquello que no puede definirse por un binarismo, aquello que escapa a la lógica binaria de la diferencia mínima entre dos significantes. Entre el ser o tener.
En el campo psicoanalítico, la transexualidad ha sido abordada de diversas maneras, hay quienes lo piensan en una estructura psicótica y confrontan con quienes consideran en una postura errada y sostienen que no hay una correspondencia exacta entre psicosis y transexualidad.
A mi entender y desde el psicoanálisis podemos decir que la aparición de los estudios de género, con la repuesta añadida del transgénero es un síntoma más de la imposibilidad de representar la diferencia de los sexos como tal.
Entonces vemos que la sexualidad y el goce introducen en el ser hablante una Alteridad que no puede representarse, de ninguna forma con la diferencia significante. La idea freudiana de que en el inconsciente hay representación de la diferencia de los sexos está de hecho en el principio de esta imposibilidad.
En 1916, Freud reafirma que la noción de “lo sexual” es un término más amplio, y lo fue demostrando en toda su obra, ya que en esa época la sexualidad estaba sujeta a la genitalidad y a la reproducción, considero que “La organización genital” y “El sepultamiento del Complejo de Edipo” muestra el giro que da Freud en relación con la sexualidad, produciendo una inserción a la teoría de la sexualidad que había desarrollado en “Tres ensayos…” y que trabajo en 1916.
Desde 1923 y agregados que Freud introduce en “Tres ensayos…” la sexualidad de hombres y mujeres está organizada alrededor del falo y la castración. Aclaro aquí que el falo planteado en estos términos no es el pene sino la imagen de forma fálica, en el cual Freud sitúa como símbolo de la sociedad patriarcal de la época. Es decir que el falo será el operador lógico de la estructura dejando por fuera la lógica del “desarrollo”.
Un año más tarde, en “El sepultamiento del complejo de Edipo”, trabaja la articulación del complejo de castración y el complejo de Edipo en el varón e introduce algunas diferencias en la niña.
Entonces podríamos pensar en tres grande momentos en la obra freudiana: los desarrollos en relación con el complejo de Edipo; el falo como operador estructural que ordena las posiciones sexuadas e indicará más tarde la desproporción entre posición masculina y femenina, y un tercer momento en que se articula con el primer objeto de amor: la madre.
Con respecto al transexualismo, si bien Freud, no lo llamo así, por ser un término posterior, pero se ocupo del primer caso de transexualismo delirante que conocemos: el Presidente Schreber. Donde la hipótesis central a mi entender es la de sostener la defensa contra la homosexualidad como la causa de su psicosis. Freud planteó que la fijación homosexual pertenece al estadio del narcisismo, de esa manera cuando estalla el conflicto en la adultez, la libido hace una regresión al punto de fijación narcisista donde se desencadena la psicosis, de este modo considero que Freud plantea tres momentos: el periodo previo al desencadenamiento con la fantasía que sería “hermoso ser una mujer durante el acoplamiento”, luego en el período psicótico con el delirio de ser “una mujerzuela” que los hombres usarían y dejarían tirada, y luego en el período de estabilización con el delirio de ser “la mujer de Dios”. Esta “mudanza en mujer” que atraviesa todo el delirio, es la figuración del transexualismo delirante de Schreber. Lacan retoma la conceptualización freudiana a partir del significante fálico y más adelante, la función fálica. Entonces a mi entender la primera enseñanza de Lacan le da al “genero” un lugar central, al ubicar como se normativizan las identificaciones viriles y femeninas a partir de su paso por el complejo de Edipo.
Lacan en 1957 habla por primera vez del transexualismo, en el seminario 4 y dice: “quienes asisten a mi presentación de enfermos han podido comprobar en uno de nuestros pacientes transexuales, que nos la describió, el carácter verdaderamente desgarrador de la dolorosa sorpresa experimentada el día que, por primera vez, vio a su hermana desnuda” (Lacan, J. 1957, p.272) Aquí vemos que desde el inicio el transexualismo y la psicosis quedan en alguna relación.
Según Lacan existe un goce transexualista que sería la solución que Schreber encuentra en relación con su posición sexuada, al no disponer del “significante fálico”. Este concepto de “significante fálico”, “falo simbólico”, es definido por Lacan como el significante del deseo, y resume la lectura de Freud acerca de la dialéctica falo- castración, como punto de detención del modo de identificación que permite a un hombre o a una mujer considerarse como tal. Es producto de la efectuación de la metáfora paterna, la cual a su vez es el resultado de la efectuación de los tres tiempos del Edipo, al cabo de los cuales el neurótico resuelve el enigma, la “x” del deseo de la madre con la solución del significante falo, significante que permite una identificación simbólica diferente para el niño, “tener el falo” y la niña “ser el falo”. Ahora bien, esta metáfora paterna y su solución en tres tiempos son posible con la condición –a mi entender- de que haya un tiempo cero, el de la Bejahung del Nombre del padre. Si no hay inscripción del Nombre del padre, tampoco habrá posibilidad de inscripción del significante falo: es decir este se inscribe si se inscribe el otro.
Lacan describirá que el significante falo tiene funciones que permiten a un sujeto instalarse en una posición inconsciente: -dar una significación de la posición sexual como hombre o mujer.
-dar una significación de que se es en cuanto padre o madre
-dar una significación de la función a cumplir frente al partenaire sexual
-dar una significación de que se es en tanto vivo o muerto y organizar las significaciones con una referencia sexual, significar el goce fálicamente.
Ahora bien: en la psicosis esas funciones que dan significaciones fundamentales a nivel del ser: hombre o mujer, no se cumplen, en tanto no hay inscripción del nombre del padre, tampoco se inscribe en el significante falo: hay en su lugar dos agujeros forclusivos, a los que Lacan les asigna los matemas de Po y fo: un cero un agujero, en el lugar donde debieran haberse inscripto esos significantes. El significante del nombre del padre organiza las inscripciones significantes, y el significante falo organiza las significaciones imaginarias, por lo que la confrontación con los agujeros Po y fo produce la catástrofe simbólica e imaginaria del desencadenamiento.
Como vemos en este tiempo, Lacan pone acento en los simbólico y en lo imaginario, pero también la catástrofe se produce a nivel de lo real: el efecto de Po y fo es que el goce queda deslocalizado, al no contar ni con el Nombre del Padre – que no solo organiza las inscripciones significantes, sino que también tiene la función de asegurar una pérdida de goce estructural, ni con el significante falo (que no solo organiza las significaciones sino que también localiza en el goce en el cuerpo) No hay perdida de goces ni localización del goce en el cuerpo, con los cual a mi entender se trata de un goce en más, que irrumpe sin localización posible. La forma que toma ese goce que irrumpe es la de los fenómenos elementales y por esa razón Lacan lo llamara de significante en lo real que cuando irrumpen desarma la construcción simbólico-imaginaria.
En conclusión: en la primera enseñanza de Lacan a mi entender el significante fálico sería el articulador de la conceptualización de la posición sexual para Lacan y ubica la posición del psicoanálisis en relación con las teoría de género. Por ejemplo, en el seminario 18, Lacan recomienda la lectura de “Sexo y genero” de Stoller por la buena observación clínica de los casos allí presentados. A su vez critica el no tener en cuenta el concepto de la “forclusión lacaniana”. De este modo, ubica la hipótesis de una relación entre el transexualismo y la forclusión, y en el cual dicha hipótesis en algunos casos se toma como si hubiera una equivalencia entre transexualismo y psicosis. Reafirma que la sexualidad no tiene un correlato biológico y critica la noción de identidad de género, pues no hay nada en la experiencia humana que permita definir lo que es el hombre y la mujer, es decir que lo único que demuestra esta noción es que los seres humanos se reparten en hombres y mujeres: “la identificación sexual no consiste en creerse hombre y mujeres, sino en tener en cuenta que hay mujeres, para el muchacho, que hay hombres para la muchacha” (Lacan, J.2006,p.33)
En el seminario 19 “O peor” (1971-1972), Lacan vuelve sobre el tema del transexualismo, hablando del “error” del que padece el sujeto transexual: tiene un cuerpo equivocado, tiene un cuerpo que no coincide con el sexo al que tiene la convicción de pertenecer. Pero ¿cuál es el error?, es el “error común”, dirá Lacan, que consiste en interpretar la pequeña diferencia anatómica en criterios fálicos. Es así como se los distingue a los seres hablantes desde la más pequeña edad. No son ellos los pequeños, quienes se distinguen, sino que “se” los distingue. Los pequeños por su parte y en principio, rechazan esta distinción en lo que se conoció como las fases infantiles. Se verá luego si ellos consienten inscribirse en la función fálica. El transexual rechaza los criterios fálicos a partir de los cuales se los distinguió en la repartición sexual, es por ello que quiere liberarse de “ese error”. El problema estaría cuando quieren liberarse de reconocerse hombre o mujer. Lacan dirá que la única manera sería modificando su anatomía: “su único yerro es querer forzar mediante la cirugía el discurso sexual que, en cuanto imposible, es el pasaje a lo real”. (Lacan, J. 2012 p.17).
En 1972 en el escrito “el atolondradicho”, Lacan comienza a hablar “empuje a La mujer”, se remite a el caso Schreber, remarcando aquello que antes había llamado “goce transexual”, pero ubicándolo a partir de las formulas de la sexuación, aquí considero importante porque Lacan ubicará la sexuación como una elección de goce y no como había dicho en la primera enseñanza, como una elección significante. Desde las formulas de la sexuación, la posición sexual del lado hombre o del lado mujer se elige a nivel del goce, en función de cómo se inscriba uno u otro con respecto a la función fálica. Es decir, la función fálica implicaría una escritura del goce y cada sexo se inscribe de un modo distinto: el lado hombre se inscribe en función de dos formulas: el todo y la excepción. El lado femenino se inscribe en función de no hacer excepción al falo y de la lógica del no-todo. Del lado femenino, Lacan sitúa que en la medida en que el goce no puede inscribirse según un todo fálico como para el hombre, no se puede situar un universal de las mujeres. Allí planteara la formula:” La mujer no existe”, para ubicar que no hay un universal a nivel del goce femenino. Les voy a compartir lo que escribió en “El atolondradicho”: “podría aquí, al desarrollar la inscripción que hice, mediante una función hiperbólica, de la psicosis de Schreber, demostrar en ella lo que tiene de sardónico el empuje a-La mujer que se especifica con el primer cuantor: habiendo precisado bien que es por la irrupción de Un padre como sin razón, se precipita aquí el efecto experimentado como forzamiento” (Lacan, J, 1972, p.490)
Aquí en relación a la función hiperbólica que sitúa Po y fo, en donde el encuentro con Po produce la irrupción de un padre real, introduce el desencadenamiento a lo que llamara el forzamiento, al empuje a La mujer. De este modo, a mi entender, la lógica de “El atolondradicho” es semejante a la de “De una cuestión preliminar…”, como en la psicosis no hay inscripción del Padre, es decir, no se inscribe la excepción, el sujeto no puede posicionarse en relación con el falo, como castrado. Es decir que su goce no es fálico porque no pasa por la castración y si su goce no es fálico, el goce en la psicosis es un goce sin regulación, deslocalizado, a eso Lacan le llama empuje a La mujer, sin el cuantor de la castración, el goce no está castrado, se infinitiza. De este modo, sin excepción, no hay posibilidad de inscribirse como hombre haciendo del goce un goce fálico. Pero tampoco es posible inscribirse del lado de una mujer, porque tampoco se puede inscribir el goce dentro de un no-todo goce fálico porque no está inscripto. Por lo tanto, si no hay medida del lado del hombre y no hay castración del lado mujer, el empuje es a La mujer no existe, y aquí utiliza por primera vez el “La” para subrayar que solo en el caso de la psicosis La mujer existe, con sus consecuencias.
Entonces a mi entender se produce dos efectos con lo expuesto anteriormente:
1- La infinitización del goce: la ausencia de la excepción del padre implica una no cuantificación, una no limitación del goce, y por lo tanto el goce se vuelve infinito y deslocalizado.
2- La mujer como producto de la inscripción de la excepción paterna, lo que funciona como empuje es la inscripción de la excepción por la vía de la realización de un absoluto: el efecto forclusivo psicótico es un empuje a realizar la existencia de La mujer, es un empuje entonces, a escribir que La mujer existe, en el lado derecho de las formulas, por ello a mi entender Lacan lo remite a lo femenino, en el punto donde el goce y no es regulado por el falo y en tanto es ilimitado. Pero a diferencia de la posición femenina que se ubica en un más allá del goce del goce fálico, el empuje a La mujer se ubica en ausencia del goce fálico. Es un empuje a inscribir otra excepción, que no es la paterna que es LA mujer.
En la última enseñanza de Lacan podemos decir que la cuestión del género se inscribe en términos de goce, lo cual asociando con la transexualidad se ubicaría en relación con la forclusión, por un lado y el empuje de La mujer por otro.
Lacan solicitaba a pensar que hay dos sexos y no más, decía “son deux” (dos) pero también “d^ eux (de ellos o de ella). Hay el UNO y hay el OTRO, pero no hay modo de enganchar con la lógica del significante la diferencia que se extiende entre los dos.
Pensar en la alteridad del goce del Otro es precisamente imposible de representar con la lógica binaria del significante entre el UNO (1) y el CERO (0) hay una infinidad de números más. Es decir, las iníciales podrán multiplicarse al infinito: LGTBI…
La alteridad del sexo y del goce seguirá sin poder representarse en el lenguaje.
Catherine Millot define al transexual como: “una persona que solicita la modificación de su cuerpo a fin de conformarlo a las apariencia del sexo opuesto, invocando la convicción de que su verdadera identidad sexual es contraria a su sexo biológico” (Millot, C , 1984, p.14)
Lacan dirá: “Quizás sepan que el transexualismo consiste precisamente en un deseo muy enérgico de pasar por todos los medios al otro sexo, así sea operándose, como se está del lado masculino”( Lacan, J.2006, p.30)
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Verónica Molina.
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