«¿Podemos hablar de otras pulsiones?»
(Presentación en el Plenario de la Red del 24.08.20, a partir de la propuesta de trabajar “La relación entre las pulsiones y los sentidos”)
Luego del intercambio quiero comentar que me refiero a preguntarnos si podemos hablar de otras pulsiones valiéndonos y a partir del concepto psicoanalítico de Freud y retomado por Lacan, que entiendo se refiere a esas inscripciones que se producen en la relación primaria en la cual se contornea y agujerea un cuerpo a partir de la erogeneización (y que llevarían a un goce concomitante). No me pregunto por una existencia de las pulsiones.
La RAE nos dice que los sentidos son la “capacidad para percibir estímulos externos o internos mediante determinados órganos. Los sentidos corporales clásicos son vista, oído, olfato, gusto y tacto”
( https://dle.rae.es/sentido#XbL0DxO)
También se habla de otros sentidos, leí en algún texto que algunos llegan a hablar hasta de veintiséis.
Strachey, en la nota introductoria de “Pulsiones y destinos de pulsión” nos dice que Freud define la pulsión como “un concepto fronterizo entre lo anímico y lo somático (dice en algún otro lado “entre lo físico y lo anímico”), representante psíquico de los estímulos que provienen del interior del cuerpo y alcanzan el alma…”, dice que es “el representante psíquico de poderes orgánicos”, y habla de la “Proveniencia de fuentes de estímulo situadas en el interior del organismo…”.
Si la capacidad para percibir estímulos internos y externos mediante determinados órganos define a los sentidos, podemos decir habría una relación con las pulsiones, en tanto que si «vienen del interior del cuerpo», y para que haya una zona erógena tiene que haberse producido una erogeneización que venga de afuera, va a ser a través de los sentidos que las podemos llegar apercibir.
Para hablar de pulsiones, Freud nos dice que hay que tener en cuenta los términos esfuerzo, meta, objeto y fuente de la pulsión. De la fuente, nos dice que es el proceso somático interior a un órgano o a una parte del cuerpo cuyo estímulo es representado en la vida anímica por la pulsión. Entonces sería ese carácter fronterizo de la pulsión, especialmente la fuente, lo que podríamos decir que tiene alguna relación con los sentidos.
Se me hace difícil poder decir más, dado que estos términos no pertenecen al mismo campo conceptual: las pulsiones tienen que ver con una conceptualización psicoanalítica y los sentidos tienen que ver con conceptualizaciones para otras disciplinas.
¿Por qué trabajar esto entonces?
Hace varias semanas en la Coordinación del Plenario descubrimos que algunos nos veníamos preguntando hace tiempo si podíamos hablar de pulsión olfativa pero ninguno de los que coincidíamos lo habíamos trabajado. En la discusión que se produjo, en un momento llegamos a preguntarnos hasta por las vías que conectan al cerebro el sentido del gusto y el del olfato, planteándonos si lo que queríamos llamar pulsión olfativa no sería parte de lo que es la pulsión oral. No creo que atribuir a las pulsiones una correspondencia con un sentido nos va a servir para trabajar esto. Me acordé de cuando trabajábamos la activación de lo psicosomático; si algo me quedó claro en ese trayecto fue que si nos metíamos a querer saber lo que pasa a nivel intraorgánico para entender el concepto o para pensar en la dirección de la cura, no íbamos para ningún lado. No quedaba otra que seguir por las vías del análisis y preguntarnos qué lugar ocupa el fenómeno psicosomático en la estructura de un sujeto, si tiene alguna función para ese sujeto, qué goces podían estar en juego ahí.
En este caso, ¿no estaríamos cayendo en lo mismo buscando si existe alguna correspondencia entre las pulsiones y los sentidos?
Los sentidos pueden formar parte de las pulsiones pero incluso ni podemos decir que la vista tiene que ver con la pulsión escópica, el gusto con la oral, el olfato con la olfatoria, el oído con la pulsión invocante, ni que hablar de la analidad: ¿con qué sentido se correspondería específicamente?. ¿No hemos dicho, por ejemplo, que con la mirada (que no es la vista), se puede comer? Si hay relación entre los sentidos y las pulsiones, no va a ser de correspondencia de uno a uno.
Recordemos además, que después Lacan en la reunión que Sergio Abreu nos presentó hace un rato (Clase XIII del seminario 11 de Lacan), nos dice que la pulsión no pertenece al registro de lo orgánico. Esto no significa que algo de lo somático no esté presente, dado que se plantea como un concepto fronterizo, sino que no lo ubicaríamos en el registro de lo Real, lo ubicamos en un enlace entre lo Imaginario y lo Real. Lacan nos recuerda al Freud que nos dice que la pulsión forma parte de lo que sería una convención, como la ficción de la que él nos habla.
La mirada, por ejemplo, no es igual al sentido de la vista, uno puede ver muchos objetos, pero no todos los objetos van a ser objetos de la pulsión escópica. Me acordé de un texto que había leído el año pasado cuando trabajábamos la mirada (creo que la autora era Patricia Fryd y que el texto es de una Reunión Lacanoamericana), que decía algo así como que si se piensa en una linealidad entre lo que se ve y lo que se ofrece a la vista, se pierde la mirada.
Para seguir produciendo con la interrogante de si podemos hablar de una pulsión olfativa, no creo que la cuestión de la relación con los sentidos nos vaya a servir mucho más de lo que ya hemos aclarado.
Les propongo preguntarnos hoy: ¿Podemos hablar de otras pulsiones además de las que nos presentan Freud y Lacan?
Freud, en “Pulsiones y destinos de pulsión” (página 121 , tomo XIV, Obras Completas de Amorrortu) nos dice que las pulsiones sexuales: “Son numerosas, brotan de múltiples fuentes orgánicas, al comienzo actúan con independencia unas de otras y sólo después se reúnen en una síntesis más o menos acabada. La meta a que aspira cada una de ellas es el logro del placer de órgano…” (adscrito a un órgano específico del cuerpo) y… “pueden intercambiar con facilidad sus objetos”(cambios de vía).
En este texto en que Freud ya nos habla de las fases oral y anal, nos dice que las pulsiones son numerosas, no nos dice que las que él describe son las únicas. De hecho, habla de una “pulsión de ver” (página 127 Íbid), que después Lacan la trabaja al plantearnos la pulsión escópica y agrega la invocante.
Tenemos lo que Freud y Lacan han trabajado y nos encontramos que por la experiencia propia y nuestra clínica podríamos al menos considerar hablar de otras pulsiones.
Acerca de la importancia de la estructura gramatical que plantea Lacan para enfatizar ese “vaivén” que se produce, lo que plantea cuando habla de la actividad-pasividad que trabaja Freud, me quedé pensando en que Freud no dice pulsión visual o de vista, dice “de ver” (por ver, verse, ser visto y hacerse ver, supongo).
Iría más por estos lados para pensar en si hablar de otras pulsiones: la relación con un Gran Otro primario que produzca la erogeneización, una superficie, un borde, un agujero, este vaivén que se produce y pensaría en los goces pulsionales concomitantes.
Al cuerpo como organismo lo ubicaríamos en lo Real. La imagen, que viene del Otro Primario, cubre lo Real orgánico. Las pulsiones se van a organizar en función de la relación entre el infans y la Madre: el infans, con su cuerpo desvalido y la Madre invistiéndolo con los goces que ponga en juego en la relación con él. Así se va produciendo ese anudamiento entre lo Imaginario y lo Real. En la pasada reunión Ricardo Landeira enfatizaba en el punto de que las zonas erógenas se van a inscribir a partir de la erogeneización que viene de afuera, la Demanda del Otro es la que va significar lo que es cada uno de los objetos de la pulsión; el cuerpo del infans está signado a una marca pulsional que le viene del Otro Primario. Así se va construyendo un cuerpo que ubicamos en lo Imaginario, a partir de lo que viene del exterior. Eduardo López nos comentaba hace algunos encuentros que antes de la Revolución industrial los niños controlaban los esfínteres a los 5 años, no aparecía esa demanda para que esto se produjera antes. Va a ser la mirada, las caricias, las palabras de la Madre que, invistiendo el cuerpo del niño le den una superficie, un contorno, un borde y un agujero y produzcan esa demanda pulsional.
La vez pasada Beatriz Duró nos hacía la pregunta de si el olfato es una pulsión o es un sentido que forma parte de la pulsión oral. Si decimos que los sentidos pueden formar parte de una pulsión pero no hacen a la pulsión, podemos decir que el olfato puede ser un sentido que puede formar parte de la pulsión oral y también formar parte de una pulsión de oler, olfativa u olfatoria.
Lacan dice (página 175º176 de la Clase XIII del seminario 11 de Lacan, Ed. Paidós) que “Lo fundamental de cada pulsión es el vaivén con que se estructura.” ¿No podemos pensar en otras pulsiones que se estructuran con ese vaivén? ¿No podemos hablar de un oler, olerse, ser olido y hacerse oler? ¿o de un tocar, tocarse, ser tocado y hacerse tocar, por ejemplo?
Si “las zonas erógenas se diferencian por su estructura de borde” (pág 176, Íbid), ¿no podemos pensar en la piel como una zona erógena? Lo he hablado con algunas personas que me decían que ahí no hay un agujero, y me pregunto si es que la piel no tiene agujeros. ¿No había un paciente de Freud que menciona que solía apretarse los barritos? ¿Las caricias y las palmadas, los lavados, cuando la mamá le pone crema al bebé para que no se paspe, lo arropa, cuando abriga al niño para que no pase frío, lo desviste porque hace calor, o lo hace pasar frío o calor por vestirlo o desvestirlo? El bebé grita y se calma cuando la mamá le da teta, también cuando le canta, pero a veces sólo cuando la huele o cuando es acunado. Eso, ¿no puede ser una forma de erogeneizar la piel del infans? ¿El bebé no es olido y tocado especialmente por la madre?. Incluso si pensamos en los sentidos, (que como les decía, no creo que sea lo más importante para definir una pulsión) olfato y tacto son muy importantes en los primeros tiempos.
Dice Lacan, respondiendo a una pregunta a Mathis (pág 179, Íbid): “Pero la función central de la pulsión ¿qué satisfacción está destinada a engendrar? Justamente en la medida en que se excluyen zonas anexas, conexas, otras adquieren su función erógena, se convierten en fuentes especificadas para la pulsión. ¿Entiende?”. ¿Entendemos que este puede ser un argumento para pensar que no se puede hablar de una pulsión en la que la piel esté involucrada? ¿Qué es lo que define que una zona sea anexa y conexa y otra que adquiera una función erógena como fuente de la pulsión? ¿La biología del cuerpo o las investiduras libidinales que vienen del Gran Otro Primario? Porque si lo pienso así, no siempre las mismas zonas serían las excluidas, ni las mismas las previlegiadas para todos.
Cuando decimos que preferimos el calor o que preferimos el frío, ¿tiene que ver sólo con diferencias en un biotipo o una cuestión hormonal, o eso puede ser producto de la inscripción de una pulsión de tocar en el cuerpo? Eso, ¿no nos habla de cierta inscripción de una pulsión? ¿No hay quienes destacan el goce que les produce hamacarse, el olor, o sentir o tocarse la piel o el calor de una persona en particular? Cuando decimos que la presencialidad del cuerpo puede ser necesaria, ¿no podría tener que ver, en algunos casos, con esta pulsión?
¿Podemos hablar de otras pulsiones?
Luisa Bertolino
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